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Descubren un impresionante nido de dinosaurios en el Ártico

Los paleontólogos han hallado un buen número de fósiles de recién nacidos de diferentes especies en esta zona, justo en una de las regiones más frías durante todo el año.
Descubren un impresionante nido de dinosaurios en el Ártico
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Sabíamos que los dinosaurios vivían en el Ártico más remoto, muy distinto al que es ahora pero igualmente frío, pero ahora tenemos nuevos descubrimientos que evidencian que casi todas las especies, desde las más pequeñas a los tiranosaurios gigantes, se reproducían y probablemente permanecían allí todo el año. Según confirman científicos de la Universidad de Alaska Fairbanks y de la Universidad Estatal de Florida en un artículo publicado en la revista Current Biology, y del que se hace eco Europa Press, el hallazgo es uno de los más importantes en los últimos tiempos. Se suma a otras noticias muy destacadas como la del dinosaurio gigante encontrado en Australia o el nuevo terópodo que se descubrió en Argentina hace unos meses.

Sangre caliente, veranos con muchas horas de luz y un ecosistema delicado

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"No hace mucho que la gente se sorprendió al descubrir que los dinosaurios vivían en el Ártico hace 70 millones de años", explica Pat Druckenmiller, autor principal del artículo y director del Museo del Norte de la Universidad de Alaska. "Ahora, gracias a los nuevos hallazgos, tenemos pruebas inequívocas de que también anidaban allí. Es la primera vez que se demuestra que los dinosaurios podían reproducirse en estas altas latitudes", argumenta. Estos descubrimientos desmontan las hipótesis anteriores, que afirmaban que los dinosaurios podían vivir en la zona pero emigraban a latitudes más bajas de cara a pasar el invierno, anidando en regiones más cálidas para garantizar la supervivencia de los huevos. Además, supone otra prueba convincente de que eran de sangre caliente.

Dinosaurios en el Ártico

Los hallazgos suponen casi el trabajo de toda una vida. Durante más de una década, Druckenmiller y Gregory Erickson, profesor de ciencias biológicas de la Universidad Estatal de Florida, han emprendido numerosas expediciones y trabajos de campo en la Formación Prince Creek, en el norte de Alaska, desenterrando una gran cantidad de especies de dinosaurios, muchas de ellas nuevas para la ciencia. Pero la sorpresa saltó cuando encontraron pequeños dientes y huesos de siete especies de dinosaurios perinatales, un término científicos que describe a las crías de dinosaurios que están a punto de nacer o acaban de hacerlo.

"Creemos que la endotermia fue probablemente una parte importante de su supervivencia"

"Uno de los mayores misterios sobre los dinosaurios del Ártico era si migraban estacionalmente hacia el Norte o eran habitantes de todo el año", apunta Erickson, coautor del artículo. "Encontramos inesperadamente restos de perinatos que representaban casi todos los tipos de dinosaurios de la formación. Era como una sala de maternidad prehistórica", admite. Estos restos fósiles, muy pequeños y delicados, tenían el tamaño de una cabeza de alfiler, por lo que el trabajo de descubrimiento y extracción requiere perseverancia y un buen ojo. Los paleontólogos tuvieron que arrastrar cubos de sedimento desde los acantilados hasta la orilla del río, lugar en el que se lavaban y se sometían a cribas para eliminar rocas grandes, tierra y otros restos. Una vez parcialmente clasificados, eran enviados a la Universidad de Colorado en Boulder, lugar en el que la coautora Jaelyn Eberle los volvía a cribar cucharada a cucharada gracias a la colaboración de estudiantes de grado y de posgrado.

Tras compararlos con otros restos y nidos descubiertos con anterioridad -Caleb Brown y Don Brinkman, del Museo de Paleontología Royal Tyrrell en Alberta han trabajado en el estudio-, supieron que los dinosaurios anidaban en el Ártico, y que estos animales vivían toda su vida en la región. Las investigaciones anteriores de Erickson revelaron que el periodo de incubación de este tipo de dinosaurios oscila entre tres y seis meses, y como los veranos en el Ártico son cortos, aunque los dinosaurios pusieran sus huevos en primavera, sus crías serían demasiado jóvenes para emigrar en otoño a otras latitudes más cálidas. Lógicamente, hay que tener en cuenta que las temperaturas globales eran mucho más cálidas durante el Cretácico, nada que ver con las actuales, pero los inviernos en el Ártico aún habrían incluido cuatro meses de oscuridad, temperaturas gélidas, nieve y poca vegetación fresca para alimentarse. Como ya os comentábamos en artículos pasados, el ecosistema es muy delicado y depende de múltiples factores, y una alteración de los mismos puede acabar con especies y géneros enteros. "Por muy oscuros y sombríos que fueran los inviernos, los veranos tenían 24 horas de luz solar, buenas condiciones para que un dinosaurio pudiera crecer lo suficientemente rápido antes de que llegara el invierno", explican.

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