Lo que se presentó como el nuevo gran invento de Elon Musk -un lugar al que había que acudir sí o sí si pasabas por Los Ángeles- abrió sus puertas el pasado 21 de julio en pleno Hollywood. El Tesla Diner, un local con estética retrofuturista que parecía sacado a medio camino entre Grease y Los Supersónicos, prometía ser mucho más que un restaurante: cocina abierta 24 horas, pantallas de autocine y hasta camareros robóticos diseñados por la propia Tesla. Un plan que sonaba tan extravagante como ambicioso.
El problema es que el globo se desinfló en cuestión de semanas. Ha sido un fracaso. Apenas tres después de su inauguración, buena parte de aquellas promesas se habían esfumado. El menú, que nació como una carta amplia con desayunos a cualquier hora y hasta opciones veganas, se ha reducido a un puñado de sándwiches, algunos acompañamientos y unos pocos postres. Nada más. Y la excusa oficial -un menú “en constante evolución” y una “demanda sin precedentes”- suena más a parche que a estrategia real.
Elon Musk tropieza con su nuevo proyecto y demuestra que no siempre es el visionario que presume ser: “No funciona”
El recorte no se ha quedado en la comida. El Tesla Diner ya no funciona 24/7 como anunciaba su cartel de neón, sino que abre de seis de la mañana a medianoche. Y, por si fuera poco, el acceso está restringido a los conductores de Tesla: si simplemente querías entrar por curiosidad y no tienes coche eléctrico, olvídalo; tocará alquilar uno si quieres asomarte a la experiencia.
A esta pérdida de brillo se suma otro frente inesperado: los vecinos. Lo que para Musk era un espectáculo de luces LED y pantallas gigantes para ver películas desde el coche, para el barrio se ha convertido en una auténtica pesadilla de ruidos y contaminación lumínica. No son pocos los que describen el invento como “un infierno puro” en mitad de la noche angelina.
Los pocos comensales que han conseguido disfrutar de un almuerzo o desayuno afirman que, al contrario de lo que Elon Musk ha ido vendiendo, se trata de una especie de local de comida rápida más. "No funciona", explican algunos clientes al ver que las esperas por los pedidos son más altas de lo que cabría esperar en un local de esta índole.
Con todo ello, la historia del Tesla Diner empieza a parecerse más a otro de esos proyectos marca de la casa Musk: grandes titulares de arranque, promesas de revolución y una caída en picado en cuanto se enfrenta a la realidad. Lo que aspiraba a ser una cadena repartida por todo el país ya está tambaleándose antes siquiera de rodar.















