En octubre de 2024, dos buzos franceses hicieron historia en la provincia de Maluku, Indonesia. Alexis Chappuis y Julien Leblond descendieron a casi 145 metros, tras dos años de exploración y más de 50 inmersiones, para documentar por primera vez un celacanto vivo en su hábitat natural. Este registro abre una ventana inédita sobre la distribución y comportamiento de una especie considerada “fósil viviente”.
Equipados con rebreathers de circuito cerrado y tras un minucioso mapeo del fondo marino, los buzos encontraron al celacanto entre salientes rocosos cubiertos de esponjas. La criatura, de tonos azul oscuro salpicados de manchas blancas, se movía lentamente, permitiendo filmarla en silencio antes de desaparecer en la penumbra. Sorprendentemente, un día después se repitió el encuentro con el mismo individuo, confirmado por el patrón único de manchas, convirtiéndose en la primera observación repetida de la especie en la región.
Confirmado: buzos franceses filman un celacanto vivo a 145 metros, un hallazgo sin precedentes
El celacanto, Latimeria menadoensis, había sido considerado extinto hasta que un ejemplar apareció frente a Sudáfrica en 1938. Desde entonces, solo se conocen dos especies vivas, Latimeria chalumnae y L. menadoensis, que habitan entre 100 y 400 metros de profundidad. Su anatomía conserva rasgos ancestrales: aletas carnosas semejantes a extremidades, cráneo bifurcado y pulmón vestigial, elementos que ofrecen pistas sobre la transición evolutiva del mar a la tierra.
Pese a vivir en profundidades que antaño los protegían, los celacantos se enfrentan hoy a grandes y crecientes amenazas: el aumento de la temperatura del mar, la contaminación por plásticos, el ruido submarino y la expansión del turismo de aguas profundas reducen su margen de seguridad. Su ciclo reproductivo extremadamente lento -madurez sexual alrededor de los 55 años y gestaciones de hasta cinco años- hace que cada individuo sea crucial para la supervivencia de la especie, catalogada como vulnerable por la UICN.
Aunque esta observación no confirma la existencia de una población estable en Maluku, sugiere fuertemente la presencia de individuos locales y posibles refugios aún inexplorados entre Sulawesi y Papúa Occidental. El equipo francés ahora planea estudios genéticos no invasivos para mapear la diversidad, movimientos y distribución sin perturbar a los ejemplares.
Este hallazgo marca un paso decisivo para comprender la biogeografía y el comportamiento natural del celacanto y refuerza la urgencia de estrategias de conservación que protejan a uno de los vertebrados marinos más antiguos y enigmáticos de la Tierra.















