La guerra en Ucrania, que ya supera los cuatro años desde su inicio, ha puesto de relieve una transformación decisiva en los conflictos modernos: los combates sobre el terreno han dejado de ser el único eje de la guerra. La aviación, y especialmente los drones, se ha convertido en una pieza central de la estrategia militar, con ataques casi diarios que combinan misiles y vehículos aéreos no tripulados.
Rusia ha ejemplificado esta tendencia con el uso sistemático de drones kamikaze Shahed-136, fabricados en Irán y diseñados para destruir objetivos terrestres. Posteriormente, Moscú desarrolló sus propias variantes del modelo iraní, mientras que Estados Unidos también ha decidido replicar esta tecnología, no para Ucrania, sino para operaciones dirigidas a Irán.
EE. UU. despliega “Lucas”, su dron kamikaze económico inspirado en el Shahed iraní para golpear objetivos sin ser interceptado
El resultado es ‘Lucas’ (Low-cost Unmanned Combat Attack System, Sistema de Ataque no Tripulado de Bajo Coste), desarrollado por la empresa estadounidense SpektreWorks. Inspirado en el Shahed, su diseño se basó en drones capturados en Irak, Siria y Ucrania, cuyo bajo coste y eficacia demostrada en combate facilitaron su desarrollo. El primer prototipo, FLM-136, se utilizó para entrenamientos, y en diciembre pasado CENTCOM desplegó el primer escuadrón operativo en Oriente Medio.
El dron ha participado ya en la operación Epic Fury, donde la TFSS empleó por primera vez drones de bajo coste y desechables en combate junto a municiones de precisión lanzadas desde aire, tierra y mar. Con un precio unitario de apenas 35.000 dólares (30.000 euros), Lucas combina asequibilidad con un diseño simple que permite su producción masiva y el debilitamiento de defensas enemigas.
Su estructura mantiene la forma de ala delta característica del Shahed, con 2,4 metros de envergadura y 3 de longitud. A diferencia del modelo iraní, Lucas utiliza propulsión eléctrica, lo que le confiere mayor sigilo. Pesa 200 kilos, alcanza hasta 185 km/h en vuelo horizontal y puede superar los 300 km/h en picado, con una autonomía máxima de 2000 kilómetros según configuración, y puede lanzarse mediante cohetes propulsores o catapulta.















