En el sur de Mauritania, cerca de Guérou, tres grandes mesas oscuras vistas desde la Estación Espacial Internacional han devuelto protagonismo a uno de esos paisajes del Sahara que parecen diseñados por otro planeta. La imagen, tomada el 3 de mayo de 2023 y difundida por la NASA Earth Observatory, muestra cómo estas elevaciones de cima plana siguen condicionando hoy el movimiento de la arena, hasta el punto de crear dunas en un lado y una llamativa franja casi libre de sedimentos en el otro.
Lo primero que sorprende es su aspecto. No son montañas negras en sentido literal, sino mesas recubiertas por una fina película conocida como barniz de roca, común en ambientes áridos y enriquecida en manganeso, lo que oscurece la superficie. La NASA explica además que estas formaciones son remanentes de una gran unidad de arenisca de la era Paleozoica, es decir, restos de un paisaje mucho más extenso que fue desmantelado lentamente por la erosión durante cientos de millones de años.
Un relieve antiguo visible hasta desde el espacio
Su escala ayuda a entender por qué resultan tan visibles desde el espacio. Según la NASA, estas mesas se elevan entre 300 y 400 metros sobre la llanura circundante, y la mayor alcanza unos 9,5 kilómetros de anchura máxima. No son solo accidentes bonitos de fotografiar: su tamaño basta para alterar de forma clara la circulación del viento y, con ella, el reparto de la arena en esta parte del desierto.
Ahí está la parte más interesante del paisaje. Los vientos dominantes del noreste empujan la arena hacia las laderas orientadas a esa dirección, donde el flujo pierde velocidad y favorece la acumulación de sedimentos. Eso explica la presencia de dunas de escalada junto a las pendientes y de barcanas —las clásicas dunas en media luna— algo más alejadas. La propia NASA señala que la influencia del relieve sobre el transporte de arena puede extenderse hasta 15 kilómetros, de modo que estas tres mesas moldean una franja del Sahara mucho más amplia de lo que sugiere la foto a simple vista.
Cómo el viento reparte y borra la arena
La rareza está al otro lado. En la cara opuesta, el terreno aparece casi sin arena visible porque el relieve genera turbulencias y remolinos que aceleran localmente el viento y barren los sedimentos en lugar de depositarlos. No es una “zona prohibida” ni un misterio irresoluble, sino el resultado de dos comportamientos distintos del mismo sistema físico: en un frente la topografía retiene arena; en el otro la expulsa. Precisamente ese contraste es lo que vuelve tan didáctica la imagen para geólogos y especialistas en dinámica eólica.
Vista desde arriba, la escena tiene un aire marciano evidente, pero su interés científico está en otra parte: muestra cómo formas geológicas antiquísimas siguen organizando procesos muy actuales en la superficie terrestre.















