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Arqueólogos encuentran la imagen de Jesús más antigua de la historia: 'Sin cruz ni barba en un fresco de hace 1.800 años'

Si el hallazgo no “reescribe” por sí solo los manuales de historia, sí abre una ventana rara: cómo se veía a Jesús cuando aún no había un Jesús “único” en imágenes, y cómo una comunidad de Anatolia tradujo una fe emergente al vocabulario visual del Imperio.
Arqueólogos encuentran la imagen de Jesús más antigua de la historia: 'Sin cruz ni barba en un fresco de hace 1.800 años'
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Actualizado: 11:36 14/1/2026

Bajo una colina de İznik (la antigua Nicea, en Turquía), un hipogeo del siglo III ha vuelto a respirar aire después de casi dos milenios. En una de sus paredes, donde lo normal sería encontrar motivos decorativos o escenas de banquete al estilo romano, aparece algo mucho más raro: un Jesús joven, sin barba, vestido a la manera clásica y cargando un animal sobre los hombros. No es la imagen “canónica” que hoy asociamos al cristianismo; es otra cosa: un Cristo todavía camuflado en el lenguaje visual de su época.

El fresco —localizado en la necrópolis de Hisardere, cerca de la ciudad— fue descubierto en la campaña de 2025 y ha sorprendido por su conservación y por su “acento” romano: toga, serenidad, gesto de pastor y una escena pastoral que, según los arqueólogos, apenas tiene paralelos en Anatolia. Por eso el hallazgo se está presentando como la primera imagen pintada de Jesús encontrada en la región y, a la vez, como una de las mejor preservadas allí dentro de ese repertorio temprano.

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El símbolo del Buen Pastor

La clave está en el símbolo. Antes de que la cruz se impusiera como emblema universal, el “Buen Pastor” funcionó como una contraseña visual: protección, guía, salvación… dicho sin decirlo. La iconografía, además, se apoya en un truco muy humano: reutilizar imágenes conocidas del mundo grecorromano (el portador del animal, el pastor idealizado) y “bautizarlas” con un significado nuevo, especialmente útil en contextos donde la fe no siempre podía mostrarse de forma explícita.

Lo fascinante es que la tumba no es un “set” exclusivamente cristiano: conviven aves, vegetación y retratos de personajes acomodados —incluso con figuras serviles—, como si el difunto quisiera seguir hablando el idioma social de Roma mientras ensaya una esperanza distinta para el más allá. En el interior se han documentado también restos humanos de varios individuos, incluido un bebé, un detalle que refuerza la hipótesis de un enterramiento familiar y de cierto estatus.

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Nicea, memoria y trabajo de conservación

Y luego está el lugar, que no es un punto cualquiera del mapa. Nicea/İznik es una palabra mayor en la historia cristiana: aquí se formuló en 325 el credo niceno, y la ciudad arrastra esa memoria como un imán. Que una de las representaciones más tempranas y “a la romana” de Jesús aparezca precisamente en este entorno añade tensión narrativa al hallazgo: conecta el cristianismo de las catacumbas —todavía simbólico, discreto— con el cristianismo que, décadas después, empezaría a institucionalizarse.

Ahora empieza la parte menos cinematográfica y más decisiva: conservar, estudiar, comparar. Los equipos tendrán que exprimir el fresco (pigmentos, capas de mortero, estilo) y, sobre todo, situarlo con precisión dentro del paisaje funerario local, porque la necrópolis cubre siglos de uso y puede esconder más sorpresas.

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