Analisis Mon Bazou, un relajante simulador de amante de los coches en las montañas canadienses (PC)
Cuando pensamos en juegos cozy, pensamos en juegos cuquis y tranquilos, generalmente de granjas o similares. Pero ¿es posible tener un juego cozy de tunear nuestro coche? Pues la respuesta, aparentemente, es sí. El título que hoy nos ocupa nos ofrece una propuesta un tanto humorística sobre tunear nuestra chatarra en las montañas de Canadá con un resultado sorprendentemente adictivo.
Perdidos en las montañas de Canadá
Mon Bazou es un juego relativamente difícil de explicar. Ofrece una gran cantidad de cosas por hacer: desde cortar madera, fabricar jarabe de arce, entregar pizzas o cultivar cannabis hasta construir tu propio garaje y modificar tus vehículos para carreras o simplemente para desplazarte por el mapa. La variedad de actividades y la constante evolución de tus máquinas es lo que mantiene enganchados a los jugadores. Gran parte del encanto radica en ese ciclo de progreso: trabajas duro para ganar dinero, inviertes en mejores herramientas o piezas para tu coche, y luego vuelves al trabajo con una eficiencia mucho mayor.
Una de las grandes alabanzas de Mon Bazou viene de su sistema de mecánica: desmontar, construir y ajustar cada pieza de tu coche es uno de los momentos más gratificantes. La sensación de ver tu bazou (chatarra) transformarse en una máquina de carreras, con piezas que poco a poco van mejorando el rendimiento, es tremendamente satisfactorio y gratificante. Eso sí, queremos dejar claro que las físicas y son un tanto... irreales. Aunque han mejorado con las últimas actualizaciones, la conducción no es la mejor, pecando de impredecibles en situaciones de conducción extrema. Esto no arruina el juego, pero es un recordatorio constante de su naturaleza indie, y en nuestra opinión es un apartado con margen de mejora.
Una meticulosa experiencia
Aparte, a nivel jugable, es bastante interesante por su meticulosidad. Lo primero que vamos a aprender es que si queremos cambiar una rueda tenemos que cogerla, llevarla al coche, colocarla, coger la llave inglesa, los tornillos y atornillarlos uno a uno. Todo es así. Como decimos, es un juego cozy, por lo que no hay presión ni peligros, y nos podemos tomar cada actividad con calma.
Cuando esto se aplica a todo lo que haces en el juego, la progresión puede volverse muy pesada, especialmente tras bastantes horas de juego. A nosotros nos atrapó mucho de primeras pero, tras una semana jugando regularmente un buen puñado de horas, el ritmo nos empezó a parecer algo repetitivo. Obviamente, este diseño de gestión y mejora constante puede atrapar a muchos de vosotros, por lo que va a depender por completo de cada uno.
Aparte, es un título que literalmente desde la pantalla de inicio te avisa de que no te va a contar nada, y creemos que está pensado para aprender de otros jugadores. El juego ha generado una base de fans muy activa que comparte diseños de coches, estrategias para optimizar la granja de jarabe de arce y soluciones a problemas mecánicos, así que si te gusta ese componente «social», creemos que esto puede jugar a su favor. Si no, la curva de aprendizaje sigue siendo empinada y el juego no te lleva de la mano, lo que puede frustrar a los jugadores que buscan una experiencia más guiada o lineal.
Por último, es importante notar que el juego está diseñado como una experiencia puramente individual. A diferencia de lo que se especulaba inicialmente, el desarrollador ha priorizado expandir el contenido para un jugador (nuevos vehículos y piezas) sobre un posible modo multijugador, pero hay un mod que nos permite jugar con amigos, algo que, creemos, mejora notablemente la experiencia.
Estilo visual y ambientación relajada
Visualmente, sobra decir que, como veis, Mon Bazou no busca competir en realismo fotográfico: su estilo es funcional y sencillo, lo que permite que el juego corra bien en una gran variedad de hardware mientras se centra en la profundidad de sus sistemas. Esta estética sencilla encaja perfectamente con el espíritu de Santa Goat: priorizar la jugabilidad y la libertad del jugador sobre el acabado visual. Hablando de la jugabilidad, nos ha resultado un tanto torpe jugar con mando, ya que es un título que requiere bastante precisión a la hora de apuntar para interactuar con los objetos, así que si vais a jugarlo así, nos parece un detalle a tener en cuenta.
La ambientación rural de Quebec, salpicada de humor local y detalles cotidianos, le otorga una identidad única. Ese toque cultural y la mezcla de tareas (como tunear un coche mientras esperas a que hierva el jarabe de arce) lo diferencian claramente de otros simuladores de mecánica más estériles. Como nota, en lo sonoro es bastante minimalista, y ofrece traducción al castellano hecha por fans, que está bastante bien.
Un «simulador» con alma y paciencia
Mon Bazou es un juego que enamora a quienes disfrutan de la progresión lenta, la mecánica detallada y la vida en un mundo abierto sin presiones. Su combinación de cultura tuning, economía agrícola y actividades secundarias crea un bucle altamente adictivo para el jugador paciente. La libertad para jugar a tu ritmo y la satisfacción de construir algo desde cero justifican con creces su excelente reputación. Eso sí, os avisamos de que es un juego que requiere tiempo –mucho– y paciencia –mucha– para ver todo lo que tiene que ofrecer.
Hemos realizado este análisis en Steam Deck con un código de descarga proporcionado por Santa Goat.

NOTA
Puntos positivos
Puntos negativos
En resumen
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