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La Pompeya española de la Edad de Bronce: un pueblo ideal para escapadas, conserva las huellas de un incendio de hace 3500 años

Aunque el fuego suele ser destructivo, en ocasiones puede convertirse, de forma paradójica, en un inesperado aliado de la conservación. En Alicante existe un pueblo que recuerda su pasado remoto.
La Pompeya española de la Edad de Bronce: un pueblo ideal para escapadas, conserva las huellas de un incendio de hace 3500 años
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Actualizado: 14:38 26/4/2026
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En el sureste de la península Ibérica, muy cerca de la actual Villena (Alicante), se encuentra Cabezo Redondo, uno de los yacimientos más destacados y sugerentes de la Edad de Bronce en España. Aunque hoy puede recorrerse a pie sin dificultad, hace unos 3500 años este enclave fue escenario de un episodio violento que, de forma paradójica, terminó garantizando su extraordinaria conservación: un gran incendio que selló parte del asentamiento y permitió que su huella material llegara hasta la actualidad con un nivel de detalle excepcional.

Cabezo Redondo

Cabezo Redondo no es un yacimiento más dentro del registro prehistórico europeo. Funciona como una auténtica cápsula del tiempo, una ventana directa a la vida de una comunidad que habitó la zona en torno al 1500 a. C. Gracias a su estado de conservación, es posible reconstruir aspectos esenciales de su organización social, sus sistemas productivos y su nivel tecnológico con una precisión poco habitual en contextos de esta antigüedad.

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El ‘Pompeya español’ de la Edad de Bronce, un pueblo ideal para escapadas, conserva las huellas de un incendio de hace 3500 años

Gran parte de este valor excepcional se debe a la preservación de materiales orgánicos que, en condiciones normales, habrían desaparecido por completo con el paso del tiempo. En este caso, el fuego no solo provocó destrucción, sino que actuó también como un agente inesperado de conservación.

Hace aproximadamente tres milenios y medio, un incendio de gran intensidad arrasó el poblado, afectando estructuras de madera, cubiertas y zonas de trabajo. El colapso de los techos durante el siniestro tuvo un efecto decisivo: selló determinados espacios interiores, protegiéndolos del deterioro posterior. Según explica Gabriel García Atiénzar, uno de los autores del estudio publicado en Antiquity, ese derrumbe fue clave para la conservación del conjunto, al generar espacios herméticos que actuaron como cápsulas naturales.

Cabezo Redondo

Este sellado accidental convirtió algunas áreas en compartimentos cerrados donde restos de madera, fibras vegetales y otros materiales perecederos quedaron carbonizados, pero conservaron su forma estructural. Entre los hallazgos más relevantes destaca un telar de madera prácticamente completo, una pieza excepcional en el contexto arqueológico europeo.

El descubrimiento ha supuesto un avance importante en el conocimiento de la producción textil en la Edad de Bronce. Hasta ahora, lo habitual era encontrar únicamente elementos aislados, como pesas de telar. Sin embargo, en Cabezo Redondo han aparecido también vigas, cuerdas vegetales y componentes del sistema de tejido, lo que permite reconstruir con mayor precisión su funcionamiento.

El descubrimiento de un telar vertical de pesas, más complejo de lo que se creía para la época, sugiere una producción textil organizada y especializada

Se trata de un telar vertical de pesas, una tecnología más compleja de lo que se pensaba para este periodo, lo que apunta a una producción textil organizada y especializada. El uso de madera de pino carrasco procedente de árboles maduros sugiere además una selección cuidadosa de materiales. Como señala Ricardo Basso, coautor del estudio, el conjunto de 44 contrapesos cilíndricos con perforación central es característico de este tipo de telares.

Cabezo Redondo

Este hallazgo se enmarca en la llamada “revolución textil” prehistórica, cuando la producción de tejidos empieza a adquirir un papel económico relevante. Los textiles dejan de ser solo bienes domésticos para convertirse también en productos con valor comercial y simbólico.

Además, el telar no apareció en un espacio privado, sino en una zona compartida, lo que sugiere una producción colectiva. Los estudios bioantropológicos refuerzan esta idea y apuntan a un papel destacado de las mujeres en esta actividad. Asimismo, la presencia de materiales como oro, marfil o vidrio evidencia que Cabezo Redondo estaba integrado en amplias redes de intercambio, consolidándose como un centro económico y político de primer orden en el sureste peninsular.

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