Holanda ha dado una lección a España. ha puesto en marcha un ambicioso plan para frenar la erosión en el estuario de Oosterschelde, una de las áreas naturales y costeras más importantes del país. El proyecto contempla verter millones de metros cúbicos de arena sobre distintas zonas del estuario con el objetivo de evitar la desaparición progresiva de bancos de arena, marismas y superficies que emergen durante la bajamar.
Para combatir el cambio climático, Holanda ha vertido 4,16 millones de toneladas de arena en el mar, dando una lección a España.
La operación será ejecutada por la empresa Boskalis Nederland y se centrará especialmente en Galgeplaat y Slikken van den Dortsman, dos enclaves fundamentales para numerosas especies de aves y focas, que utilizan estas áreas como refugio, zona de descanso y espacio de alimentación. El plan cuenta además con la supervisión de Rijkswaterstaat, el organismo estatal encargado de la gestión hidráulica y de las grandes infraestructuras neerlandesas.
La técnica elegida recibe el nombre de “suplementación de arena”, un sistema ampliamente utilizado en regiones costeras para restaurar sedimentos perdidos a causa de la erosión y de las alteraciones en las corrientes marinas. En el caso de Oosterschelde, el objetivo es mantener parte de estas superficies por encima del agua durante determinados momentos del ciclo de mareas, algo esencial para conservar su equilibrio ecológico y reducir además el impacto de las olas durante los temporales.
Según estudios elaborados por investigadores de Wageningen University & Research, el proyecto prevé depositar cerca de tres millones de metros cúbicos de arena en varios puntos estratégicos del estuario.Tras el asentamiento natural del material, el volumen final debería estabilizarse en torno a los 2,6 millones de metros cúbicos, una cifra también confirmada por Boskalis al anunciar el contrato.
El calendario oficial prevé que las obras concluyan en 2027, aunque el Programa para las Grandes Aguas de Holanda sitúa la fase principal de los trabajos durante el invierno de 2026 y 2027. La necesidad de esta gigantesca reposición de arena está directamente relacionada con las consecuencias derivadas de la construcción de la Oosterscheldekering, el enorme sistema de diques y barreras levantado para proteger al país de las inundaciones del Mar del Norte. Aunque la infraestructura reforzó la seguridad costera, también alteró el comportamiento natural de las mareas.
Con corrientes menos intensas, la arena dejó de redistribuirse de forma natural hacia bancos y marismas. Mientras tanto, las tormentas continúan desplazando sedimentos hacia canales más profundos, provocando que las zonas intermareales se reduzcan lentamente año tras año. En los Países Bajos este fenómeno recibe un nombre muy gráfico: “hambre de arena”, un proceso que amenaza el delicado equilibrio ecológico del estuario y que Holanda ahora intenta revertir antes de que el deterioro sea irreversible.















