Lo que parecía un hallazgo imposible ha terminado convirtiéndose en una de las observaciones más sorprendentes realizadas sobre el universo primitivo. Un equipo internacional de astrónomos consiguió detectar la luz de una galaxia formada hace más de 12.000 millones de años, una señal que, según las teorías vigentes, jamás debería haber alcanzado la Tierra.
Para lograrlo combinaron las capacidades del Telescopio Espacial Hubble de la NASA con las observaciones del Telescopio Espacial James Webb (JWST) y el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral.
El telescopio Hubble ha hecho un descubrimiento asombroso: ha detectado la luz de una galaxia que, según los astrónomos, no debería ser visible desde la Tierra
La protagonista del descubrimiento es la galaxia MXDFz4.4, cuya existencia se remonta a unos 12.400 millones de años, cuando el universo apenas tenía alrededor de 1400 millones de años de edad. En aquel momento el cosmos todavía atravesaba el final de la denominada Era de la Reionización, una etapa crítica en la evolución del universo en la que el espacio estaba cubierto por enormes cantidades de hidrógeno neutro. Ese gas actuaba como una espesa niebla que absorbía la radiación ultravioleta, impidiendo que este tipo de luz pudiera viajar grandes distancias.
Sin embargo, eso es precisamente lo que ha desconcertado a los investigadores. Hubble logró registrar fotones ultravioleta ionizantes, una radiación con la energía suficiente para arrancar electrones de los átomos de hidrógeno, procedentes de MXDFz4.4. Este fenómeno, conocido como fuga del continuo de Lyman (LyC), se consideraba prácticamente imposible de observar a una distancia tan extrema, ya que la niebla cósmica debería haber bloqueado por completo esa radiación mucho antes de llegar hasta nosotros.
El descubrimiento aporta además una pieza fundamental para comprender cómo cambió el universo en sus primeras etapas. La evidencia apunta a que fueron las intensas emisiones de los cúmulos de estrellas jóvenes y muy masivas las responsables de ionizar el hidrógeno que rodeaba las primeras galaxias, abriendo auténticos canales por los que la luz pudo escapar y propagarse por el espacio. Ese proceso transformó progresivamente un universo opaco en otro transparente, aunque los astrónomos todavía investigan con detalle cómo ocurrió exactamente.
"Se creía imposible", explicó a Live Science Ilias Goovaerts, investigador posdoctoral del Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial (STScI) y autor principal del estudio. El científico destaca que el caso de MXDFz4.4 resulta especialmente extraordinario porque su luz ha tenido que atravesar una enorme extensión del medio intergaláctico, el plasma que ocupa el espacio entre las galaxias.
Precisamente por encontrarse tan lejos, la señal ha recorrido una distancia mucho mayor que la de cualquier otro objeto similar observado hasta ahora, convirtiendo esta detección en una prueba excepcional para comprender cómo evolucionó el universo durante sus primeros miles de millones de años.















