Star Wars lleva décadas con nosotros pero todavía no ha lanzado una película para adultos. Y sí, ya es hora de ello. La saga galáctica vive una particular crisis comercial, con sonoras cancelaciones en streaming y cambios en su estrategia.
Desde su irrupción en 1977, Star Wars se ha convertido en una de las sagas más influyentes de la cultura popular. Pero con el paso del tiempo, su enfoque ha permanecido anclado —al menos en pantalla grande— en fórmulas cada vez más orientadas al público juvenil. Y no, es tampoco un error. Pero hay espacio para más. En una era dominada por audiencias adultas exigentes y series que redefinen los límites del género, la saga necesita evolucionar y abrazar historias más maduras, complejas y emocionalmente profundas.
Star Wars necesita crecer: la urgencia de contar historias para adultos
La galaxia creada por George Lucas está plagada de conflictos políticos, dilemas morales, traiciones, guerras civiles, traumas familiares y luchas internas que podrían ser abordados desde una perspectiva más adulta. Ya lo demostraron en la propia Lucasfilm con proyectos como Andor, la aclamada serie de Disney+ que apostó por una narrativa más sobria, con personajes rotos, decisiones difíciles y una atmósfera opresiva inspirada en regímenes totalitarios reales. Su éxito crítico evidenció que existe un público deseoso de historias que no dependan de sables láser y nostalgia, sino de temas relevantes y tratados con profundidad.
Star Wars no siempre ha sido sinónimo de aventuras ligeras. Sí, su origen es la space opera más pulp, como los seriales en los que se inspiró George Lucas para construir su trilogía original, pero en las últimas décadas la ficción ha ido ampliando horizontes gracias a otras manos y mentes.
En cómics y videojuegos, la saga ha explorado relatos más adultos, oscuros y complejos, donde la moralidad se diluye y los personajes enfrentan dilemas éticos reales. Ejemplos destacados son los cómics de Darth Vader de Charles Soule, que muestran el tormento interior del villano, su relación con el Emperador y su brutal búsqueda de poder. También destaca Doctor Aphra, una arqueóloga amoral que se mueve en los márgenes de la galaxia, lidiando con traiciones, romances y dilemas existenciales. Y que va acompañada de dos droides psicópatas.
En videojuegos, títulos como Star Wars: Knights of the Old Republic permitieron a los jugadores tomar decisiones morales profundas, elegir entre el lado luminoso y el oscuro de la Fuerza, y enfrentarse a las consecuencias. Su secuela, escrita por Chris Avellone, fue aún más filosófica, planteando una visión nihilista de la Fuerza y de la guerra. Estas historias se alejan del maniqueísmo de las películas principales, abriendo la puerta a una galaxia más madura y emocionalmente compleja.
¿No sería interesante la historia de un cadete de las legiones de Stormtroopers que se ve forzado a luchar para defender a su planeta del Imperio y acaba en una guerra que no comprende? ¿Qué tal una historia sobre los bajos fondos del Borde Exterior al estilo de El Padrino -como quiso hacer Guillermo del Toro-? ¿Y una cinta sobre detectives en Coruscant? ¿Y por qué no explorar las consecuencias de la destrucción del Imperio en la era de la Nueva República? Esto último ya lo tocó The Mandalorian y, seamos honestos, muchos no llegaron a comprenderlo. ¿Y qué habrá sido de su apuesta por el terror?
La galaxia de Star Wars es enorme y sus reglas son muy versátiles. Es un colosal cajón de sastre que permite a los creadores poder encontrar sus propias herramientas para narrar historias adultas, en clave de terror, thriller o suspense, todo ello sin traicionar a la esencia misma de la saga de Lucas.
Star Wars puede —y debe— crecer con su audiencia. La saga ya no es solo para niños -que siguen teniendo multitud de historias para disfrutar y crecer con ellas-: es también para aquellos que crecieron con El Imperio contraataca y que ahora buscan relatos más oscuros, ambiguos y humanos. Las guerras no son solo batallas épicas, sino también cicatrices personales. La Fuerza no es únicamente un poder mágico, sino una metáfora de nuestras convicciones, miedos y elecciones.
No se trata de abandonar la fantasía ni de renegar del tono familiar, sino de diversificar. Como lo ha hecho Marvel con productos como Logan o Daredevil, Lucasfilm tiene la oportunidad de explorar géneros como el thriller político, el drama bélico o el cine noir, ambientados en su vastísimo universo. Contar historias para adultos no es alejarse de Star Wars. Es profundizar en lo que siempre ha estado allí, esperando ser contado con la valentía y madurez que la saga —y sus seguidores— merecen.















