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Adiós a la crisis de la vivienda: científicos proponen reutilizar el hormigón viejo para construir casas

En un sector responsable de una parte importante de las emisiones globales, reutilizar piezas estructurales en lugar de triturarlas como residuo no es un detalle menor
Adiós a la crisis de la vivienda: científicos proponen reutilizar el hormigón viejo para construir casas
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Actualizado: 10:37 7/3/2026
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La idea de reutilizar hormigón estructural lleva tiempo rondando la construcción sostenible, pero ahora empieza a tener algo más importante que entusiasmo: base técnica. Un estudio firmado por investigadores de KTH Royal Institute of Technology y Tampere University concluye que ciertos elementos de hormigón armado recuperados de edificios desmontados pueden seguir utilizándose otros 50 a 100 años, siempre que se evalúen bien sus condiciones y el entorno en el que van a reinstalarse. No es una licencia para reutilizar cualquier pieza sin mirar; es, precisamente, una propuesta para dejar de decidir a ciegas.

El trabajo, publicado en Materials and Structures, parte de una crítica bastante clara a los métodos tradicionales. Los autores sostienen que las reglas pensadas para diseñar hormigón nuevo —o las inspecciones rápidas basadas solo en la profundidad de carbonatación— no bastan para estimar con fiabilidad la vida útil de elementos que ya han tenido una primera vida en otro edificio.

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Su respuesta es un marco probabilístico y basado en prestaciones reales, que incorpora datos del material, condiciones de exposición, posibles reparaciones y cambios de ambiente entre el edificio original y el nuevo.

Del laboratorio a escenarios reales

Para construir ese modelo no se quedaron en la teoría. El equipo estudió dos edificios reales en Suecia y Finlandia y usó esa información para alimentar miles de simulaciones sobre cómo evoluciona el hormigón reutilizado en distintas situaciones: interiores secos, exteriores más agresivos, escenarios intermedios y casos con o sin intervención de reparación. Esa combinación de observación en obra y modelización es lo que permite pasar del “podría funcionar” al “podemos estimar cuándo y cómo funciona”.

La palabra clave aquí es carbonatación, el proceso por el que el dióxido de carbono del aire reduce la alcalinidad del hormigón y deja al acero de refuerzo más expuesto a la corrosión. El estudio la trata como el mecanismo central para predecir riesgo y duración. Y ahí aparece el matiz más importante de todos: el entorno manda. Un elemento recuperado que vuelva a colocarse en un ambiente húmedo y rico en CO₂ puede degradarse bastante antes que el mismo elemento reinstalado en un espacio interior y seco. Por eso el mensaje no es “el hormigón dura 100 años”, sino “puede durar hasta 100 años si el contexto y el estado del material lo permiten”.

La segunda vida del hormigón

También hay margen para alargar esa segunda vida con medidas relativamente concretas. Según KTH, los investigadores analizaron tratamientos superficiales como recubrimientos hidrofóbicos o a base de silicona, capaces de reducir la tasa de corrosión hasta en torno a un 70% en determinados escenarios. Traducido al lenguaje de obra: la reutilización deja de parecer un salto de fe cuando se combina con diagnóstico, reparación y selección de exposición. Ahí es donde la economía circular empieza a sonar menos a eslogan y más a ingeniería.

Lo interesante es que la investigación ya está rozando el terreno normativo. KTH señala que sus investigadores participan en el desarrollo de una nueva norma sueca centrada en la reutilización de hormigón prefabricado, lo que sugiere que el debate está dejando de ser académico para entrar en el campo donde de verdad cambian las cosas: el de los estándares técnicos y las decisiones de proyecto.

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