Un equipo de investigadores argentinos del CONICET ha logrado un hallazgo histórico: la identificación de unas 40 especies nuevas para la ciencia en el cañón submarino Mar del Plata, una de las áreas más profundas y poco exploradas del Atlántico sur. El descubrimiento incluye caracoles, erizos, estrellas de mar, langostas, gusanos planos y poliquetos, así como la revelación de vastos jardines de corales que ofrecen hábitat a una multitud de organismos.
Un hallazgo único
La campaña científica, iniciada en 2012, dio un salto tecnológico este año gracias al buque Falkor y al ROV SuBastian, un robot submarino capaz de descender miles de metros con cámaras de alta definición, brazos robóticos y un sistema de succión que permitió recolectar muestras delicadas directamente del fondo marino. Las imágenes están siendo transmitidas en vivo, abriendo una ventana inédita al ecosistema profundo argentino.
Del arrastre a la exploración de precisión
Jonathan Flores, biólogo marino del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR-CONICET), explicó que las primeras expediciones se realizaron con métodos clásicos de arrastre, usando redes piloto y rastras metálicas: “Permitían capturar especies conocidas y desconocidas, pero el nuevo enfoque nos da la posibilidad de verlas en su ambiente, de comprender cómo interactúan entre sí”.
El uso del robot cambió por completo la escala de observación. A diferencia de los arrastres, que suelen dañar parte de las muestras, SuBastian permitió obtener especímenes intactos y registrar su comportamiento en hábitats nunca antes documentados.
Un ecosistema oculto en las profundidades
El cañón submarino Mar del Plata, con su relieve comparable al de un valle montañoso, concentra corrientes y nutrientes que favorecen la aparición de comunidades únicas. Los jardines de corales de aguas frías son el hallazgo más relevante: actúan como “islas de biodiversidad” en un fondo marino blando, proporcionando sustrato duro para que otros organismos se fijen y prosperen.
“En estos lugares donde casi no hay estructuras rígidas, los corales se convierten en ingenieros del ecosistema: permiten que la vida se organice a su alrededor”, señaló Flores. Más allá de la magnitud del descubrimiento, la expedición también refleja el impacto de la inversión sostenida en ciencia pública en Argentina. “Yo me formé en universidad pública, trabajé con fondos públicos, y gracias a esa inversión de años podemos hoy describir especies nuevas para la humanidad”, remarcó Flores.















