Análisis Spiritstead, construye, decora y gobierna una pequeña aldea llena de magia (PC)
Hoy nos hemos levantado con ganas de ser alcaldes. Eso sí, sin campañas electorales, plenos municipales ni ninguna de esas movidas políticas. Spiritstead, un simpático cozy game firmado por el estudio Turbo Dog Games, nos pone al frente de una pequeña aldea ambientada en un mundo mágico, toca construirla desde cero y cuidar de los pobres habitantes que han tenido la cuestionable idea de ponerse bajo nuestro mandato.
Nuestra aventura arranca con una breve historia que explica que, tiempo atrás, humanos y espíritus convivían y trabajaban juntos. Sin embargo, como la avaricia suele romper el saco, los humanos acabaron destruyendo sus santuarios y provocaron la desaparición de estas criaturas. Ahora nos toca arreglar los errores del pasado, reconstruir esos lugares sagrados y conseguir que los espíritus regresen para devolver el equilibrio a la región.
Tendremos que levantar casas, conseguir recursos, asignar trabajos y procurar que los aldeanos sean felices. También tendremos que descubrir a los espíritus ocultos repartidos por el mundo, criaturas con habilidades especiales que nos ayudarán en la gestión del pueblo y, de paso, nos ahorrarán parte del trabajo sucio.
Sobre el papel, parece una misión bastante sencilla. En la práctica, implica gestionar a un grupo de aldeanos, evitar que su felicidad se desplome y procurar que nuestra recién estrenada carrera política no termine con todo el mundo sumido en la miseria.
Levantando una aldea desde cero
Nuestros primeros pasos no son especialmente glamurosos. Comenzamos con un terreno bastante pequeño, espacio para construir una casa y poco más. A partir de ahí, toca atraer nuevos habitantes, ampliar los límites del asentamiento y convertir ese rincón vacío en un lugar capaz de mantenerse por sí mismo.
Cada aldeano puede desempeñar un oficio diferente y cuenta con su propia especialidad: los granjeros se ocupan de conseguir alimentos, mientras que los carpinteros talan árboles y nos proporcionan la madera necesaria para levantar nuevas construcciones. Nuestra labor consiste en asignar correctamente a cada habitante y asegurarnos de que la producción sea suficiente para seguir creciendo. Al fin y al cabo, las casas no aparecen por arte de magia, aunque vivamos rodeados de espíritus.
Como detalle simpático, también podemos poner nombre a cada uno de nuestros aldeanos, así que es posible llenar el pueblo de amigos, familiares o personajes inventados. Eso sí, no nos hacemos responsables de los nombres ofensivos que algunos jugadores decidan ponerles a los pobres habitantes, que bastante tienen ya con trabajar bajo nuestro mandato.
Durante las primeras horas, la gestión puede resultar algo trabajosa, ya que todavía contamos con pocos habitantes y debemos estar pendientes de cada recurso. Por suerte, más adelante conoceremos a unos ayudantes capaces de quitarnos buena parte de ese trabajo de encima. En el apartado visual, Spiritstead apuesta por un estilo de dibujo adorable, muy colorido y con apariencia de cuento ilustrado.
Cazando espíritus, página a página
Uno de los elementos más importantes de Spiritstead es su libro de espíritus, donde quedan registrados todos los ayudantes mágicos que podemos encontrar durante la partida. Se dividen en categorías de una, dos y tres estrellas, según su rareza o la utilidad de sus habilidades. Para desbloquearlos hay que completar minimisiones ocultas, normalmente relacionadas con interactuar de formas concretas (y a veces bastante absurdas y sádicas) con el entorno, como por ejemplo tirar a un humano desde las nubes o quemar un pollo en la hoguera, ya avisamos de que algunos métodos son moralmente cuestionables. Podemos descubrir cómo desbloquearlos por nuestra cuenta o, si la paciencia no es nuestro fuerte, pagar para que el propio libro nos dé alguna pista.
Encontrarlos merece la pena, ya que cada espíritu cuenta con una habilidad diferente. Algunos cuidan de los aldeanos, otros gestionan determinadas zonas del pueblo y muchos permiten automatizar tareas que al principio debemos realizar manualmente. En otras palabras, cuantos más espíritus tengamos, menos tendremos que trabajar nosotros. Para algo somos los alcaldes, tenemos cosas mejores que hacer que acompañar a nuestros aldeanos al váter.
No todo va a ser sobreexplotación laboral: también hay tiempo para divertirse
Por mucho que nos empeñemos en convertir nuestro pueblo en una empresa con trabajadores a pleno rendimiento las 24 horas, Spiritstead nos recuerda que la explotación laboral está mal. La felicidad de los aldeanos es uno de los pilares fundamentales de la partida y, de hecho, funciona como nuestra principal condición de derrota, si se agota por completo, los aldeanos deciden mudarse al pueblo de al lado y ahí se acaba nuestro mandato... y también la partida.
Por eso no basta con asignarles un oficio y esperar que trabajen sin descanso. También hay que atender sus necesidades, ofrecerles lugares en los que relajarse y asegurarnos de que la vida en el pueblo sea mínimamente feliz. Podemos construir hogueras para que se reúnan, añadir decoraciones e iluminación o crear espacios pensados para mantener alto su ánimo. Además, tendremos que intervenir cuando la llamada de la naturaleza aparezca y tengan que hacer el número dos, nadie dijo que ser alcalde fuera fácil. También debemos crear algunos edificios para mantener su estado de ánimo, como hospitales por si caen enfermos. Tener un pueblo implica tomar grandes decisiones para tus habitantes... pero también poner orden cuando hay muchos que quieren ir al baño a la vez.
Quienes prefieran construir sin que ningún aldeano proteste por sus condiciones laborales pueden recurrir al modo Creativo. En él desaparecen las misiones y la presión, lo que nos permite levantar, decorar y rediseñar nuestro pueblo con total libertad.
Nuevos biomas, nuevos problemas
Por suerte, nuestra carrera como alcaldes no se limita a levantar casas eternamente sobre el mismo trozo de césped. Conforme subimos el nivel del pueblo y completamos nuevas misiones, podemos ampliar el terreno y acceder a diferentes biomas, entre los que se encuentran zonas nevadas y pantanosas.
Estos nuevos escenarios no funcionan únicamente como un cambio de decoración, cada uno introduce nuevos habitantes, materiales, profesiones, edificios y espíritus. Llegar a una zona nueva significa descubrir recursos, desbloquear construcciones y encontrar nuevas formas de mantener en marcha un pueblo que cada vez resulta más grande y complicado de gestionar. La nieve y el pantano también aportan variedad visual a una propuesta que, de otro modo, podría hacerse demasiado uniforme, pasamos de los terrenos verdes y acogedores del principio a escenarios con personalidad propia, aunque nuestros aldeanos parecen aceptar con bastante naturalidad que al lado de su casa aparezca una montaña de nieve y un iglú de un día para otro. Estos biomas esconden además nuevos espíritus y desafíos, como desbloquear torres, por lo que explorar cada rincón resulta clave para seguir automatizando tareas, facilitar la gestión y cumplir misiones.
Dos formas de jugar
Todo lo explicado forma parte del modo Aventura, una campaña de entre seis y ocho horas en la que debemos ampliar el pueblo, completar misiones y restaurar el Gran Santuario de los Espíritus. Es la opción que incorpora la progresión, la gestión de recursos y el riesgo de perder la partida si descuidamos demasiado a nuestros habitantes.
Conclusión
Spiritstead es un juego sencillo, entretenido y bastante adorable. Puede que no sea el título de gestión más profundo del mundo, en comparación a otros como SimCity pero aquí venimos a construir nuestra aldea, cuidar de los habitantes y conseguir espíritus para que trabajen un poquito por nosotros. La variedad de oficios, edificios y biomas consigue que la partida no se haga demasiado repetitiva durante las seis u ocho horas que dura el modo Aventura. Además, el modo Creativo está ahí para quienes quieran olvidarse de las misiones y dedicarse únicamente a construir y decorar sin ninguna presión.
Hemos realizado este análisis mediante un código de descarga para PC que nos ha proporcionado Turbo Dog Games.

NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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