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Jordi Mollá, 57 años: 'Tenía 9 años, era un niño que pasaba todo el día creando cosas y quería ser del mundo del cine'

Jordi Mollá recuerda el instante, cuando apenas tenía nueve años, en el que una imitación delante de su familia le hizo descubrir que había nacido para ser actor.
Jordi Mollá, 57 años: 'Tenía 9 años, era un niño que pasaba todo el día creando cosas y quería ser del mundo del cine'
Alberto González ·
Actualizado: 7:00 9/8/2026
jordi mollá

Hay actores que necesitan convertirse en la estrella absoluta de una película para dejar huella. Jordi Mollá nunca ha necesitado eso. A lo largo de su carrera ha demostrado una especial habilidad para entrar en una historia, apropiarse de ella durante unos minutos y conseguir que el espectador termine mirando más a su personaje que al supuesto protagonista. Es una de las razones por las que, décadas después de algunas de sus interpretaciones más recordadas, sigue siendo un intérprete especialmente reivindicable dentro del cine español.

Basta con recuperar títulos como Jamón, Jamón, la película de Bigas Luna estrenada en 1992 que sirvió como escaparate para una generación de actores que acabaría conquistando tanto España como Hollywood. Javier Bardem, Penélope Cruz y el propio Mollá compartieron aquella película que, con el paso del tiempo, se ha convertido en uno de los trabajos más reconocibles del cine español de los años noventa. Pero reducir la trayectoria de Mollá a aquella cinta sería quedarse en la superficie.

Jordi Mollá y el inicio de su afición por ser artista en su infancia

De hecho, volver ahora a algunas de sus películas permite comprobar hasta qué punto ha sido capaz de construir personajes con una personalidad propia. En La buena estrella, donde interpreta a Daniel, o en Historias del Kronen, Mollá consigue destacar incluso cuando la estructura de la película no está construida exclusivamente a su alrededor. Hay algo en su manera de interpretar, una mezcla de intensidad, peligro y magnetismo, que hace que resulte complicado apartar la mirada cuando aparece en pantalla.

Jordi Mollá

Nacido en L'Hospitalet de Llobregat, Jordi Mollá ha desarrollado una carrera especialmente amplia. Quizás no haya alcanzado el mismo nivel de exposición mediática que algunos de sus compañeros de aquella generación, pero su recorrido internacional habla por sí solo. Lo interesante es que Mollá nunca ha limitado su actividad creativa a la interpretación. Su inquietud artística le ha llevado también detrás de las cámaras y al terreno de la literatura y las artes plásticas. Ha dirigido películas, ha escrito novelas y ha mostrado sus pinturas y esculturas en diferentes países. Esa necesidad de crear parece formar parte de él desde mucho antes de que llegara la fama.

Y precisamente ahí está una de las claves para entender su carrera. Mollá lleva prácticamente cuatro décadas dedicado a la interpretación, pero su relación con el arte comenzó mucho antes de pisar un rodaje profesional. Durante una entrevista concedida a Esquire con motivo del estreno de su nueva serie, Day One, el actor repasó su carrera y su infancia.

Su respuesta situó ese momento en una edad sorprendentemente temprana. Cuando todavía no había cumplido los diez años ya tenía claro que aquel era el mundo al que quería pertenecer. "Mi 'day one' se remonta a los nueve años. Era un niño que estaba todo el día creando, inventando cosas, y tenía la sensación clara de pertenecer al mundo del cine. Lo sentía así: 'Yo voy a ser esto'", comenta el actor.

Para Mollá, además, llegar lejos no ha sido una cuestión de quemar etapas ni de intentar alcanzar el éxito a cualquier precio. Su filosofía profesional parece estar más relacionada con la paciencia y con saber cuándo acelerar y cuándo levantar el pie. El actor utilizó una comparación con la Fórmula 1 para explicar cómo entiende su propia trayectoria: "He llegado muy lejos, al menos para mí, pero de una manera tranquila. No a toda costa. Porque cuando intentas acelerar demasiado es cuando te pegas el ostión contra el muro. En Fórmula 1 el que más aprieta el acelerador no es el que gana; gana el que tiene astucia, experiencia y talento".

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Pero la anécdota que mejor explica su relación temprana con la interpretación tiene que ver con algo aparentemente mucho más sencillo: su capacidad para imitar a otras personas. Mucho antes de convertirse en actor profesional, Mollá ya utilizaba esa habilidad para observar a quienes tenía alrededor y reproducir sus gestos y formas de hablar. Una grabación doméstica terminó siendo, sin que nadie lo supiera entonces, una especie de primer reconocimiento de su talento.

Y resulta que fue precisamente una de esas imitaciones la que terminó haciéndole comprender que aquello podía ser algo más que un juego infantil: "De pequeño era (y sigo siendo) un grandísimo imitador, nato. Imitaba a la mitad de los vecinos. Un día mi hermano me grabó en VHS mientras imitaba a un amigo de mi padre y se lo pusimos en la tele. Mi padre se descojonó de la risa y me dijo: 'Eres un pedazo de actor que te cagas'. Y aquello me hizo click en la cabeza". Quizás aquella frase de su padre explique mejor que cualquier biografía cuándo empezó realmente la carrera de Jordi Mollá.

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