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Adiós a las montañas rusas extremas: el nuevo negocio secreto de los parques temáticos cambia el concepto de 'diversión'

Los visitantes y los diseñadores han crecido, y con ellos también lo han hecho sus prioridades y expectativas. Los parques temáticos llevan años cambiando y no nos hemos dado cuenta.
Adiós a las montañas rusas extremas: el nuevo negocio secreto de los parques temáticos cambia el concepto de 'diversión'
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Actualizado: 7:41 31/8/2025
ocio
parque temático

Los parques temáticos están cambiando. Hubo un tiempo en el que los parques de atracciones vivían obsesionados con una sola cosa: la adrenalina. Era la era dorada de las montañas rusas, en la que cada año se inauguraba un nuevo monstruo de acero o madera diseñado para aterrorizar a los más valientes. Estas inauguraciones, que generalmente desafiaban los límites de la ingeniería, marcaban el ritmo de actualizaciones de los parques, así como su espíritu.

Tras algún anuncio aislado, las grandes empresas como Disney y Universal, buscan ofrecer otra cosa. Si visitamos hoy un gran parque, la sensación es distinta. La industria ha cambiado de rumbo. Según datos recogidos en Business Explains The World, durante los años dosmil, solo en Estados Unidos se levantaron 246 montañas rusas. Dos décadas después, la cifra se ha reducido a la mitad, mientras que crecen las inversiones en experiencias familiares, infantiles y, sobre todo, tematizadas.

Los parques temáticos abandonan las montañas rusas extremas y apuestan por un nuevo modelo de diversión secreta

La explicación, dentro del sector, resulta tan lógica como inevitable. Tras años cortejando a los amantes del riesgo, los parques apuntan ahora a otro público: las familias. Chris Reynolds, ingeniero especializado en atracciones, lo resume con ironía en una frase: “ya no somos adolescentes”. Quienes diseñan las montañas rusas también han madurado, y lo que buscan hoy es menos la descarga de adrenalina y más la creación de recuerdos compartidos.

Super Mario World Theme Park

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Pero no todo se reduce a cuestiones emocionales. La física también pone sus propias fronteras. Desde que en 1959 Disneyland revolucionara el sector con la primera montaña rusa de raíles de acero tubular, la carrera por superar récords parecía no tener fin: más alto, más rápido, más enrevesado. Sin embargo, esa competencia terminó por estancarse. Por muchas vueltas que se den, las atracciones deben respetar ciertos límites si no quieren destrozar el cuerpo humano. La innovación acabó ahogada en milésimas de segundo y centímetros de altura.

“Ya no somos adolescentes; los parques temáticos han evolucionado”

Eso no significa que no haya excepciones. Arabia Saudí está tratando de comprar el trono a golpe de talonario con proyectos como Falcons Flight, en Six Flags Qiddiya City: 195 metros de subida, 250 km/h de velocidad y 4250 metros de recorrido, lo nunca visto. Uno de sus récords, el de longitud, no se batía desde el año 2000.

Star Wars y Galaxy Edge

Sin embargo, incluso con esas cifras de vértigo, la industria sabe que la verdadera batalla ya no está en la altura ni en la velocidad. El presente se juega en otro terreno: el del relato. Hoy los parques son parte del mercado transmedia, auténticas extensiones de sagas y universos de ficción. El negocio está en la nostalgia, en el storytelling que convierte una atracción en un viaje a Hogwarts, una batalla de Star Wars o un paseo por el mundo de Mario. La adrenalina cede terreno frente a la inmersión total. Al final, la emoción no solo se mide en latidos acelerados. Se mide en recuerdos. Y eso, la industria lo ha entendido mejor que nunca.

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