Análisis Watch Dogs Legion: ¿La revolución de Ubisoft? (PS4, PS5, Xbox Series X/S, PC, Xbox One)

Una Londres del futuro cercano se encuentra sumida en la represión, la vigilancia y el fascismo, pero las grandes corporaciones y los gobiernos corruptos tienen delante a un poderoso adversario: el pueblo unido.
Watch Dogs Legion
·
Actualizado: 13:49 3/11/2020
Análisis de versiones PS4, PS5, Xbox Series X/S, PC y Xbox One.

  • Guía Watch Dogs Legion, trucos, consejos y secretos
  • La saga Watch Dogs ha sido desde el estreno de la primera entrega en 2014 una de las series con más personalidad del catálogo de Ubisoft. El debut, que nos llevaba a una Chicago futurista, establecía una base jugable interesante a la que le pudo el hype en lo referente a su apartado visual y ciertos problemas con su tono. Watch Dogs 2, en pleno San Francisco, profundizó en lo que funcionaba del anterior, y conseguía exponer un discurso y un tono canalla, característico y diferenciado. Ahora nos llega Watch Dogs Legion, que vuelve a construir sobre la base de los anteriores llevándonos a una Londres futurista postbrexit, pero con un giro de tuerca interesante: aquí no hay un solo protagonista, sino que la revolución ante las fuerzas policiales militarizadas, la vigilancia constante gubernamental y corporativa, y en definitiva, ante el fascismo, procede del pueblo; las filas de DedSec se llenan de todos los ciudadanos londinenses que podemos reclutar en cualquier momento. Es una propuesta ambiciosa e interesante, ¿pero funciona en cuanto a tono e ideas? Y lo más importante, ¿funciona a nivel jugable?

    Videoanálisis

    Londres sumida en el caos y el fascismo

    Como era previsible, aquí nos encontramos con una aventura de acción y sigilo en mundo abierto que sigue casi punto por punto el molde al que nos ha acostumbrado Ubisoft en la última década: una historia principal que se ve complementada por una buena cantidad de misiones secundarias y un escenario plagado de actividades, de iconos que limpiar. La trama central nos lleva a una Londres sumida en un caos del que no es responsable un único malo malísimo: la empresa militar Albion se ha hecho con el control de la seguridad en la urbe británica, una corporación tecnológica conoce todo lo que hacen los ciudadanos gracias a los chips implantados que sustituyen los teléfonos móviles de la actualidad, los mafiosos del clan Kelly esclavizan a los más vulnerables ante la vista gorda de una policía sin poder y un gobierno disfuncional; y en medio de todo esto, DedSec, la organización revolucionaria de piratas informáticos, se ve resquebrajada y considerados terroristas tras un complot de otra organización misteriosa: Día Cero.

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    Esto supone que la Londres futurista creada por Ubisoft Toronto está dividida en distritos donde se nota la influencia de uno u otro de estos malos malísimos con los que habrá que acabar para traer de vuelta la libertad; no se trata de una interpretación a escala de la ciudad, sino de una interpretación generosa (por tamaño) de la urbe con los lugares más icónicos representados. Y lo hace de manera genial, en parte por necesidad, ya que es la auténtica protagonista del juego. La historia principal es lo suficientemente interesante para habernos tenido atrapados durante las aproximadamente 25 horas que nos ha durado (y aún nos quedan muchas secundarias y otras actividades por hacer), pero no reinventa la rueda. Sí, hay algunos momentos muy interesantes a nivel argumental, sobre todo en la recta final, pero en general es una retahíla de tópicos. La historia realmente interesante se cuenta en las calles de la ciudad.

    Londres está en un estado de alarma totalitario permanente, pero el fascismo tendrá enfrente a todos los ciudadanos de Londres.
    Londres está en un estado de alarma totalitario permanente, pero el fascismo tendrá enfrente a todos los ciudadanos de Londres.

    Estamos ante una Londres repleta de coches autónomos, de drones armados que vigilan y difunden propaganda, de plazas con enormes pantallas donde la televisión gubernamental muestra sin cesar sus mentiras, de calles apenas alumbradas por los neones donde los mendigos intentan sobrevivir, de controles policiales en cada esquina con militares que no dudan en dar palizas y vejar a quien les miren mal, de protestas continuas apaciguadas con violencia, de refugios de inmigrantes perseguidos por el simple hecho de ser de otro país donde cada día desaparecen uno, dos, o tres… El discurso interesante de Watch Dogs Legion no está en su guión, sino en las situaciones que vemos en la ciudad y en la propia jugabilidad.

    Los protagonistas somos todos

    El hecho de que aquí no haya un protagonista, sino que ese rol de conductor de la historia esté representado por una organización, DedSec, compuesta por cualquier ciudadano de Londres que reclutemos, es interesante a nivel jugable, pero también a nivel de historia: nos está diciendo que los problemas del mundo no se arreglan del día a la mañana porque un señor triste con un abrigo marrón decida conspirar contra el poder, o porque una pequeña organización de hackers un tanto pirados decidan combatirlo. Todos pueden aportar su granito de arena para mejorar el mundo. En Legion podremos reclutar a prácticamente cualquier persona que veamos por las calles de la ciudad; habrá algunos que estén en contra de DedSec, pero la mayoría querrán unirse tras ayudarles con alguna tarea.

    La ciudad está repleta de tiendas donde comprar ropa  y máscaras para personalizar a nuestros agentes.
    La ciudad está repleta de tiendas donde comprar ropa y máscaras para personalizar a nuestros agentes.

    Esto supone que podremos crear un ejército revolucionario compuesto por modistas, por militares descontentos, por mimos, por barrenderos, por enfermeros, por antiguos espías del MI-6, por vagabundos, por camareros o por ancianas que han perdido su trabajo tras haber sido sustituidas por una inteligencia artificial. Cada uno de ellos tiene sus ventajas e inconvenientes. Por ejemplo, un militar puede colarse en los lugares controlados por Albion sin problemas, siempre y cuando no pase muy cerca de sus compañeros; una barman recibe menos daño por estar acostumbrada a sufrir resacas; un abogado con flatulencias puede liarla en los momentos de sigilo si se le escapa un pedo; una maga puede hipnotizar a adversarios; una obrera puede llamar en cualquier momento a un dron de construcción en el que podemos montarnos; y contar con un enfermero en nuestras filas permite que los aliados caídos se recuperen más rápido. El incrementar las filas de nuestra resistencia no solo aporta variedad en la forma en que podemos abordar las distintas situaciones. Legion se puede jugar de dos modos: uno en el que los miembros de DedSec heridos o detenidos vuelven a estar activos tras un tiempo, y otro que funciona a lo Fire Emblem: quien caiga en una misión desaparece de nuestro equipo para siempre.

    El sistema es original, funciona y es la columna vertebral de las ideas que quiere transmitir el juego, pero es cierto que no es perfecto. Algunos reclutas son mucho más útiles que otros: por ejemplo, infiltrarnos con una anciana en una base militar puede ser gracioso, pero en cuanto haya que huir vamos a pasarlas canutas porque se mueve muy lento. Además, conforme vamos reclutando a más y más personajes nos encontramos con misiones de reclutamiento muy similares entre sí que al final se sienten como un trámite. Y aunque está por ver cómo se gestiona esto en las nuevas consolas, es bastante molesto que cuando queremos cambiar de un agente a otro aparezca una pantalla de carga de unos 10 segundos. Eso sí, todos los reclutas comparten las mejoras que compramos con los puntos que encontramos en misiones y por el mapa, como por ejemplo poder piratear drones antidisturbios o recibir menos daño de los soldados de Albion, y el equipo desbloqueado (escopetas no mortales o ataques cuerpo a cuerpo que dejan inconscientes) se puede equipar en todos ellos.

    El árbol de habilidades se comparte entre todos los agentes y no es muy complejo, pero nos da motivos para explorar la ciudad y conseguir todos los puntos de mejora.
    El árbol de habilidades se comparte entre todos los agentes y no es muy complejo, pero nos da motivos para explorar la ciudad y conseguir todos los puntos de mejora.

    Una ciudad donde todo se puede hackear

    Pero si hay algo que sustenta el juego a lo largo de más de una veintena de horas es la variedad en la forma de abordar las misiones, algo que también depende del agente que llevemos en cada momento. Aquí estamos ante un título donde prima el sigilo, el intentar pasar desapercibido infiltrándose a hurtadillas o a través de otros métodos en localizaciones repletas de soldados y drones; de hecho, tanto el combate a distancia como el cuerpo a cuerpo es poco satisfactorio y muy simple. Lo realmente divertido es ir pirateando las cámaras de seguridad de un edificio para conseguir el código que nos permita acceder al servidor central que debemos hackear; o colarnos con nuestro bot araña en los conductos de ventilación mientras acabamos con todos los seguratas que bloquean nuestro camino; o piratear sus propios drones armados para limpiar una localización antes de entrar.

    El diseño de misiones, aunque se pueda tachar de algo repetitivo a excepción de momentos concretos de la historia principal, nos ha encantado porque plantea cada situación como un puzle. Primero observamos las distintas piezas a través de las cámaras de seguridad, los drones o la araña robot: esas piezas son las posibles rutas hasta el objetivo, los caminos que toman los seguratas y las distintas trampas que podremos activar. Después, decidimos cómo abordar la situación, pues ya que la mayoría de objetivos no requieren nuestra presencia física, habrá que pensar si es mejor entrar nosotros mismos ocultándonos, conseguir un dron de construcción para sobrevolar el edificio y entrar por la parte superior (habitualmente con menos seguridad), o completar el nivel moviéndonos por los conductos de los escenarios con el dron araña en momentos que casi parecen un juego de plataformas (un tanto torpe, eso sí).

    Según como sea vuestro estilo de juego, probablemente paséis más tiempo controlando a los bots araña y las cámaras de seguridad que manejando directamente a vuestros agentes.
    Según como sea vuestro estilo de juego, probablemente paséis más tiempo controlando a los bots araña y las cámaras de seguridad que manejando directamente a vuestros agentes.

    Esta variedad a la hora de abordar las situaciones no solo se da en las misiones principales y secundarias, sino en el resto de actividades del mundo abierto. DedSec tiene como objetivo que la propia ciudadanía de los distintos distritos de Londres se resista ante el control militar y tecnológico de Albion y compañía, y para incentivarlos podremos hackear las pantallas para que muestren mensajes revolucionarios, pintar grafitis en zonas concretas, destrozar servidores y otras acciones. Aunque veamos los puntitos en el minimapa, una vez llegado al lugar habrá que estudiar el escenario para identificar las vías de acceso. Un ejemplo: para poner propaganda de DedSec en una enorme pantalla del centro de Londres tuvimos que hackear las cámaras de seguridad de la calle, pasando de una a otra, hasta que llegamos a la parte superior del edificio donde está la pantalla. Allí vimos que había un generador de drones araña. Al controlar la araña, nos movimos por la terraza hasta identificar una plataforma de drones de construcción. Al hackear uno de esos drones, pudimos retirar de nuestro camino las cajas que bloqueaban una rejilla de ventilación; de nuevo, pasamos a controlar la araña y con ella hackeamos accedimos al servidor de la pantalla. Otras situaciones plantean los típicos puzles de tuberías (aquí conductos de electricidad o datos) que hemos visto en cientos de juegos, pero con una capa tridimensional interesante, ya que el puzle puede estar rodeando un edificio y habrá que controlar un dron o las cámaras cercanas para resolverlo.

    Todo esto en su conjunto hace que, a pesar de que el diseño de mundo y la forma de estructurar la experiencia sea muy similar al resto de juegos de mundo abierto de Ubisoft (y la de mayoría de desarrolladores), se sienta jugablemente distinto y lo suficientemente atractivo a lo mandos para que nos haya atrapado de modo que no hemos podido dejar de jugar hasta que vimos los créditos. No solo eso, sino que también queramos volver para conseguir todos los puntos de mejora, a hacer las misiones secundarias que nos hemos dejado, a reclutar más agentes y a obtener más documentos de texto y audio. En especial esto último. Desde que se mostró Watch Dogs Legion nos preocupaba que se quedara en algo superficial; al fin y al cabo, estamos hablando de una compañía que dice que no hace juegos con mensaje político a pesar de tener un catálogo repleto de títulos militaristas. Pero nos han sorprendido. Es cierto que la trama principal, como en la anterior entrega, puede pecar de naif y simplista: ahí están los malos malísimos y nosotros, los revolucionarios, vamos a acabar con ellos; y eso no está mal per se. Sin embargo, con las situaciones que vemos en Londres, con los documentos de texto que leemos, con los podcasts que escuchamos en los dispositivos que encontramos o en la radio del interior de los coches (por cierto, la conducción necesita un repaso para la próxima entrega) y con las historias que conocemos al reclutar agentes y hacer misiones secundarias, se construye un discurso concreto, interesante y donde se trazan paralelismos clarísimos con la situación política y económica internacional actual.

    Los puntos de mejora, las paredes donde hacer grafitis y otros puntos de interés están colocados de modo que nos obligarán a estudiar el escenario para llegar hasta ellos.
    Los puntos de mejora, las paredes donde hacer grafitis y otros puntos de interés están colocados de modo que nos obligarán a estudiar el escenario para llegar hasta ellos.

    Una Londres con claros y oscuros

    El otro motivo por el que no hemos podido parar de jugar hasta acabarlo es Londres. El trabajo que ha hecho Ubisoft Toronto tanto a nivel artístico como gráfico es espectacular. La ciudad se muestra viva, ya sea a pie de tierra con todos esos coches autónomos, peatones y militares haciendo redadas y deteniendo a viandantes; o en el cielo, con drones sobrevolando las calles. El diseño de los personajes es variado y en ciertos casos cargado de personalidad, hay suficiente distinción de vehículos como para que no haya monotonía, y hay zonas de la ciudad que nos dejan boquiabiertos por sus pantallas, su iluminación y su atención al detalle. La inmersión se rompe, eso sí, con bugs no muy frecuentes, pero sí numerosos: enemigos que se quedan bloqueados andando contra una pared, peatones que se tiran a las bocas de metro, vasos de café que flotan porque la persona que los sujeta no ha cargado y NPCs que sueltan la misma línea de diálogo en bucle, entre otros problemas que nos hemos encontrado.

    A pesar de ello, técnicamente es sorprendente para un juego de mundo abierto. El detalle de los personajes y sus animaciones no están al nivel de algunas superproducciones que hemos visto este año, pero la distancia de dibujado, la iluminación en el ciclo día-noche, las sombras, los reflejos… Es un juego que es mucho más pintón por la noche que por el día. Además, con el ray tracing (que además de en PC, también estará en PS5 y Xbox Series X/S) todo gana más empaque, con una cantidad de reflejos que a veces llega a lo absurdo cuando estamos en un edificio donde casi todo es de cristal o de cerámica reflectante. Pero si lo vais a jugar en ordenador, un aviso: está muy mal optimizado y se necesita de una caja muy potente para moverlo por encima de los 40-50 fps. Por algún motivo, tira muchísimo de procesador, por lo que si tenéis un PC de gama media de hace unos años, nuestra recomendación es que esperéis a un posible parche o que abordéis el juego siendo conscientes de que lo jugaréis a la misma fluidez que en consola (30 fps).

    A veces la mejor solución para entrar en sitios repletos de seguratas es conseguir un dron y entrar por alguna ventana.
    A veces la mejor solución para entrar en sitios repletos de seguratas es conseguir un dron y entrar por alguna ventana.

    En cuanto al sonido, no podemos dejar de destacar la banda sonora, que encantará a los fans del punk y de la alternativa: aquí hay temas de Foals, de Alt-J, de Bring Me the Horizon, de Blur, de Gorillaz, de The Libertines, de MUSE… Una BSO que a nosotros nos ha incitado a recorrer durante minutos la ciudad en coche disfrutando tranquilamente de la música. Del sonido ambiental nos gustaría decir que lo han bordado, pues es realmente inmersivo estar conduciendo por las calles de Londres mientras oímos los drones propagandísticos, los manifestantes entonando sus proclamas, los militares deteniendo sin motivo a los viandantes, la música diegética, los podcasts que se escuchan por los altavoces (en perfecto español)… Pero algunos bugs, como líneas de diálogo que se atascan y se repiten sin cesar, hacen mucho por romper esa inmersión.

    Además, el 3 de diciembre introducen el modo cooperativo online que nos permitirá explorar la ciudad con tres amigos, eventos dinámicos, modos competitivos, nuevos personajes, misiones adicionales, Nueva Partida+... Ganará empaque, pero obviamente, no podemos entrar en valoraciones hasta que podamos probarlo.

    Gráficamente es espectacular por momentos, pero también demanda mucha potencia, de ahí que en PS5 y Xbox Series X vaya a funcionar a 30 fps.
    Gráficamente es espectacular por momentos, pero también demanda mucha potencia, de ahí que en PS5 y Xbox Series X vaya a funcionar a 30 fps.

    Conclusión

    Watch Dogs Legion es el mejor juego de la serie y un paso adelante en Ubisoft para distinguirla de sus muchas propuestas similares de mundo abierto. Es un juego con un mensaje y un tono centrado e interesante, con una trama lo suficientemente atractiva como para atraparnos hasta que vemos los títulos de crédito y con undiseño de misiones y actividades, basado en el hackeo y en las distintas formas de abordar una misma situación, que nos harán volver hasta que hayamos limpiado todos los iconos de un mapa que funciona de manera similar que en otros juegos de la marca. La recreación de Londres, a nivel visual y sonoro, es por momentos increíble, aunque bugs más o menos habituales hacen que se ensucie el resultado. Pero es esa arriesgada y funcional idea de no tener un protagonista, sino una resistencia compuesta por los ciudadanos de la urbe británica que queramos reclutar, lo que lo diferencia a y lo que le da una personalidad jugable y argumental. Pero más importante que todo esto: Legion es divertidísimo y a poco que os guste su propuesta recomendamos darle una oportunidad.

    Hemos realizado este análisis en su versión de PC. El ordenador en el que hemos jugado es un un i5 6400 de 2,70 GHz con 16 GB de RAM y con una tarjeta gráfica NVIDIA GeForce RTX 3070 con 8 GB de VRAM..

    Fran G. Matas
    Colaborador

    NOTA

    8.5
    Gráficos
    Duración
    Sonido
    Un jugador
    Jugabilidad
    Multijugador

    Puntos positivos

    La narrativa general (no la historia principal) es genial y más profunda de lo que aparenta.
    Que no haya un protagonista, sino una resistencia ciudadana.
    El diseño de las misiones permite distintas aproximaciones.

    Puntos negativos

    Puede hacerse un tanto repetitivo.
    Algunos bugs que rompen la inmersión.
    La historia que cuentan las misiones principales no es nada del otro mundo.

    En resumen

    Una aventura de acción divertida en mundo abierto que tiene como protagonistas a todos los ciudadanos de una Londres distópica e interesante con un diseño de misiones atractivo y con una representación de la ciudad que sorprende visual y artísticamente.
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    Plataformas:
    PS4 PC Xbox One
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