Un equipo de la Universidad de Curtin ha arrojado luz sobre un fenómeno geológico que hasta ahora pasaba inadvertido: la corteza terrestre en el centro de Turquía, a lo largo de la falla de Tuz Gölü, se está separando lentamente a un ritmo de aproximadamente 1 milímetro por año. Este descubrimiento no solo redefine nuestra comprensión de la tectónica en la región, sino que también abre nuevas perspectivas sobre la evaluación del riesgo sísmico.
Investigadores descubren que la corteza de Turquía se fractura lentamente, contradiciendo teorías anteriores
La falla de Tuz Gölü se extiende a lo largo de 200 kilómetros y es visible incluso desde el aire, un recordatorio imponente de la fuerza de la naturaleza. Los investigadores, desde hace años, han estado examinando antiguos flujos de lava solidificados que se fracturaron tras erupciones y terremotos, reconstruyendo su forma original y datando con precisión cada fragmento.
Este análisis permitió confirmar que la falla no se limita a un desplazamiento lateral, como se pensaba, sino que exhibe una clara dinámica extensional: los bloques de tierra a ambos lados se separan lentamente a lo largo de milenios. El profesor Axel Schmitt, líder del estudio, asegura que este hallazgo resuelve una incógnita histórica sobre los movimientos de las fallas turcas y proporciona una base más sólida para modelar la deformación continental global. “Comprender cómo se liberan las tensiones tectónicas en regiones de colisión continental es crucial para anticipar terremotos y ajustar nuestros modelos de riesgo sísmico”, explica Schmitt.
La investigación combinó técnicas avanzadas de teledetección, análisis de microsonda iónica y datación con helio en cristales de circón presentes en la lava. Estos pequeños “relojes geológicos” registran la historia térmica de la roca y permiten determinar cuándo los flujos de lava del volcán Hasandağ se enfriaron y se fracturaron, ofreciendo una cronología precisa de la separación continental.
La coautora Janet Harvey subraya que la falla de Tuz Gölü presenta actividad sísmica menos frecuente que otras fallas turcas, lo que convierte el estudio del paisaje y de los flujos de lava en una ventana indispensable para entender la deformación tectónica lenta. La interacción entre las placas euroasiática, arábiga y africana en esta zona estratégica proporciona un laboratorio natural para estudiar cómo se distribuyen las tensiones cuando los continentes colisionan.















