La isla del Ruiseñor está a salvo gracias a un transporte de 300 avispas parásitas (Microterys nietneri) congeladas que lograron reproducirse hasta formar una inmensa colonia con millones de individuos para así acabar con una peligrosa amenaza fúngica provocada por otros insectos del lugar.
Según informan desde CPG Click Petróleo e Gás, la isla del océano Atlántico Sur estaba totalmente amenazada por una silenciosa plaga de la familia de los cocoideos que estaba devorando los árboles del territorio, conocidos como Phylica arborea, muy particulares y únicos que además sirven como alimento para los Nesospiza wilkinsi, un ave endémico de la isla que roza la extinción.
Millones de avispas parasitarias congeladas salvan una isla: exterminan plagas, evitan la extinción y protegen miles de árboles
Expertos detectaron que la plaga de cocoideos se estaba extendiendo por la isla del Ruiseñor a un ritmo desenfrenado y sin ningún tipo de control: los insectos contaminaban los árboles, generando que apareciera una especie de hongo tóxico, y con ello los Nesospiza wilkinsi no podían alimentarse. La principal fuente de alimento de estas aves es justo el Phylica arborea, por lo que la especie, ya de por sí en riesgo, empezó a menguar todavía más.
En vista de la masificación de insectos, los pesticidas y otras medidas "humanas" quedaron descartadas, dejando lugar a una medida extrema: combatir el fuego con fuego. En la isla del Ruiseñor se desplegaron 300 ejemplares congelados de avispas parásitas (Microterys nietneri) con la esperanza de que estas se reprodujeran a un ritmo rápido para así acabar con la plaga que amenazaba con la extinción directa y absoluta de los Nesospiza wilkinsi de la zona.
Estas avispas en concreto no hacen daño a otros animales ni tampoco a las plantas, pero actúan como un virus para determinadas especies de insectos, en este caso los coccidae. Originarias de Asia oriental, son utilizadas generalmente en control biológico contra cochinillas (Coccidae). Las hembras, de color naranja, parasitan los estadios adultos, siendo un aliado eficiente en la agricultura para reducir plagas sin químicos.
Como era de esperar las avispas se reprodujeron a una velocidad increíble hasta llegar a expandirse por toda la isla del Ruiseñor, con millones de ejemplares que lograron frenar la amenaza que se cernía sobre los Phylica arborea y, por extensión, a los Nesospiza wilkinsi. Ahora, la curiosa especie de ave está a salvo y los árboles vuelven a crecer con normalidad en un estado saludable.















