Hay invasiones que llegan con ejércitos y otras que apenas necesitan un insecto del tamaño de un clip para poner en jaque a todo un ecosistema. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en la costa este de Estados Unidos, donde el avispón asiático de patas amarillas se ha convertido en la nueva pesadilla de apicultores y científicos.
En apenas tres años, esta especie invasora ha pasado de colarse, probablemente, en un carguero que atracó en el puerto de Savannah a obligar a desplegar miles de trampas, transmisores de radio y equipos especializados para evitar una auténtica catástrofe ecológica. Brad Cavin, inspector jefe de abejas del estado y líder de la respuesta contra la invasión, resume a la perfección la gravedad de la situación. Hijo de un pastor, a menudo utiliza referencias bíblicas para transmitir la importancia de su misión. "Esto es el Jardín del Edén y estamos luchando contra Satanás", indicaba al New York Times.
Estados Unidos declara la guerra al avispón asiático: trampas, espías electrónicos y una batalla desesperada para salvar a las abejas
La amenaza es muy real. Jackie Currie, una apicultora de Carolina del Sur, descubrió que algo iba mal cuando sus abejas dejaron de salir de la colmena. Permanecían inmóviles en la entrada, incapaces de aventurarse al exterior mientras un par de avispones patrullaban el aire frente a ellas.
El dilema era cruel: salir suponía convertirse en presa; quedarse dentro significaba condenar lentamente a toda la colonia por falta de alimento. El problema es que las abejas europeas criadas en Estados Unidos nunca habían evolucionado junto a este depredador y carecen de mecanismos naturales para defenderse.
Y es que el avispón asiático es un cazador extraordinariamente eficiente. Se mantiene suspendido frente a la colmena esperando el momento perfecto para interceptar a una abeja en pleno vuelo. Después la despedaza con precisión quirúrgica, eliminando cabeza, patas y alas para quedarse únicamente con el abdomen, la parte con mayor valor nutritivo para alimentar a sus larvas.
El escenario tampoco podría ser más favorable para la expansión de esta especie. Georgia figura entre los mayores productores de miel del país y Carolina del Sur alberga decenas de miles de colonias de abejas. A ello se suma un clima cálido y una enorme disponibilidad de alimento, ya que estos avispones no solo cazan insectos, sino que también aprovechan restos de animales e incluso carroña. En definitiva, la región se ha convertido en un auténtico paraíso para el invasor.
Las cifras reflejan hasta qué punto la situación se ha agravado. Si durante 2024 apenas se localizaron una quincena de nidos, en los primeros meses de 2026 ya se habían eliminado varios centenares. Cada uno puede albergar miles de individuos y dar origen a nuevas colonias capaces de extender la plaga con enorme rapidez.
La respuesta de las autoridades parece sacada de una película de espionaje. Más de 4300 trampas cuelgan de árboles repartidas por toda la región, cebadas con una mezcla de zumo de uva y sirope de azúcar moreno conocida como "Georgia Juice". Solo durante la primera mitad de 2026 fueron necesarios más de 15.000 litros de este preparado y varias toneladas de azúcar para atraer a los insectos.
Cuando las capturas aumentan, comienza la fase más sofisticada de la operación. Algunos avispones son anestesiados y equipados con diminutos transmisores de radio, sujetos con hilo de Kevlar. Tras alimentarlos con miel, los investigadores los liberan para seguir su regreso al nido mediante receptores que permiten localizar colonias ocultas entre las copas de los árboles.
Una vez descubierto el escondite, equipos especializados intervienen con trajes de protección, sellan la entrada del nido para maximizar la eficacia del tratamiento y retiran toda la estructura para trasladarla al laboratorio, donde queda congelada para impedir cualquier supervivencia y facilitar su estudio.
La batalla va mucho más allá de proteger la producción de miel. Las abejas son esenciales para la polinización de cultivos y ecosistemas enteros, por lo que frenar la expansión del avispón asiático se ha convertido en una prioridad nacional. Lo que empezó como el extraño comportamiento de unas pocas colmenas es hoy una carrera contrarreloj para impedir que un diminuto depredador altere el equilibrio de uno de los ecosistemas más importantes de Estados Unidos.















