Elon Musk volvió a proyectar su mirada hacia el mañana, pero esta vez con un mensaje que roza lo radical: en su futuro ideal, el trabajo tal como lo conocemos podría desaparecer. El magnate, conocido por liderar Tesla y la red social X, participó recientemente en el US.-Saudi Investment Forum en Washington (vía Fortune), donde expuso su visión sobre la automatización y la inteligencia artificial como motores de la sociedad venidera.
Para Musk, en una o dos décadas, el trabajo será opcional. "Será como elegir hacer deporte o jugar a videojuegos. Si alguien decide trabajar, será por gusto, no por obligación. Es como cultivar tus propias verduras en el jardín: más complicado, pero gratificante para quien disfruta de hacerlo", afirmó durante su intervención. La metáfora ilustra un mundo donde la productividad dejaría de ser una imposición y se transformaría en un acto voluntario, casi lúdico. ¿Cuál es el camino? Una renta universal.
Elon Musk (54) asegura que, dentro de una o dos décadas, trabajar podría convertirse en una elección voluntaria
El epicentro de esta revolución, según Musk, serán los robots. Tesla no solo se ha consolidado como fabricante de vehículos eléctricos, sino que ha apostado por proyectos ambiciosos como los robots humanoides Optimus, concebidos para asumir tareas laborales. Aunque su lanzamiento se ha retrasado varias veces, el objetivo del magnate es claro: que máquinas e inteligencia artificial cubran las necesidades que hoy ocupan a millones de personas en empleos tradicionales.
Más allá de la tecnología, la figura de Musk sigue siendo polémica. Su implicación política, especialmente durante la segunda legislatura de Donald Trump, y su efímero paso por DOGE -un organismo diseñado para reducir el tamaño del gobierno estadounidense- han marcado su trayectoria pública con tensiones y controversias que lo acompañan hasta hoy.
Este planteamiento no es solo futurista; es disruptivo. Musk propone un cambio radical en la relación entre trabajo, tiempo libre y creatividad humana, una apuesta que mezcla utopía tecnológica con un desafío directo a la estructura laboral actual. La pregunta que queda flotando en el aire es inevitable: si los robots hacen lo que hoy hacemos, ¿qué valor tendrá nuestro tiempo y nuestra actividad diaria? En Washington, Musk no vendió coches ni redes sociales, sino un escenario donde la rutina laboral podría transformarse en elección, y la inteligencia artificial asumiría un papel protagonista















