En España resulta completamente normal coger el ascensor para subir tres, cuatro o cinco plantas. En muchas ciudades europeas, de hecho, cuesta imaginar un edificio residencial de varias alturas sin uno. En Estados Unidos la situación es muy diferente. Miles de edificios de poca altura siguen dependiendo exclusivamente de las escaleras, y detrás de esta curiosa diferencia hay una explicación tan inesperada como sencilla: una camilla médica.
El dato resulta llamativo. Estados Unidos tiene una población aproximadamente siete veces mayor que España, pero cuenta con menos ascensores. No se trata de una cuestión tecnológica ni de que el país carezca de capacidad para fabricar o instalar estos sistemas. El problema está relacionado con décadas de normativa y con los requisitos que se han aplicado al diseño de las cabinas.
Una camilla que cambió la arquitectura: EE.UU tiene menos ascensores que España por esta curiosa razón
Una parte importante de la explicación está en el tamaño. Durante décadas, la normativa estadounidense ha establecido unas dimensiones para los ascensores que permiten introducir una camilla médica en caso de emergencia. Además, las cabinas deben ofrecer suficiente espacio para determinadas necesidades de accesibilidad y para facilitar las maniobras en su interior.
La medida tiene una lógica evidente, ya que si alguien necesita ser evacuado en camilla desde un edificio, debe disponer de un ascensor preparado para ello, algo que puede ser fundamental. El problema aparece cuando estos mismos requisitos se aplican a edificios residenciales pequeños.
Una cabina más grande necesita también un hueco mayor, más superficie construida y una instalación más compleja. Todo ello aumenta el coste del proyecto. En determinados edificios de tres, cuatro o cinco plantas, instalar un ascensor puede dejar de resultar rentable para el promotor.
La consecuencia es bastante curiosa. Mientras en España es habitual construir pequeños bloques de viviendas con ascensor, en Estados Unidos muchas promociones de baja altura prescinden directamente de él o recurren a viviendas unifamiliares. Esta situación ha provocado que algunos legisladores estadounidenses empiecen a plantearse si las mismas exigencias deben aplicarse a todos los edificios. Maine ya ha flexibilizado determinados requisitos, mientras que Washington permite instalar ascensores más pequeños en algunos inmuebles. En Nueva York también se estudian cambios para facilitar su incorporación en edificios antiguos.
Los defensores de estas reformas sostienen que introducir ascensores más compactos podría reducir considerablemente los costes y permitir que muchos edificios que actualmente no tienen ninguno pudieran incorporar uno. No pretenden sustituir las grandes cabinas preparadas para transportar camillas, sino ofrecer alternativas cuando las características del inmueble no requieren tanto espacio.
El debate, sin embargo, también afecta a la accesibilidad. Algunas personas con discapacidad consideran que un ascensor pequeño sería una mejora enorme frente a tener que utilizar exclusivamente las escaleras. Otros recuerdan que determinadas sillas de ruedas, acompañantes o situaciones de emergencia requieren cabinas amplias.
Por eso, la discusión va mucho más allá de una simple cuestión de centímetros. Una normativa pensada para garantizar la seguridad y facilitar la evacuación médica ha terminado influyendo incluso en la forma de construir viviendas en Estados Unidos. Y ahora la pregunta es si tiene sentido exigir el mismo ascensor a un rascacielos que a un pequeño bloque de cuatro plantas. Porque, en muchos casos, un ascensor más pequeño podría ser mucho mejor que no tener ninguno.















