China acaba de colocar una nueva chincheta en el mapa de la ingeniería energética mundial. En Dongying, en la provincia de Shandong, ya funciona la turbina eólica marina más grande jamás construida: un coloso de 26 MW instalado en la Base de Innovación para Pruebas y Certificación de Equipos de Energía Eólica, un centro pensado precisamente para llevar estas tecnologías al límite antes de su despliegue comercial.
No se trata solo de un récord simbólico. Este aerogenerador está diseñado para producir hasta 100 millones de kWh al año, una cifra suficiente para abastecer a unas 55.000 viviendas, y se integra de lleno en la hoja de ruta china para transformar su sistema eléctrico y reducir emisiones de cara a 2060. La ubicación no es casual: Dongying se ha convertido en un laboratorio a gran escala donde se validan soluciones pensadas para el futuro de la energía marina.
China levanta una turbina eólica marina de 26 MW, como un rascacielos de 67 pisos, capaz de generar 100 millones de kWh al año
Las dimensiones impresionan incluso sobre el papel. El rotor alcanza los 310 metros de diámetro y las palas, con 153 metros de longitud, se cuentan entre las más grandes jamás fabricadas. Su área de barrido supera los 77.000 metros cuadrados, lo que permite capturar más viento y elevar la eficiencia en entornos marinos, donde cada mejora tecnológica se traduce en miles de hogares alimentados con electricidad limpia.
El diseño no solo busca potencia, sino resistencia. La turbina incorpora soluciones específicas contra la corrosión y los tifones, un requisito indispensable para operar de forma continua en mares cada vez más exigentes. Bajo el capó, más de 30.000 componentes trabajan de forma coordinada gracias a una arquitectura de accionamiento semidirecto de tercera generación, que integra eje, generador y caja de cambios para reducir pérdidas mecánicas y mejorar la conversión energética. A esto se suman sistemas avanzados de refrigeración interna y externa, clave para mantener el rendimiento bajo cargas extremas.
Pensada para zonas con vientos medios y altos -por encima de los 8 m/s-, la turbina puede operar entre 20 y 26 MW según las condiciones. En escenarios óptimos, su aportación energética refuerza la idea de una alta densidad de generación, especialmente valiosa en regiones costeras con poco espacio disponible y una demanda eléctrica creciente.
Más allá de la electricidad que produce, el proyecto tiene un peso estratégico evidente. Reduce la dependencia de combustibles fósiles importados, fortalece la autosuficiencia energética y consolida el liderazgo industrial de China en la eólica marina. Además, actúa como plataforma de pruebas para tecnologías replicables, ampliando su impacto futuro. Dongying no es solo una turbina récord: es un anticipo del modelo energético que China quiere construir en las próximas décadas.















