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Científicos afirman que la colisión entre nuestra galaxia, la Vía Láctea, y Andrómeda ya ha comenzado

La Vía Láctea y Andrómeda podrían no chocar los nuevos datos de Gaia y Hubble ponen en duda el destino que durante décadas se consideró inevitable.
Científicos afirman que la colisión entre nuestra galaxia, la Vía Láctea, y Andrómeda ya ha comenzado
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Actualizado: 8:01 20/8/2026
vía láctea

Durante décadas, la astronomía ha presentado el encuentro entre la Vía Láctea y Andrómeda como uno de los grandes acontecimientos que marcarán el futuro del Grupo Local. Ambas galaxias se encuentran actualmente a unos 2,5 millones de años luz de distancia y, debido a su interacción gravitatoria, se aproximan lentamente. El escenario tradicional apuntaba a que dentro de unos 4000 o 5000 millones de años comenzarían una compleja danza gravitatoria que acabaría con la formación de una única galaxia, bautizada popularmente como Lactómeda.

Sin embargo, las observaciones más recientes han introducido una importante dosis de incertidumbre. Los datos recopilados por los telescopios espaciales Gaia y Hubble, combinados con nuevos modelos sobre los movimientos y las masas de las galaxias, apuntan a que la fusión no es necesariamente inevitable. De hecho, algunos cálculos sitúan en torno al 50 % la posibilidad de que Vía Láctea y Andrómeda terminen fusionándose durante los próximos miles de millones de años.

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Para algunos expertos, sus enormes halos de gas podrían estar ya interactuando o incluso solapándose, generando una primera fase de contacto entre estos colosales cuerpos celestes. Cabe destacar que, al acercarse dos galaxias, sus halos gaseosos pueden verse afectados por perturbaciones gravitatorias, experimentando cambios en densidad, temperatura y movimiento. Por ello, los astrónomos consideran el medio circungaláctico crucial para comprender las primeras etapas de las interacciones galácticas.

Una interacción que empieza mucho antes del choque

Para entender lo que puede ocurrir hay que tener en cuenta que una galaxia es mucho más que el conjunto de estrellas que podemos observar desde la Tierra. Alrededor de la Vía Láctea y Andrómeda existen enormes halos de gas extremadamente tenue y caliente que se extienden cientos de miles de años luz alrededor de sus respectivos discos.

Observando la noche

Estos halos, conocidos como medios circungalácticos, desempeñan un papel fundamental en la evolución de las galaxias. Las investigaciones dirigidas por astrónomos como Nikole M. Nielsen han permitido estudiar con mayor precisión estas estructuras y comprender hasta qué punto pueden influir en la interacción entre galaxias. Esta interacción temprana entre galaxias sugiere que la primera fase de la colisión galáctica podría estar en marcha, alterando los modelos clásicos de cómo y cuándo ocurriría el choque.

Esto ha llevado a plantear un escenario diferente: aunque las estrellas de la Vía Láctea y Andrómeda todavía están separadas por una distancia gigantesca, sus regiones exteriores podrían encontrarse mucho antes de que los discos galácticos lleguen a interactuar directamente. No significa que ambas galaxias estén actualmente chocando, pero sí que su relación gravitatoria es mucho más compleja de lo que podría parecer.

El futuro de la Vía Láctea podría depender de galaxias que ni siquiera son sus principales protagonistas.

M33 y la Gran Nube de Magallanes cambian las reglas

La incertidumbre aumenta al incorporar al cálculo otras galaxias del Grupo Local. Entre ellas destacan M33, la galaxia del Triángulo, y la Gran Nube de Magallanes. Aunque son considerablemente más pequeñas que la Vía Láctea y Andrómeda, sus masas y movimientos pueden modificar las trayectorias de las dos grandes galaxias.

Galaxias chocando

Los modelos más recientes muestran precisamente que M33 podría favorecer una futura fusión, mientras que la Gran Nube de Magallanes tendría el efecto contrario. Al incluir estos factores y las mediciones obtenidas por Gaia y Hubble, el supuesto choque inevitable se transforma en un escenario mucho más incierto.

Esto demuestra también las dificultades de realizar predicciones a escalas de miles de millones de años. Una pequeña variación en la velocidad, la masa o la trayectoria de una galaxia puede provocar diferencias enormes cuando se proyecta durante periodos de tiempo tan extraordinariamente largos.

¿Qué pasaría si finalmente chocaran?

Si Vía Láctea y Andrómeda terminan fusionándose, no habría que imaginar una colisión convencional. Las distancias entre las estrellas son tan grandes que los impactos directos serían extremadamente improbables. La gravedad sería, en cambio, la gran protagonista: deformaría los brazos espirales, modificaría las órbitas estelares y comprimiría grandes nubes de gas, favoreciendo nuevos episodios de formación de estrellas. El Sistema Solar podría cambiar de posición dentro de la nueva galaxia e incluso existe la posibilidad de que fuese expulsado hacia una región exterior.

No obstante, para entonces la Tierra tendrá un problema mucho más grave. Dentro de unos 5000 millones de años, el Sol agotará el hidrógeno de su núcleo y evolucionará hacia una gigante roja. Su expansión y el aumento de su luminosidad harán que nuestro planeta sea inhabitable mucho antes de que cualquier hipotética Lactómeda pueda convertirse en una realidad.

Por tanto, el gran choque entre las dos galaxias sigue siendo posible, pero ya no puede considerarse un destino escrito. El futuro de la Vía Láctea continúa abierto y, por ahora, los astrónomos solo pueden asignar probabilidades a un acontecimiento que, si llega a producirse, tendrá lugar mucho después de que nuestra civilización haya desaparecido.

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