Análisis ReStory Chill Electronics Repairs: El simulador de reparar consolas retro que nos ha atrapado (PC)
Hay una satisfacción especial en coger un aparato viejo, quitarle el polvo acumulado durante años, abrirlo y arreglarlo para que vuelva a funcionar dándole una nueva vida. ReStory: Chill Electronics Repairs es un videojuego creado en torno a esa sensación de la mano de Mandragora, el estudio detrás de I Am Future, con tinyBuild encargándose de su publicación. Su propuesta es tan sencilla de explicar como adictiva cuando empezamos a jugar: somos el dueño de una tienda de reparaciones en el Tokio de mediados de los 2000, los clientes nos traen sus cacharros, los arreglamos y, de paso, nos vamos enterando de sus vidas y de lo que ocurre en el barrio de Akihabara.
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Una tienda de barrio en el Tokio de 2005
Lo primero que hace ReStory es acertar con la ambientación, y no es un detalle menor porque es lo que sostiene todo lo demás. La nostalgia de finales de los 90 y principios de los 2000 está muy manoseada últimamente, pero aquí no funciona como una skin, lo hace como contexto.
Estamos en un momento muy especial en lo que a la tecnología se refiere —el móvil de tapa pelea con los modelos indestructibles de Nokia mientras las pantallas a color se abren paso, el iPod es un objeto de deseo, la PSP acaba de aterrizar…— y el juego lo entiende. Cada dispositivo que entra por la puerta pertenece a ese periodo histórico, y el navegador web ficticio desde el que compramos cada pieza u obtenemos licencias está construido con la estética exacta de aquellos años transportándonos a esa época en la que también hay cambios en los modelos de negocio y en la que, las pequeñas tiendas de reparaciones como la nuestra, parecen abocadas a la desaparición frente a las grandes superficies.
Desmontar, limpiar, soldar, montar: el bucle que engancha
El sistema de reparación tiene más miga de la que pueda parecer en un primer momento. Cada encargo pasa por su propio proceso: desmontar el dispositivo pieza a pieza, limpiar los componentes, revisar y reparar las soldaduras de las placas si están dañadas, sustituir aquello que ya no tiene arreglo y volver a montarlo todo en el orden correcto.
Podemos cometer fallos si nos despistamos, aunque el juego no busca el castigo. La exigencia de Restory está calibrada para mantenernos atentos , no para frustrarnos, invitándonos a estar en el momento presente concentrados en la limpieza y reparación de dispositivos y olvidarnos de todo lo demás: de nuestros problemas o del ruido del mundo. Esto le ayuda a cumplir uno de los propósitos de estos juegos "cozy" tan de moda ahora, que no es otra cosa que relajarnos y ser una relajante válvula de escape en nuestro día a día. En definitiva, lo que ReStory quiere conseguir (y lo hace) es envolvernos en la satisfacción de limpiar y arreglar consolas, móviles y otros cachivaches.
Y sí, hay que ser claros, en el fondo estamos ante un minijuego de habilidad centrado en limpieza y reparación con algo más de profundidad de lo habitual en el género. Abrir, limpiar, arreglar, cerrar. Lo curioso es que funciona muy bien por sus micromecánicas y aunque pueda parecer un proceso repetitivo, la variedad de dispositivos va cambiando el fondo de cada reparación dándole toques diferentes ya que, obviamente, no se desmonta igual una cámara que una consola de sobremesa. De hecho, esa rotación constante es lo que mantiene vivo el bucle jugable.
Además, el proceso de desmontaje es prácticamente calcado al que hay que hacer con estos dispositivos en la vida real. Los más veteranos del lugar sabrán desde el primer momento cómo se desmonta el primer teléfono, un Nokia 3310 (o, como se llama en el juego, Pokia 3310).
La pintura, la mecánica que se queda a medias
Si tenemos que señalar un punto flojo dentro del sistema de restauración, es el proceso de pintado. Puedes darle una capa nueva a los dispositivos, pero solo con ellos totalmente montados: no hay forma de pintar piezas por separado mientras las tienes sobre la mesa. Es algo que quizás añadan en el futuro, porque el juego ya nos pone todos los componentes delante y la mecánica pide a gritos ese nivel de personalización que ahora solo puede conseguirse pitando con precisión cada componente.
Atari con licencia oficial y todos los dispositivos que reconocerás
Uno de los principales reclamos de ReStory es que cuenta con licencia oficial de las consolas y periféricos Atari que aparecen en el juego, pudiendo ver, abrir y reparar la Atari 2600 o la Atary Lynx. Es un detalle que se agradece porque aporta autenticidad real a un catálogo que, por lo demás, tira de la vía clásica del homenaje sin licencia.
Y ahí es donde se pone divertido para cualquiera que haya vivido esa época. No hace falta que te digan qué estás desmontando: la Game Boy, el iPod, los Nokia y Motorola de tapa, el Tamagotchi, la PSP, PlayStation original o la primera Xbox son perfectamente reconocibles aunque lleven otro nombre. El diseño de cada aparato está lo bastante cuidado como para que los identifiquemos con facilidad, aunque su nombre en Restory sea como el de esas imitaciones que se encontraban antaño en las tiendas de veinte duros.
Clientes, decisiones y una narrativa que cumple
ReStory no es solo un simulador de reparaciones: cada uno de los clientes que visitan la tienda tienen una historia, y algunas de ellas se ramifican según lo que respondamos o lo que hagamos en ciertos momentos. El juego promete múltiples finales condicionados por esas decisiones, aunque nosotros solo hemos visto uno de ellos.
Que nadie espere un novelón, porque no lo es ni pretende serlo. Pero la capa narrativa cumple su función: aporta interés, da sentido a la cadena de encargos y consigue que queramos ponernos a realizar el siguiente trabajo para ver cómo continúa la historia que cuenta con algunos personajes carismáticos, otros un tanto extraños y una temática más gris de lo que podría parecer. Estos momentos narrativos encajan bien con el ritmo del juego en lugar de interrumpirlo, que es exactamente lo que debe hacer una trama para un título de estas características.
Economía, subastas y piezas de segunda mano
También tenemos que gestionar la tienda en lo económico, pero no esperéis nada demasiado exigente. Hay que estar atentos a las oportunidades de compra en subastas y tiendas de segunda mano, donde podemos hacernos con dispositivos baratos para desguazarlos y sacar piezas de repuesto o para restaurarlos y revenderlos con cierto margen de beneficio. Ahí está el verdadero "juego" de gestión: si queremos ganar dinero de verdad, tenemos que ser un poco vivos.
Ahora bien, ReStory no está diseñado para el fracaso comercial. Siempre hay encargos disponibles y muchos son de limpieza, así que por muy justo que vayamos de fondos siempre existe una vía para recuperarnos. El equilibrio nos parece acertado: lo justo para que la economía importe y tengamos que tomar decisiones, pero sin llegar a agobiar al jugador que ha venido a relajarse.
Rendimiento, traducción y compatibilidad
La traducción al español está muy bien, con textos cuidados y sin las erratas que suelen colarse en producciones de este tamaño. Es un punto importante en un juego con esta carga de diálogo, mientras que no hay doblaje en ningún idioma.
Lo hemos jugado en varios dispositivos, incluyendo nuestro PC de sobremesa tope de gama con una NVIDIA GeForce RTX 5080, en un portátil con una NVIDIA GeForce RTX 4060 o en una ROG Xbox Ally X, y en los tres casos el rendimiento ha sido fluido y sin problemas o bugs a destacar.
Conclusión: ¿merece la pena ReStory?
Si tuviéramos que ubicarlo, ReStory: Chill Electronic Repairs se sitúa en algún punto entre Coffee Talk y PowerWash Simulator: la satisfacción mecánica y casi hipnótica del segundo, con la calidez narrativa y el desfile de personajes del primero. Es una combinación que funciona mucho mejor de lo que cabría esperar y que está encandilando a muchísimos jugadores en Steam.
No es un juego perfecto —el proceso de pintado se queda corto y el bucle acusa el desgaste en sesiones largas de juego—, pero es honesto con lo que promete desde su propio título. Es chill, es un simulador de reparaciones, y ambas cosas están bien acompañadas por
una buena estética y una trama interesante. Si os gustan los juegos de manos ocupadas y cabeza tranquila, y encima habéis vivido la época en la que está ambientado, aquí tenéis un buen puñado de horas de diversión pura.
Hemos realizado este análisis gracias a un código proporcionado por Mandragora.

NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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