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Crítica de Avatar: El sentido del agua - Una colosal proeza visual

13 años después de la primera Avatar se estrena en cines Avatar 2, la esperada secuela que retoma el 3D en pantalla grande. ¿Merece la pena?
Crítica de Avatar: El sentido del agua - Una colosal proeza visual
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Avatar: El sentido del agua es una experiencia visual única que desafía el lenguaje cinematográfico. James Cameron lleva años intentando perfeccionar el 3D dentro del celuloide y, aun a pesar de no convencernos del todo todavía porque sigue siendo un formato un tanto caótico de controlar que requiere de una precisión constante para la plena inmersión del espectador, con su querida secuela de la Avatar original ha conseguido crear una obra verdaderamente fascinante que se desmarca por completo del resto de blockbusters contemporáneos, aun siguiendo sus reglas. En 2009 no era tan sorprendente ponerse unas gafas de 3D e ir al cine, puesto que no eran pocos los largometrajes que querían explotar ese formato. Ahora ese terreno se ha dejado de lado y solo Cameron continúa picando piedra para que de un modo u otro termine funcionando, y en Avatar 2 aun con sus altibajos (porque cual videojuego tiene problemas de rendimiento en determinadas secuencias) entra bien por los ojos.

James Cameron insiste en el 3D y consigue una obra de una calidad visual extrema

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Puede que todavía no se haya conseguido ese efecto pecera que el director de Titanic busca desesperadamente, pero cómo Avatar: El sentido del agua rodea al espectador con la naturaleza de Pandora es extraordinario. Cuesta hacerse a ello durante los primeros minutos de metraje, pero al poco tiempo lo último que quieres es quitarte las gafas para continuar sumergido en los océanos del planeta de los Na'vi para no despegarte de la atracción acuática que Cameron plantea. En términos técnicos hasta podríamos asegurar que no hemos visto nada igual en una pantalla de cine, sea en 3D o no. El cineasta a cargo del proyecto mete a actores de carne y hueso, a personajes recreados por CGI, explosiones, monstruos y toneladas de agua en un mismo plano sin que nada chirríe en demasía. Pocos ruedan las escenas de acción como Cameron y con Avatar: El sentido del agua el listón todavía sube más. Y las escenas bajo el agua nos han dejado muy sorprendidos.

Las persecuciones trepidantes de Terminator: El juicio final o los propios combates aéreos de la primera Avatar no son nada con lo que se despliega en esta obra. Hasta consigue trasladar esos instantes de thriller y tensión de Mentiras arriesgadas a su fórmula alienígena. Todo ello aderezado por supuesto con las mil y una imágenes al estilo documental de National Geographic que añade al metraje para que el espectador pueda deleitarse con las maravillas de Pandora. Eso y para explotar más el 3D y el poder del CGI. Ahora bien, aunque esas imágenes tengan mucha fuerza por sí solas, llegan a sobrecargar y hacen que la cinta se torne un tanto pesada. Tiene una duración de 190 minutos, que son pocos, por lo que Cameron tiene tiempo de sobra para detenerse donde y cuando quiera, y eso hace por consiguiente que en múltiples ocasiones Avatar: El sentido del agua quede descolgada.

Avatar: El sentido del agua

13 años después, Pandora luce más espectacular que nunca.

Un lenguaje de videojuego que a veces se olvida del guion

Su poderío audiovisual solo es comparable con las virguerías que actualmente pueden hacer algunos videojuegos, como por ejemplo el reciente The Callisto Protocol, The Last of Us 2, Call of Duty: Modern Warfare 2 o God of War: Ragnarok (para que tengáis una comparación próxima) en lo que detalles fotorrealistas se refiere. El nivel de detalle que tiene el agua, el sudor y la iluminación en todos y cada uno de los planos es demencial. Asusta creer que esto es realmente el futuro del cine, en parte, porque quiere decir que el lenguaje visual del cine pasará a estar ligado con extrema fuerza a las imágenes de fotografía perfecta, dejando así poco lugar a obras que no quieran hacer ese hincapié en lo visual para centrarse en sus apartados narrativos. O para aquellas obras que busquen rascar visualmente con algún tipo de propósito. La tecnología ha avanzado a pasos agigantados durante estos 13 años, y Avatar: El sentido del agua hace que la primera Avatar se pueda sentir añeja, y eso son palabras mayores.

En cuanto al libreto, podríamos decir que Cameron no ha firmado su mejor obra hasta la fecha, de hecho en este aspecto no terminamos de tener claro que la secuela sea mejor que la primera Avatar a pesar de tener unas bases sólidas. En 2009 se firmó un guion con una introducción, un nudo y un desenlace. James Cameron estructuró una obra con un principio y un final evidentes, aun a pesar de tener en su cabeza expandir aun más la historia de Jake Sully. En Avatar: El sentido del agua la historia no tiene el mismo pulso y se puede leer solamente como un capítulo más dentro de la larga trayectoria que nos queda con los Na'vi. La historia de Avatar 2 rima con la primera gracias a sus múltiples parecidos, pero la ejecución no es la misma. En El sentido del agua los humanos regresan a Pandora, puesto que la Tierra empieza a ser poco habitable, y la familia de Jake Sully se convierte en el objetivo principal a abatir para que no haya problemas de hostilidad entre especies.

Avatar: El sentido del agua

Pocas películas veréis que luzcan mejor que Avatar 2 en pantalla grande.

El reparto veterano se da la mano con el joven, y el puzle se siente extraño

Con ese motor, regresan Stephen Lang, Sigourney Weaver, Sam Worthington y por supuesto Zoe Saldaña para establecer de nuevo las piezas del tablero. A ello se suman una nueva estirpe de personajes: los hijos e hijas de los principales protagonistas, que desde luego son los que tomaran la batuta cantante de la saga en entregas posteriores o en posibles spinoff. El aumento del reparto a base de sacar descendientes hasta de debajo de las piedras es uno de los puntos más flacos del guion de Cameron que no terminan de encajar. No es que estén mal escritos, es que su existencia parte de unas bases muy pobres y lo que aportan tampoco es demasiado. La trama de Avatar: El sentido del agua gire en torno a la protección de la familia y cómo esta es en realidad nuestro hogar allá donde vayamos. Pueden caer rayos y truenos, que donde estén nuestros padres, hermanos e hijos estaremos a salvo. Un mensaje sobre el que gira sin parar la rueda de Cameron, combinado con lo destructivos que somos los humanos con la naturaleza (repitiendo como en la primera Avatar).

La historia en ese sentido es bastante pobre, un tanto injustificada, y con un evidente espíritu seriado que abre puertas por todas partes para las entregas posteriores que hay preparadas. Pero también cabe remarcar que puede ser pobre para el espectador que no comulgó demasiado con la primera Avatar en 2009 y cuya historia pasó de largo o se ha olvidado durante la pasada década. Para aquellos que verdaderamente disfrutaron de aquella obra, El sentido del agua es justo lo que necesitaban, esa inyección de oxígeno para continuar ahondando en Pandora, en la historia de Jake y Neytiri y conocer a nuevas especies de Na'vi y otras criaturas acuáticas. Cameron corrige y aumenta la fórmula de la Avatar de 2009, añade lenguaje de videojuego (a veces parece que estemos viendo una cinemática tras otra en realidad virtual y con un mando en nuestras manos) y da el petardazo final sacando su mejor carta: regresar a Titanic para ofrecer un espectáculo dramático a la par que épico.

Avatar: El sentido del agua

La trama es uno de los puntos más flojos del proyecto, aunque se esfuerza por ser mejor que la primera parte.

Nuestras conclusiones

Avatar: El sentido del agua no es la obra maestra que muchos esperan, pero tampoco el desastre que otros desean. Es un largometraje digno de la firma del mejor Cameron que se arropa en las tendencias actuales del cine blockbuster, echando mano de ejercicios que significaron un éxito tremendo en su día y que ahora, revisados con una gruesa capa de remake de efectos digitales de lujo, pueden funcionar. El cineasta sabe perfectamente a lo que juega, y El sentido del agua es un exponente gigantesco de lo que estamos viviendo en la industria a día de hoy. ¿Es mejor que la primera Avatar? En muchos aspectos, sobre todo técnicos, sí. Le falta pulso en su libreto, pero aun con eso sigue teniendo buenas bases. Hemos podido ver la película en 3D, por supuesto, y os recomendamos que disfrutéis de esta aventura del mismo modo.

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