La compañía alemana SINN Power GmbH ha lanzado un proyecto pionero que promete revolucionar la energía solar: la primera planta fotovoltaica flotante del mundo con paneles instalados en posición vertical. Presentada en un acto institucional, la empresa demostró su funcionamiento real y abogó por una combinación poco común en este tipo de tecnologías: eficiencia energética, integración ambiental y viabilidad económica.
Ubicada en Starnberg, en la región bávara de Alemania, la planta cuenta con aproximadamente 2500 módulos solares dispuestos verticalmente sobre una superficie acuática. Con una potencia de 1,87 MW, ya contribuye parcialmente al suministro de una industria cercana. Su característica técnica distintiva reside en la orientación de los paneles, que permite generar electricidad en franjas del día tradicionalmente menos aprovechadas, como las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde.
Para asegurar la estabilidad de la estructura sobre el agua, SINN Power ha desarrollado un sistema de flotación llamado Skipp-Float, que funciona de manera similar a una quilla submarina. Este elemento proporciona resistencia a corrientes, viento y oleaje, reduciendo el desgaste de la instalación y prolongando su vida útil. Además, esta configuración ayuda a suavizar los picos de producción solar, distribuyendo la generación de forma más uniforme.
En los sistemas convencionales del hemisferio norte, los paneles solares suelen orientarse hacia el sur para maximizar la producción al mediodía, cuando la demanda energética no siempre es máxima. Curiosamente, es esta disposición vertical con módulos bifaciales la que permite captar radiación por ambas caras, especialmente desde el este y el oeste, lo que desplaza parte de la producción a las horas de transición del día.
La instalación sobre el agua ofrece ventajas adicionales. La superficie del lago actúa como un reflector natural, aumentando la captación de luz en la cara inferior de los paneles gracias al efecto albedo. Además, el entorno acuático proporciona un enfriamiento natural que mejora el rendimiento de los módulos y reduce el estrés térmico, prolongando su vida útil.
Las estructuras deben soportar condiciones exigentes. Cada plataforma incorpora una quilla de aproximadamente 1,6 metros para mejorar la estabilidad general, mientras que los sistemas de cableado flexible absorben parte de la energía del viento, evitando daños en episodios de fuerte climatología.
A pesar de su potencial, esta tecnología presenta desafíos y problemas inherentes a su particular naturaleza. El uso de materiales resistentes a la corrosión y al entorno acuático incrementa los costes iniciales de instalación. Aunque el impacto ambiental parece reducido en comparación con otras infraestructuras energéticas, aún se están evaluando los posibles efectos a largo plazo sobre los ecosistemas lacustres.
