Análisis de Blood Will Tell (PS2)

El manga de Osamu Tezuka es adaptado a los videojuegos en forma de arcade añejo pero con notable profundidad y diversión que ofrecer.
·
Actualizado: 21:31 17/8/2020
GRÁFICOS
6
SONIDO
8
NOTA
7.3
DIVERSIÓN
7
JUGABILIDAD
7.5
Análisis de versión PS2.

Decir el nombre de Osamu Tezuka equivale a nombrar a una de las personas que, posiblemente sin saberlo, más han influido en el ocio moderno. Se trata del padre del manga, creador de clásicos como Astroboy en plena posguerra japonesa, y de otros mangas de renombre como Dororo, sobre el que se basa este Blood Will Tell – han elegido este contundente título "la sangre lo dirá" en vez del original, simple y desconocidamente para el público europeo, Dororo-. Como insinúa su nombre y la temática, el juego se trata de un arcade donde la sangre brilla por su abundancia.

Blood Will Tell cuenta la historia de un mundo similar al medievo donde hay humanos y demonios y, ante la perspectiva de que aparezca el humano predestinado a acabar con todos ellos, estos rastrean su nacimiento y le arrebatan 48 partes de su cuerpo tras pactar con su padre el trueque, recibiendo este último poder a cambiar. Horrorizado ante la criatura, el padre arroja al monstruoso bebé al río –como a Moisés-, y el retoño es recogido por un médico que siente compasión y lo alimenta, bautizándolo Hyakkimaru.

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Pronto se dará cuenta de los poderes mentales del niño, con el que se comunica telepáticamente, y de la extraña atracción que ejerce hacia los demonios. Tras numerosas operaciones consigue dotarle de miembros artificiales, hasta que la última modificación, con la intención de prepararle para su lucha contra los demonios, le otorga unas mortíferas cuchillas bajo los inertes brazos ortopédicos, una ametralladora y un curioso cañón en su pierna falsa. Hyakkimaru está preparado para iniciar su camino.

Al inicio de éste, recién recuperadas las cuerdas vocales, se encontrará con una niña llamada Dororo, la ladrona más famosa del mundo que, primero con el pretexto de robar las formidables cuchillas que porta Hyakkimaru en los brazos, se une a él en su aventura de lucha contra los demonios y "recopilación" de su cuerpo. Comienza así un juego de acción con algunos toques de aventura que, aunque bastante lineal, es capaz de ofrecer numerosas horas de diversión.

La historia está organizada y dividida en capítulos, cada uno de ellos centrado en una serie de historias que suelen responder al clásico esquema de "dos forasteros llegan y deshacen el entuerto", tan típico de las historias medievales. Hay que decir que éste es uno de los puntos fuertes del juego, ya que algo generalmente tan descuidado en el género de la acción como es la historia –que suele ser un mero pretexto para ir del punto A al B- está mucho más integrado en la jugabilidad de Blood Will Tell, y le da una justificación y una motivación a las acciones que tendrán que realizar los diferentes personajes.

Cada aventura se va contando a base de secuencias cinemáticas de mediana calidad, y la historia, que engancha bastante, no está exenta de misterios, giros y sorpresas, aunque el objetivo principal –recuperar las 48 partes del tan mortífero como mutilado Hyakkimaru- está claro desde el principio. Sin embargo, en nuestra búsqueda nos será inevitable vernos inmerso en las penas que los pobres aldeanos de la época sufren por causa de los demonios, además de que descubriremos más cosas sobre los monstruos y la extraña historia de Hyakkimaru.

Otra característica importante de Blood Will Tell – o Dororo, para los mangakas- es la forma de integrar las partes recuperadas por Hyakkimaru. Cada vez que derrotemos a un jefe final –hay 48, pero a algunos nos enfrentaremos varias veces- obtendremos una parte robada de nuestro cuerpo. Todas mejorarán algunos de los atributos de Hyakkimaru (salud, posibilidad de ataque especial, capacidad de ataque, de defensa), pero algunas nos otorgarán una habilidad especial. La segunda parte que recuperaremos será uno de nuestros ojos, que hará que dejemos de ver el mundo en blanco y negro (con el "ojo mental") y lo comencemos a ver a todo color con nuestro recién recuperado globo ocular.

Otras partes con efectos secundarios interesantes son la nariz –podremos notar la presencia de un jefe final, algunos de los cuales están ocultos-, el oido –podremos caer de pie cuando nos atacan, o la pierna izquierda, que nos permitirá correr – lo cual hará menos monótono los trayectos lineales entre pueblos o entornos más grandes-. La adquisición de las partes de nuestro cuerpo no solo es, por lo tanto, una especie de toque de juego de rol, sino que realmente se va notando a la hora de jugar, según Hyakkimaru se vaya humanizando en el sentido más amplio de la palabra.

El juego en sí tiene un toque de exploración importante, y también de rol –aparte, nuestras armas adquieren experiencia según las vayamos usando-, pero es en definitiva un yo contra el barrio de samuráis, donde podremos ejecutar una gran variedad de combos, que irá creciendo a medida que vayamos obteniendo experiencia con el arma en cuestión. Aparte de nuestras dos hojas de serie, y nunca mejor dicho, iremos encontrando otras armas –algunas de ellas bastante escondidas- que podremos equipar y usarlas pulsando el botón L2. Estas armas tienen sus pros y sus contras frente a las dos hojas de los brazos de Hyakkimaru. Generalmente suelen tener mayor poder de ataque y algún poder especial como ventaja, pero también son más lentas y tienen menos combos. Son a grandes rasgos más recomendables para usar contra los jefes finales –lo cual es una parte bastante grande del juego- que contra grandes hordas de enemigos.

El sistema de combos usa dos botones pero no por ello resulta limitado. El ataque básico es el botón cuadrado, siendo el fuerte el triángulo, y los combos, al igual que en el próximo Altered Beast o la saga Dynasty Warriors, se ejecutan como ramificaciones –de hecho los podremos ver en la pantalla de pausa-. Primero atacaremos con el ataque básico, y en algún momento de nuestro combo cambiaremos al fuerte y terminaremos la secuencia de ataque. Aparte de los combos tenemos a nuestra disposición un espectacular ataque especial que recuerda al reciente Shinobi de PS2, que consiste en hacer una carga con el ataque fuerte y, al soltar el botón, paralizar al enemigo.

Cuando el enemigo esté paralizado aparecerá una serie de comandos en la pantalla, que deberemos pulsar a toda velocidad, haciendo gala de nuestra coordinación. Dependiendo del número de cortes que demos hasta que finalicemos el combo (pulsando el botón triángulo, y antes de que se termine el tiempo), el enemigo caído nos dará más o menos items. Hay dos cosas de decir de este sistema, y es que en primer lugar es conveniente haciendo cuando estemos solo con un enemigo –ya que los otros podrán atacarnos-, y que el hecho de mostrar las combinaciones de botones en filas de cuatro puede hacer que nos confundamos al pasar de una fila a otra. Tras finalizar el combo especial brotará una considerable cantidad de sangre, Hyakkimaru pondrá una pose de samurai, y llegará la hora de recoger el botín.

Mientras Hyakkimaru hace esta serie de extravagancias Dororo no se quedará de brazos cruzados, pues por algo es la ladrona más famosa del mundo. Podremos indicar el comportamiento de Dororo, de forma que se quede cerca de nosotros, vaya en busca de tesoros e items, o ataque a los enemigos. El papel de la ladrona, que da nombre a la obra, no se limita a la comparsa, sino que en ocasiones –pocas, eso sí- deberemos controlarla. Estas mini misiones de Dororo se basan sobre todo en la exploración, teniendo que resolver sencillos puzzles de llaves y eventualmente interactuar con el escenario, aunque también hay una parte de combate donde Dororo demostrará que no es manca. Incluso hay un modo cooperativo donde el otro jugador podrá controlar a Dororo, aunque la cámara se centrará en Hyakkimaru.

Blood Will Tell, aunque dotado de una muy buena historia, no está exento de fallos. El mayor de ellos y sobre el que maldeciremos durante buena parte del juego es la cámara, que se puede fijar en la dirección en la que estemos mirando con L1, pero que aún así hará que en muchas ocasiones nos quedemos "vendidos" frente a enemigos que nos rodean, especialmente si algunos de ellos pueden atacar desde lejos. En las batallas con los jefes finales se solventa en parte esta eventualidad, al fijarse la cámara en el enemigo –al estilo de los juegos con sistema de Lock-On.

Mucha gente también encontrará como algo negativo el hecho de que el juego se limite casi únicamente al combate y que, aunque hay variedad de enemigos, estos se rijan únicamente por patrones de ataque y no cuenten con el más mínimo indicio de inteligencia artificial. Esto puede ser interesante para los jefes finales –sin cuyos patrones seríamos hombres muertos-, pero a la hora de abatir a decenas y decenas enemigos, que se encaminan inexorablemente a la muerte por nuestra espada confiando únicamente en que su patrón de un ataque cada x segundos les salve de su destino, puede ser algo monótono y decepcionante para los tiempos que corren. Aunque hay que decir que la monotonía de la jugabilidad va reduciéndose según avancemos.

A nivel gráfico Dororo es decente pero parece un tanto desfasado, y aunque hay mucha variedad de enemigos, estos cuentan con un diseño simplón; los escenarios son bastante amplios pero no por ello muy variados ni con una gran cantidad de detalles y texturas. No hay nada que sorprenda cuando estamos en una misma pantalla, ya que tras cada tiempo de carga todo lo que veremos ante nosotros está formado por lo que podríamos llamar un repertorio limitado de texturas, sin gran definición ni variedad para más señas.

El modelado de Hyakkimaru y Dororo es lo más destacable, aunque no su animación – que cuenta con partes un tanto extrañas-. Tampoco los efectos gráficos llaman la atención salvo por alguna sorprendente reflexión en el suelo. El sonido cuenta con voces en inglés aunque con subtítulos en castellano, y con un repertorio de música adecuado –la música que podríamos definir como "de películas de samuráis", y con unos FX muy bien hechos y con gran variedad.

En definitiva, no estamos ante el juego de acción más revolucionario del año ni ante un espectáculo gráfico sin precedentes, pero sí ante una historia muy interesante y bien narrada, que hacemos avanzar a base de una acción rápida, frenética y, aunque monótona, satisfactoria por el resultado que obtenemos. Cuenta, además, con bastante rejugabilidad – no conseguiremos todas las partes de Hyakkimaru a la primera, pues hay algunas ocultas-, y aunque con una curva de dificultad un tanto serpenteante, muchos se sentirán atraídos por las mejoras y los extras –un nuevo modo de juego, un capítulo más-. Gustará a los fans del arcade y a los fans del manga, pero quizás los que no encajen en ninguna de ambas categorías sería mejor que lo alquilasen antes de añadirlo a la juegoteca.

Pablo Grandío
Director y fundador
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Género/s: Acción / Hack and Slash
PEGI +12
Plataformas:
PS2

Ficha técnica de la versión PS2

ANÁLISIS
7.3
  • Fecha de lanzamiento: 18/2/2005
  • Desarrollo: Sega
  • Producción: Sega
  • Distribución: Atari Ibérica
  • Precio: 59.95 €
  • Jugadores: 1
  • Formato: 1 DVD
  • Textos: Español
  • Voces: Inglés
COMUNIDAD
7.22

PUNTÚA
Blood Will Tell para PlayStation 2

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