El running se ha consolidado en la última década como uno de los deportes más practicados en todo el mundo, incluso en España. Las maratones y medias maratones baten récords de participación cada año, con un crecimiento estimado del 39% en 2024 respecto al año anterior, según datos de asociaciones internacionales de atletismo.
Sin embargo, junto al auge de este estilo de vida saludable hay un tema tabú que afecta a casi la mitad de quienes corren largas distancias: los problemas intestinales derivados de la isquemia intestinal transitoria.
Un estudio de referencia publicado en Scandinavian Journal of Gastroenterology (2008) encuestó a más de 1.200 corredores y reveló que el 45% de los participantes presentó algún problema gastrointestinal durante una carrera. Un 11% sufrió episodios considerados graves, y un 2,7% continuó con síntomas en las 24 horas posteriores. A pesar de que casi todos lograron finalizar la prueba (el 98%), los resultados ponen sobre la mesa un problema más común de lo que suele reconocerse públicamente.
¿Qué ocurre en el intestino durante la carrera?
La explicación está en la fisiología. Cuando el cuerpo se ve obligado a mantener un esfuerzo prolongado, el flujo sanguíneo se redirige de forma prioritaria hacia los músculos en actividad y el sistema respiratorio. Esa redistribución provoca que los intestinos reciban un 60-80% menos de sangre durante la práctica intensa, según datos del American College of Gastroenterology. Esta reducción puede desencadenar isquemia intestinal, es decir, una disminución drástica en el aporte sanguíneo al tejido intestinal.
Aunque en la mayoría de los casos se trata de un proceso reversible que genera molestias leves (náuseas, diarrea, dolor abdominal), en algunos corredores puede derivar en episodios más serios, incluso en lesiones en la mucosa intestinal si el esfuerzo es extremo y sostenido.
Factores de riesgo
El mismo estudio del Scandinavian Journal identificó varios factores asociados a una mayor probabilidad de sufrir estos síntomas:
- Menor experiencia deportiva y falta de adaptación a la larga distancia.
- Edad más joven, posiblemente por menor tolerancia fisiológica al esfuerzo.
- Hidratación inadecuada, un elemento clave, ya que la pérdida de líquidos intensifica la reducción del flujo sanguíneo intestinal.
- Otros trabajos, como los publicados en Current Sports Medicine Reports (2014), coinciden en que la deshidratación y la ingesta excesiva de ciertos suplementos o geles energéticos durante la carrera pueden exacerbar el problema.
Un tabú en la comunidad runner
Los expertos señalan que muchos corredores evitan hablar de estas molestias por pudor, al estar vinculadas a episodios de diarrea, gases o urgencia intestinal en plena competición. Sin embargo, la prevalencia es tan elevada que se ha llegado a bautizar popularmente como “runner’s trots” en el ámbito anglosajón.
Más allá de la incomodidad, los médicos deportivos recomiendan no ignorar estos síntomas, ya que pueden indicar estrés excesivo en el aparato digestivo. Ajustar la dieta previa a la carrera, mantener una hidratación adecuada y entrenar la tolerancia intestinal al esfuerzo son estrategias preventivas.















