Europa vuelve a centrar su atención en la crisis energética. La Unión Europea ha decidido retomar la estrategia de 2022 frente a la guerra: racionamientos, alertas por dependencias críticas y una preparación preventiva ante un invierno que se prevé complicado, especialmente si el conflicto en Oriente Próximo se prolonga. Bruselas ya ha enviado avisos a los Estados miembros y vigila cada movimiento con cautela, mientras Donald Trump asegura que todo podría resolverse “en dos o tres semanas”, sobre todo a raíz del reciente alto el fuego. En la UE, la prudencia sigue siendo la norma, y la Comisión Europea insta a los gobiernos a anticiparse.
En 2025, Estados Unidos se consolidó como el principal proveedor individual de petróleo para la Unión Europea, representando aproximadamente el 15% de sus importaciones totales. Este cambio forma parte de la estrategia de diversificación para reducir la dependencia de Rusia, situando a EEUU por delante de otros proveedores clave como Noruega o Kazajistán. La expansión de la producción estadounidense, principalmente mediante el fracking, ha reforzado la seguridad de suministro y la estabilidad política del continente.
La Unión Europea endurece sus normas, implementando racionamientos de petróleo y bloqueos de energía similares a los de 2022 durante la guerra contra Irán
Las rutas logísticas también influyen en la vulnerabilidad. El estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial, afecta indirectamente a la UE: aunque Estados Unidos y Noruega no dependen de él, cerca del 14-15% del suministro europeo, procedente de Arabia Saudí e Irak, sí lo hace. Este tramo crítico vuelve a ser foco de tensión en caso de bloqueos.
Noruega se ha consolidado como un socio estratégico crucial para la Unión Europea, especialmente en el suministro de gas. En 2025, proporcionó 97.100 millones de metros cúbicos a la UE, superando a Estados Unidos, que suministró 82.900 millones, según datos del Consejo de la UE. Un túnel submarino de 8800 kilómetros garantiza el suministro noruego, lo que convierte a Oslo en probablemente el socio más fiable de la Unión. Sin embargo, la preocupación crece: hace cuatro años fue el gas ruso; ahora, el petróleo, dominado por Estados Unidos y socios del Golfo afectados por la guerra, vuelve a poner a Europa en alerta.
El comisario de Energía, Dan Jorgensen, afirmó la semana pasada que, si bien la seguridad del suministro está garantizada, es fundamental prepararse para posibles perturbaciones prolongadas. Bruselas propone medidas preventivas como fomentar el teletrabajo, reducir el consumo de queroseno y diésel, alternar el acceso de vehículos a las ciudades por matrícula, promover el transporte público y la conducción eficiente, e incluso moderar la velocidad en autopistas.
Estas medidas buscan proteger a la Unión de una vulnerabilidad crítica, ya que más del 40% del diésel y el queroseno europeo proceden del Golfo Pérsico. La situación ya se está notando: un 12% de las gasolineras francesas reportó faltas puntuales de carburante, un problema logístico localizado en estaciones de Total Energies. Francia insiste en que no hay escasez real, solo tensiones puntuales.
La hoja de ruta de 2022, con RePowerEU, sigue siendo clave: diversificar el suministro, acelerar la transición ecológica, comprar gas e hidrógeno conjuntamente y aumentar el gas natural licuado. El bloqueo de Ormuz complica estas medidas en gran medida, sobre todo para EEUU e Israel. Cabe recordar que el racionamiento ya se usó en la invasión rusa de Ucrania, reduciendo el consumo de gas en 155.000 millones de metros cúbicos, lo que equivale a las importaciones europeas de Rusia en 2021.
España, desde hace años, apuesta por las renovables. Sánchez lo dijo: "Nuestras energías son el sol y el viento, no el petróleo y el gas". Eurostat indica que España aún puede mejorar en este ámbito: en 2025, las renovables representaron cerca del 50%, superando la media europea (48%), pero por detrás de Dinamarca o Austria, con tasas superiores al 90%. Europa, en estos momentos, enfrenta duras lecciones no aprendidas, como la excesiva dependencia industrial y energética, algo que complica la situación a varios niveles. Ahora la clave es ver si la estrategia contra Rusia funciona ante la crisis en Oriente Próximo.















