Sin piedad arranca como un atraco al tiempo: en un Los Ángeles de futuro cercano, el detective Chris Raven (Chris Pratt) se despierta ya condenado por un sistema de “RoboJustice” que concentra el juicio en 90 minutos y deja la vida del acusado pendiendo de una cuenta atrás. La jueza no es humana, sino un holograma algorítmico —Maddox, con el rostro de Rebecca Ferguson— que exige datos, patrones y probabilidades mientras Raven intenta reconstruir qué pasó con su esposa sin recordar el punto de partida.
La película se apoya en suspense puro una puesta en escena que convierte lo digital en suspense puro: pantallas, registros, llamadas, cámaras y ventanas que se superponen como si la ciudad entera fuera un escritorio vigilado. Ahí Bekmambetov, veterano del “screenlife”, encuentra un motor eficaz: la forma imprime urgencia (la cuenta atrás que ve el protagonista también marca el ritmo del metraje) y levanta un mundo verosímil de vidas archivadas. El resultado, cuando funciona, es adrenalina con nervio técnico más que pirotecnia por obligación.
El pulso entre acusado y algoritmo
El mayor gancho está en el duelo interpretativo: Pratt tiene que sostener gran parte del film con poco margen físico —encadenado a una silla durante el juicio— y por eso apuesta por una contención extraña en su filmografía, más de desgaste que de chascarrillo. Ferguson, por su parte, juega la paradoja de Maddox: fría y quirúrgica, pero lo bastante “humana” en el tono como para incomodar, como si el sistema hubiera aprendido a parecer empático sin entender el matiz.
Funciona como un thriller ingenioso, aunque algo pasado de rosca cuando el final aprieta el botón del caos. Además, su mensaje de diluye, el problema no sería una IA desbocada, sino decisiones humanas previas (cargar sobre el acusado la prueba, recortar defensas, comprimir el proceso) y, por tanto, la película impresiona más por la tensión del momento que por lo que concluye. Y esa sensación conecta con debates reales: la justicia algorítmica ya ha mostrado sesgos y dilemas de equidad en herramientas de predicción de reincidencia y evaluación de riesgo, lo bastante serios como para haber generado investigaciones periodísticas y revisiones académicas sobre cómo se heredan desigualdades a través de los datos.
Thriller tecnológico, debate abierto
Como experiencia, carrera contrarreloj Sin piedad se disfruta si te atraen los thrillers tecnológicos con carrera contrarreloj y estética de interfaz; como ensayo sobre “máquinas juzgando a personas”, se queda más en el planteamiento que en la respuesta.















