Los habitantes de la zona estaban expectantes y ya por fin se confirma que se va a rodar en Gran Canaria es, según fuentes de producción citadas por Diario de Avisos, la segunda temporada de El caballero de los Siete Reinos, la precuela más modesta y aventurera del universo de Juego de Tronos. La información encaja, además, con lo ya confirmado por HBO y la información que adelantamos sobre el rodaje en España: la serie fue renovada oficialmente en noviembre de 2025, antes incluso de terminar su primera tanda de episodios.
La pista más sólida fuera del medio canario llega por otro lado. Ira Parker, creador y showrunner, ha confirmado que la segunda temporada se rueda en dos países y que parte de los exteriores se trasladan a España para buscar paisajes más secos, necesarios para adaptar The Sworn Sword, la segunda novela corta de Dunk y Egg, marcada por la sequía. No menciona Gran Canaria por su nombre en esa cita, pero sí deja claro que España forma parte del plan de rodaje.
El rodaje en la isla y el encaje con la historia
Ahí es donde la información local gana peso. Se sitúa la producción en la presa de Las Niñas y asegura que el área permanece reservada para el equipo técnico desde el 23 de febrero hasta el 15 de mayo. El detalle encaja bastante bien con la naturaleza de esta segunda entrega: menos corte y dragones, más caminos, campamentos, conflictos de frontera y un Poniente mucho más terrenal. Apuntando, claro, a la región de Dorne.
También tiene sentido por pura lógica dramática. Si la primera temporada adaptaba El caballero errante, con torneo y un tono casi de aventura clásica, la segunda entra en un terreno más seco, áspero y político. Parker ya ha adelantado que la nueva tanda seguirá siendo fiel al libro, pero con una producción más compleja de lo esperado porque obliga a salir de Belfast para buscar localizaciones exteriores que transmitan esa dureza del paisaje.
Canarias como herramienta narrativa
En ese contexto, Canarias no funciona solo como decorado bonito, sino como herramienta narrativa. La saga de Dunk y Egg necesita menos gigantismo que La Casa del Dragón, pero exige textura física: caminos polvorientos, fortalezas pequeñas, tensiones entre casas menores y una sensación de Poniente rural que la otra serie casi nunca explora. Gran Canaria, con sus contrastes y su infraestructura de rodajes, encaja muy bien en ese tipo de fantasía menos palaciega y más pegada a la tierra.















