La idea de conectar Asia y América a través del estrecho de Bering vuelve a cobrar fuerza con un proyecto que desafía los límites de la ingeniería moderna: un túnel ferroviario de casi 100 kilómetros bajo un mar helado, sísmico y extremadamente remoto.
Esta arteria subterránea no sería solo un paso para trenes de pasajeros y mercancías, sino también un corredor para oleoductos, gasoductos, cables de fibra óptica e incluso líneas eléctricas de alta tensión, concentrando transporte, energía y conectividad digital en una única estructura. El costo estimado alcanza la astronómica cifra de 250 mil millones de dólares.
EE.UU. y Rusia respaldan el mega túnel ferroviario de 250 millones entre Asia y América, pero alertan de riesgo sísmico de magnitud 7,9
El estrecho de Bering separa Chukotka, en Rusia, de Alaska, en Estados Unidos, con una distancia aproximada de 85 a 90 kilómetros. Aunque las aguas no son especialmente profundas, con menos de 50 metros en la mayoría de sus tramos, los hielos estacionales, las fuertes corrientes y la actividad sísmica de la región, donde podrían registrarse terremotos cercanos a magnitud 7,9, convierten la obra en un desafío técnico sin precedentes.
La propuesta contempla un túnel excavado directamente en la roca, evitando la idea de un tubo apoyado en el lecho marino, y diseñado con sucursales interconectadas y galerías de servicios al estilo del Canal de la Mancha, pero en un entorno mucho más aislado. El plan no se limita al pasaje submarino: el presupuesto incluye también miles de kilómetros de vías y carreteras sobre tundra y permafrost, estaciones logísticas, instalaciones de mantenimiento y sistemas de seguridad avanzados, necesarios para garantizar la operación de un corredor multimodal que pueda soportar trenes de alta capacidad, transporte de combustibles y datos a lo largo de toda la ruta.
La coordinación internacional, la alineación de regulaciones, aduanas y normativas, así como la atracción de inversiones compatibles con el costo de 250 mil millones de dólares, son retos tan importantes como la propia excavación.
Por ahora, el túnel del estrecho de Bering sigue siendo una visión ambiciosa más que un proyecto tangible. Su potencial logístico, energético y estratégico es enorme, pero estabilizar vías en permafrost, garantizar seguridad sísmica y asegurar la viabilidad económica mantienen el plan en el terreno de la teoría. Una obra de esta envergadura, capaz de conectar continentes, sigue siendo un sueño gigantesco de la ingeniería moderna.















