1. Vandal Random
  2. Noticias
  3. Una historiadora descubre un código tallado en un tesoro romano de hace 1.500 años escondido a simple vista

Una historiadora descubre un código tallado en un tesoro romano de hace 1.500 años escondido a simple vista

Una pieza expuesta durante décadas puede contener “metadatos” si se cambia la pregunta y, literalmente, el punto de vista.
Una historiadora descubre un código tallado en un tesoro romano de hace 1.500 años escondido a simple vista
·
Actualizado: 9:46 19/1/2026
historia
imperio romano

A veces, la arqueología avanza con un gesto casi doméstico: darle la vuelta a un objeto. Eso hizo la historiadora del arte y sopladora de vidrio Hallie Meredith cuando, durante una visita al Metropolitan Museum of Art, miró el reverso de una copa romana y se topó con unos símbolos discretos que llevaban siglo y medio “a la vista” sin ser leídos como información. Lo que durante generaciones se había despachado como adorno abstracto —rombos, cruces, hojas— empezó a parecer otra cosa: una pista sobre quiénes, cómo y en qué entorno se fabricaron algunas de las piezas más extravagantes del vidrio tardorromano.

La copa en cuestión pertenece a la familia de las diatreta o “cage cups”: vasos de lujo de los siglos IV-V, tallados a partir de un bloque grueso para dejar una malla exterior unida al cuerpo interior por finísimos puentes de vidrio. Esa proeza técnica ha alimentado debates durante siglos sobre procesos, herramientas y tiempos de trabajo; no hablamos de un soplado rápido, sino de un objeto que exige planificación, control del material y un acabado de precisión milimétrica. Parte de la literatura académica sobre estas piezas —incluyendo discusiones sobre fragmentos inacabados y huellas de trabajo— subraya justo eso: que el “cómo” de las diatreta es, en sí mismo, un problema histórico.

PUBLICIDAD

De la técnica al mapa de producción

La propuesta de Meredith da un giro: en vez de quedarse solo en la técnica, coloca el foco en la organización del taller. Al comparar motivos repetidos en distintos vasos y su ubicación junto a inscripciones de brindis y buenos deseos, plantea que esos signos funcionarían como marcas de fabricante —no la firma romántica de un genio aislado, sino el sello de un colectivo o un taller—, algo coherente con una producción que habría implicado varias manos (talladores, pulidores, aprendices) y una división del trabajo más estructurada de lo que suele imaginarse. La hipótesis se ha articulado en trabajos publicados en Journal of Glass Studies y difundidos después en otros foros académicos.

Lo interesante es el “método” detrás del hallazgo: no fue una máquina nueva, sino una mirada entrenada por la práctica. Meredith trabaja vidrio y enseña con enfoques de arqueología experimental, así que identifica detalles que a veces pasan inadvertidos para quien solo mira la pieza como icono estético: marcas que tienen sentido productivo, patrones que se repiten como si fueran un código interno, decisiones que delatan una cadena de fabricación. Ese cruce entre historia del arte, oficio y análisis comparado es el que convierte unos signos aparentemente decorativos en evidencias de infraestructura social: redes de artesanos, transmisión de saberes y, probablemente, normas compartidas dentro de la industria del vidrio tardorromana.

Metadatos en vidrio y lección de mirada

Si la lectura es correcta, la implicación va más allá del vidrio: se suma a la idea —bien documentada en otros ámbitos del mundo romano— de que los objetos circulaban con “identidades” de producción (sellos, marcas, estilos reconocibles) que servían para situarlos en un paisaje económico y técnico. En otras palabras: estas copas no solo cuentan la historia de quien brindó con ellas, también la de quienes las hicieron posibles, y de cómo el trabajo manual se organizaba en un momento —la Antigüedad tardía— que a menudo reducimos a emperadores, obispos y batallas.

Y queda una lección periodística sencilla: a veces, el dato está en el ángulo muerto. En el caso de las diatreta, mirar el reverso no solo añade un detalle curioso al museo: abre una vía para reconstruir autoría colectiva, cultura del taller y economía del lujo con evidencias materiales mínimas, pero obstinadamente humanas.

Comentarios: 1

En forosComentar en nuestros foros

Más sobre Ciencia

RANDOM
Flecha subir