La vuelta de José Luis Torrente no está dejando solo una taquilla descomunal, sino también una imagen que ya empieza a repetirse en varias salas españolas: grupos de espectadores que aparecen en el cine disfrazados como el personaje de Santiago Segura, con bigote, cadena, camisa abierta y ese aire cutre que convirtió a la saga en un fenómeno popular. La escena, que hace unos años habría parecido una exageración, empieza a consolidarse como parte del ambiente que rodea a Torrente Presidente, la nueva entrega que ha arrancado con 6,9 millones de euros en su primer fin de semana.
La película, estrenada el 13 de marzo de 2026, se ha colocado directamente entre los mejores arranques del cine español. Según los datos publicados por El País, Torrente Presidente se lanzó en más de 1.000 pantallas de 397 cines y firmó el cuarto mejor estreno de la historia del cine español, con una media por pantalla muy alta para una producción nacional. Es una cifra que por sí sola explica por qué el regreso de Torrente se ha convertido en conversación constante durante estos días, pero también por qué parte del público ha decidido vivir la experiencia como un pequeño acontecimiento colectivo y no solo como una sesión de cine más.
Un estreno convertido en pequeño ritual colectivo
En paralelo, varios medios han empezado a fijarse en lo que pasa fuera de la pantalla. El Confidencial Digital ha recogido esta semana que en distintos cines del país se está viendo a fans que acuden caracterizados como Torrente, en una especie de ritual que remite a las primeras entregas de la saga y al tipo de humor gamberro que siempre la ha acompañado. No hay todavía un recuento nacional que permita medir el fenómeno con precisión, pero sí suficientes indicios como para hablar ya de una tendencia real vinculada a los primeros días de exhibición.
La sensación de evento también encaja con lo que se está contando desde dentro de las salas. HuffPost relató este 18 de marzo la experiencia de Pedro Ruiz al asistir a una proyección con el cine lleno y un público completamente entregado, riéndose de forma constante durante la película. Esa misma información añade que la cinta se ha acercado ya al millón de espectadores, ha concentrado cerca del 70% de la taquilla nacional en sus primeros días y se ha convertido en el mejor estreno de una película española en más de una década. La combinación de cifras tan fuertes y una respuesta tan ruidosa del público ayuda a entender por qué Torrente ha recuperado en tiempo récord su capacidad de convertir el estreno en conversación social.
Más que nostalgia: una fiesta compartida en la sala
A eso se suma otro detalle relevante: el público que está respondiendo parece vivir la película como una experiencia compartida. La Cadena SER, en su cobertura del tirón de Torrente Presidente en Bizkaia, habla de espectadores jóvenes, mayoritariamente masculinos, que acuden en grupo, reaccionan con mucha intensidad y salen con ganas de más. Ese tipo de recepción favorece justo lo que está empezando a verse: que algunos fans den un paso más y vayan al cine convertidos en una caricatura andante del personaje. En otras palabras, la película no solo vende entradas, también recupera ese componente de fiesta popular que tantas franquicias han perdido con el paso de los años.
El fenómeno Torrente en los cines es impresionante 🙌🏻 pic.twitter.com/40A74CJ5Gb
— El regreso de Carlitos de España 🇪🇦🇧🇴 (@carlitos_return) March 14, 2026
Con 6,9 millones de euros recaudados en solo un fin de semana, Torrente Presidente ya es uno de los grandes bombazos del cine español reciente, pero su impacto no se está limitando a la taquilla. La imagen de espectadores disfrazados de Torrente para entrar a la sala revela que el personaje ha vuelto a conectar con una parte del público como algo más que una comedia nostálgica: como un fenómeno reconocible, ruidoso y perfectamente compartible en redes. Y en un momento en el que no todas las películas consiguen que la experiencia empiece antes de sentarse en la butaca, eso también vale oro.















