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Japón reabre la mayor central nuclear del mundo 15 años después de Fukushima y reaviva el temor nuclear: 7 reactores y 8.000 MW

El país que prometió no repetir jamás una catástrofe como la de 2011 está dispuesto a volver a caminar sobre el filo del átomo.
Japón reabre la mayor central nuclear del mundo 15 años después de Fukushima y reaviva el temor nuclear: 7 reactores y 8.000 MW
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Actualizado: 13:31 25/11/2025
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Quince años después de Fukushima, Japón se prepara para encender de nuevo el que sigue siendo el gigante nuclear del planeta. La decisión del gobernador de Niigata, Hideyo Hanazumi, de autorizar la reactivación gradual de Kashiwazaki-Kariwa ha devuelto al primer plano un debate que el país creía, o quería creer, cerrado: hasta qué punto está dispuesto a asumir de nuevo el riesgo atómico para abaratar la luz, reducir emisiones y depender menos del gas y el petróleo importados.

Kashiwazaki-Kariwa, operada por Tokyo Electric Power Company (TEPCO), lleva desconectada desde 2012, en plena resaca del tsunami de 2011 y de las fusiones de tres reactores en Fukushima Daiichi. Con siete unidades y más de 8.000 MW instalados, su potencia supera la de cualquier otra central nuclear del mundo. El plan aprobado pasa por arrancar primero el reactor 6 —uno de los más modernos del complejo— y, en una segunda fase, el 7. Para el Gobierno central, ponerlos en marcha es una pieza clave de su estrategia: aliviar unas tarifas eléctricas disparadas tras la invasión rusa de Ucrania y reforzar un suministro más limpio en un país que importa casi toda la energía fósil que consume.

Un gigante vigilado al milímetro

El regreso del macrocomplejo, sin embargo, no es un simple gesto simbólico. Kashiwazaki-Kariwa ha pasado una década en obras, auditorías y tropiezos regulatorios. Superó las nuevas revisiones de seguridad post-Fukushima, pero la Autoridad de Regulación Nuclear la llegó a vetar por fallos graves en sus medidas antiterroristas y deficiencias de control interno, desde puertas mal protegidas hasta problemas con credenciales de acceso del personal. TEPCO ha tenido que instalar sistemas biométricos, reforzar los protocolos de vigilancia y actualizar planes de evacuación antes de que los reguladores levantaran el castigo y el gobernador se atreviera a dar luz verde.

En Niigata, la decisión ha reabierto viejas fracturas. Las encuestas dibujan una prefectura partida casi en dos entre partidarios y detractores del reinicio, con un elemento añadido de agravio: la electricidad generada viajará hacia la región de Tokio, mientras que el riesgo de un accidente se concentra en las comunidades costeras situadas en un radio de 30 kilómetros alrededor de la planta. Muchos vecinos no discuten solo la seguridad técnica, sino la confianza en que TEPCO —la misma empresa responsable del desastre de Fukushima— haya cambiado lo suficiente como para gestionar otra vez el mayor complejo nuclear del planeta.

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Del tabú al mal menor energético

En paralelo, la reapertura encaja en un giro más amplio de la política energética japonesa. Antes de 2011, cerca de un tercio de la electricidad del país procedía de reactores nucleares; tras el accidente, esa aportación cayó prácticamente a cero y se sustituyó a marchas forzadas por gas natural licuado y carbón. Una docena larga de reactores han vuelto a conectarse desde entonces, y el Ejecutivo aspira a que, hacia la próxima década, la nuclear vuelva a cubrir en torno a una quinta parte del mix eléctrico, apoyada en reactores existentes reactivados y en nuevos diseños avanzados. Entre la urgencia climática y la volatilidad de los combustibles fósiles, el átomo ha pasado de tabú a mal menor estratégico.

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