Gladiator es hoy uno de los grandes clásicos del cine épico moderno, pero llegar hasta esa versión que terminó en pantalla fue bastante más complicado de lo que podría parecer. La película de Ridley Scott, estrenada en el año 2000, tuvo que superar numerosos cambios durante su desarrollo y rodaje, hasta el punto de que algunas de sus principales estrellas llegaron a mostrar abiertamente su desacuerdo con el material que tenían entre manos.
La historia que conquistó al público estaba protagonizada por Russell Crowe como Máximo Décimo Meridio, un general romano que ve cómo su vida se desmorona después de que Cómodo se convierta en emperador. Traicionado, esclavizado y obligado a luchar en la arena, el personaje emprende un camino de venganza que convirtió a la película en uno de los mayores éxitos de su época.
El resultado fue espectacular: Gladiator superó los 460 millones de dólares en la taquilla mundial y consiguió cinco premios Oscar, incluidos los de Mejor película y Mejor actor para Crowe. Sin embargo, el guion que terminó llegando a las salas estuvo muy lejos de ser el mismo que existía cuando el proyecto comenzó a tomar forma.
David Franzoni, guionista de Amistad, fue quien desarrolló inicialmente la historia. Su primera versión tenía como protagonista a un gladiador llamado Narciso y planteaba un enfrentamiento con el emperador Cómodo. Para construir aquel relato recurrió a diferentes fuentes históricas, entre ellas el ensayo ‘Those About to Die’, publicado por Daniel P. Mannix en 1958, además de textos de la ‘Historia Augusta’ y las obras de Herodiano y Dion Casio.
Ridley Scott se incorporó posteriormente como director y decidió continuar trabajando en el libreto. Para ello contó con John Logan, que preparó una nueva versión. Pero incluso entonces el guion estaba lejos de estar terminado. A solo dos semanas del comienzo del rodaje todavía existían importantes dudas sobre la historia y los diálogos, por lo que William Nicholson fue contratado para reforzar especialmente la dimensión emocional de la película.
El proceso terminó siendo especialmente intenso para todos los implicados. Nicholson recordó años después, durante un discurso en el Screen Writers Festival celebrado el 30 de enero de 2006, cómo Russell Crowe reaccionaba cuando recibía determinadas líneas de diálogo.
El guionista explicó: “Creo que todos los que habéis trabajado en el negocio habréis tenido la frustración de los actores que se niegan a decir sus líneas. Me pasó esto con Russell Crowe en Gladiator. Recuerdo que decía sobre el guion: ‘Es una basura, pero yo soy el mejor actor del mundo y puedo hacer que incluso la basura suene bien’. ¿Y sabéis qué? Es el mejor actor del mundo, o uno de ellos. Es muy, muy bueno, y probablemente mis líneas eran basura, así que él simplemente estaba hablando con franqueza”.
La relación de Crowe con el guion no se limitó a aquella opinión. El actor puso en duda distintos diálogos y elementos de la historia durante la producción y, según se ha contado posteriormente, llegó a presionar para cambiar algunas partes del libreto mientras se rodaban las escenas.
Uno de los episodios más conocidos tiene que ver precisamente con una de las frases que acabarían asociándose para siempre con la película. Un ejecutivo de DreamWorks aseguró posteriormente que Crowe “intentó reescribir todo el guion sobre la marcha. ¿Conocéis la frase del tráiler, ‘alcanzaré mi venganza en esta vida o en la otra’? Pues al principio se negó rotundamente a pronunciarla”. Crowe tampoco soportaba esa frase", recuerdan. ¿El motivo? El intérprete la consideraba ridícula, pomposa, casi una caricatura propia del cine de baja calidad, y no pensaba que encajase bien en la trama. Según se cuenta, intentó sustituirla con decenas de versiones improvisadas durante el rodaje, buscando una alternativa que no le chirriara tanto. Ninguna cuajó.
Resulta difícil imaginar hoy Gladiator sin esas palabras o sin la interpretación de Crowe. La película terminó funcionando como una combinación casi perfecta entre espectáculo, drama y épica, y convirtió a Máximo en uno de los personajes más reconocibles del cine de principios del siglo XXI. Básicamente, hablamos de un clásico moderno.
La ironía del asunto es que parte de esa película aparentemente inamovible nació precisamente de un proceso creativo lleno de cambios, discusiones y dudas. Y Crowe, lejos de limitarse a interpretar lo que estaba escrito, fue uno de los actores que más presionó para que aquello que aparecía en el papel funcionara también cuando llegase a la pantalla.
