El 10 de mayo de 2011 Bethesda lanzó al mercado Brink, un título de acción multijugador para PC, PS3 y Xbox 360 que, en cierto modo, nos dejó entrever hace 15 años los peligros y problemas que a día de hoy solemos relacionar con los múltiples juegos como servicio que llegan al mercado. Ahora, en Vandal queremos aprovechar este aniversario para rememorar qué fue exactamente lo que ocurrió con esta propuesta.
¿Qué pasó con Brink?
El título en cuestión fue desarrollado por Splash Damage, creadores de juegos tan recordados como Wolfenstein: Enemy Territory o Quake Wars, y buscaba ofrecernos un frenético shooter multijugador que, sin hacer nada especialmente original, recogía ideas de otros muchos títulos para mezclarlas de manera más o menos coherente. De este modo, los personajes hacían gala de una movilidad que evocaba a Mirror's Edge, el gunplay tenía la contundencia de Enemy Territory y el planteamiento de las partidas recordaban inevitablemente a Team Fortress por su apuesta en un sistema de clases similar y en los enfrentamientos por equipos.
Aunque su punto fuerte radicaba en el multijugador, también contaba con dos campañas que podían ser disfrutadas tanto en solitario como en cooperativo, aunque también incluía un detalle muy interesante: que, al jugar estas misiones, los enemigos pudiesen ser otros jugadores que estuviesen jugando la historia del bando rival.
En líneas generales, era un juego que resultaba fresco para los estándares de la época y cuya propuesta podía ser muy divertida al jugar con amigos, pero su estreno no estuvo falto de críticas, lo que acabó por dividir tanto a los medios especializados como a los propios jugadores.
Aunque quizá esté de más mencionarlo, el título en solitario resultaba en una experiencia tremendamente aburrida e incluso frustrante, ya que la IA aliada era verdaderamente espantosa y entorpecía más que ayudaba. Además, Brink fue el ejemplo perfecto de algo que posteriormente resultaría ser algo sintomático y muy extendido entre los juegos como servicio: el preocupante estado en el que se encontraba cuando se estrenó.
A nivel de contenidos se quedaba cortísimo, el título tenía fuertes desequilibrios, el rendimiento en consolas era muy mejorable y los bugs estaban a la orden del día. ¿Sabéis esa sensación tan frecuente que solemos tener con muchos juegos como servicio que parecen estrenarse a medio hacer y que son más una promesa de futuro que otra cosa? Pues Brink fue exactamente eso cuando llegó a las tiendas.
Obviamente, el juego fue ampliamente criticado por ello y la versión más analizada de Metacritic apenas llega al 68 (en una época donde los baremos de los medios facilitaban obtener puntuaciones altas), aunque eso no impidió que durante su primer año vendiese 2,5 millones de unidades consiguiendo satisfacer a Bethesda en su estreno.
Sin embargo, la caída de jugadores fue abrupta pocos meses después del lanzamiento del juego, perdiendo la mayor parte de sus jugadores meses más tarde. Al final, con el paso del tiempo, Bethesda decidió convertir a Brink en un juego gratuito en 2017 para intentar dar una nueva vida al título, una transición que también han hecho otros juegos como servicio para intentar ganar jugadores.
Eso sí, lo sorprendente es que, a diferencia de lo que suele ocurrir, la compañía sigue manteniendo sus servidores en activo y todavía se puede descargar en Steam, aunque, con una base actual que ronda los 25 jugadores simultáneos os va a resultar casi imposible encontrar partida.



























