Análisis de Kapital: Sparks of Revolution, estrategia contra la revolución popular (PC)

En Kapital: Sparks of Revolution nos convertimos en alcalde de una ciudad del siglo XIX arrasada por la guerra para gestionarla y evitar que el pueblo se subleve contra nuestro gobierno.
Kapital: Sparks of Revolution
·
Actualizado: 11:44 3/5/2022
Análisis de versión PC.

Kapital: Sparks of Revolution es un juego de gestión y estrategia que nos pone al frente de una ciudad destrozada por una gran guerra. Entre los escombros de las casas se yergue un gran palacio en el que vivimos, trabajamos y tomamos decisiones para los ciudadanos, que a su vez se dividen en tres clases estancas: nobleza, burguesía y clase trabajadora. El leitmotiv de este proyecto, desarrollado por Lapovich Team y editado por 1C Entertainment, es que además de enfrentarnos a la gestión de los recursos, sus sistemas también nos desafiarán a tener en cuenta las necesidades de cada clase para evitar que una revolución del pueblo acabe con nuestro régimen.

Esa idea trae consigo pocos, pero interesantes cambios a la tradicional fórmula del género. Los elementos habituales van a estar presentes aquí, desde la gestión del dinero, la madera y otros materiales, hasta la construcción de edificios, la investigación de nuevas tecnologías y los eventos aleatorios que nos forzarán a tomar una decisión con efectos directos en nuestros recursos. Además de todo esto, en Kapital: Sparks of Revolution también se suman otros factores a tener en cuenta: la felicidad de cada estamento de la sociedad, los movimientos migratorios y, por supuesto, el constante riesgo de una protesta civil.

Estrategia y gestión a la antigua usanza

Como es común en este tipo de títulos, la experiencia se divide en dos modalidades principales: por un lado tenemos una campaña de entre 10 y 15 horas en la que varios personajes nos van dando objetivos para encauzar nuestra gestión, mientras que por otro hay un modo sandbox en el que podemos jugar de una forma algo más libre. En ambos las mecánicas son idénticas y, como de costumbre, se van haciendo más profundas a medida que pasa el tiempo y desbloqueamos nuevas formas de afrontar el progreso de nuestra ciudad, con nuevos edificios de producción, nuevas tecnologías, leyes que desbloquean dinámicas que le dan al juego un plus de interactividad… A efectos jugables podemos esperar una profundidad muy similar a la de la saga Tropico.

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Todas estas partes del juego mantienen a rajatabla la temática principal de Kapital: Sparks of Revolution, es decir, la lucha de clases. De esa forma, los edificios están limitados por estamentos, prohibiendo la entrada a trabajadores en los restaurantes más caros, por ejemplo, y el día se divide en tres partes (tiempo de trabajo, tiempo libre y tiempo de descanso), como muestra del contexto histórico en el que se enmarca la obra. Con esta configuración, nuestro deber es equilibrar los recursos de manera que mantengamos la felicidad de cada clase social en un porcentaje adecuado: mientras más edificios para la clase obrera haya, por ejemplo, más felicidad tendrán. La felicidad no sólo impide que los miembros de dicho grupo se subleven contra nosotros, sino que también nos otorgará beneficios temporales fruto del apoyo de cada clase social.

El palacio es el epicentro de nuestro poder. Los revolucionarios tratarán de tomarlo cuando las protestas progresen, algo que tendremos que evitar tirando de fuerza bruta.
El palacio es el epicentro de nuestro poder. Los revolucionarios tratarán de tomarlo cuando las protestas progresen, algo que tendremos que evitar tirando de fuerza bruta.

Evidentemente, esto se va complicando a medida que avanzamos en el juego. Lo que en un principio se plantea como un pequeño asentamiento fácil de controlar se va transformando en una urbe cada vez más inestable. Las decisiones que tenemos que tomar, a veces de forma obligatoria, afectarán a la felicidad de ciertas clases sociales: por ejemplo, desbloquear el crematorio favorecerá la gestión de los fallecidos en nuestra ciudad, pero también nos costará una pérdida de imagen por parte de los ciudadanos. Aquí nos encontramos con una irregularidad clave a la hora de valorar el proyecto: mientras que hay algunas relaciones que tienen más o menos sentido, en general Kapital: Sparks of Revolution peca de simplismo a la hora de establecer este tipo de reacciones en la sociedad y a veces cae incluso en el clasismo, haciendo que los trabajadores se subleven si no tienen suficiente alcohol, por ejemplo.

Contra el fantasma que recorre Europa

Además de evitar la revolución, alrededor del juego también orbita otra idea complementaria: no podemos hacer felices a todo el mundo. Esto a nivel jugable se traduce en que las decisiones que tomemos implicarán efectos positivos en un estamento y negativos en otro, casi de forma radical. Es otro acercamiento simplista a la gestión de la sociedad: en un juego de estrategia, que establece su propio marco ficcional, ¿por qué no puedo construir mansiones para la clase obrera? Incluso aunque tenga dinero y gestione bien los recursos de la ciudad, los edificios están capados a cada estamento, prohibiendo que yo, como gestor ficticio de esta urbe ficticia, pueda dar un buen nivel de vida igualitario para todo el mundo independientemente de sus clases.

Si nos ganamos el favor de alguna de las tres clases conseguiremos bonus temporales que aumentarán la producción de ciertos materiales.
Si nos ganamos el favor de alguna de las tres clases conseguiremos bonus temporales que aumentarán la producción de ciertos materiales.

Cae de cajón que un juego inspirado por el clasismo del siglo XIX, que sirvió como motor de la lucha de clases y las revoluciones burguesas europeas, va a acabar siendo efectivamente clasista; lo interesante es ver si un título que refleja aquella realidad es capaz de aportar una mirada perspicaz o si simplemente se va a quedar en recrear las situaciones injustas que se daban en aquella época. Teniendo en cuenta que Kapital: Sparks of Revolution nos invita, por ejemplo, a aplacar las protestas civiles enviando patrullas policiales a las que podemos ordenar que disparen a matar, creemos no equivocarnos al decir que está más cerca de lo segundo que de lo primero. ¿Qué implica recrear sin criticar? ¿Se trata de una herramienta que propicie el debate o sólo de un juego que se aprovecha de una estética determinada sin tener en cuenta su contexto?

Porque eso sí, aunque no parezca tener intención de realizar un comentario sobre la lucha de clases (lo cual ya es un comentario en sí mismo), Kapital: Sparks of Revolution recoge con gusto la estética de la época y nos ofrece una curiosa versión pixelada de una ciudad europea del siglo XIX. Su apartado visual es de lo mejor del conjunto gracias a un pixel art isométrico que recuerda a los grandes clásicos del género. Ir formando la ciudad es todo un gustazo, ya que la vemos progresar desde un barrizal de casas derruidas hasta convertirse en una urbe viva, llena de luces y edificios con un diseño muy detallado. Una lástima que esta calidad no llegue también a la interfaz, donde tendremos que conformarnos con unos menús algo incómodos, iconos poco claros y una fuente de un tamaño demasiado pequeño.

El mapa, que no es demasiado grande, irá tomando forma de ciudad a medida que avancemos en la gestión de la misma.
El mapa, que no es demasiado grande, irá tomando forma de ciudad a medida que avancemos en la gestión de la misma.

Conclusiones

Más allá de lo interesante que pueda resultar su premisa, Kapital: Sparks of Revolution hace poco por explorarla y explotarla. Al final acaba siendo un juego de gestión de ciudades que, de forma muy somera, integra sistemas adicionales que no terminan de tener un peso fundamental en la experiencia. Además, se mantiene adherido a la definición clásica y capitalista de progreso, impidiéndonos juguetear con otras posibilidades en nuestra gestión de la ciudad, lo que en esencia va en contra de esa idea de que la gestión es nuestra y nos sitúa dentro de un sistema restringido por clases que no parece querer aprovechar para lanzar ningún mensaje, sino más bien para aprovechar la potente estética en la que se ambienta. Dejando eso a un lado, este juego de estrategia será más que suficiente para quienes busquen una experiencia de gestión exigente a la que echarle muchas horas, algo para lo que se agradece su bien llevado estilo artístico y para lo que pediríamos una interfaz más trabajada.

Hemos realizado este análisis en PC con una copia del juego para Steam proporcionada por Dead Good.

Manu Delgado
Redactor

NOTA

6
Gráficos
Duración
Sonido
Un jugador
Jugabilidad
Multijugador

Puntos positivos

Sistemas de estrategia exigentes, pero comprensibles y desafiantes.
Buen pixel art isométrico que recuerda a los clásicos del género.
Pozo de horas en el modo sandbox.

Puntos negativos

Sus mecánicas fuerzan demasiado la división de clases, volviéndose un poco injusto en ciertos momentos.
La interfaz es poco clara y el tamaño de los textos demasiado pequeño.
Sorprende que no funcione bien a nivel técnico, con 'crasheos', largos tiempos

En resumen

Un juego de estrategia de corte clásico, exigente pero muy restrictivo con las posibilidades que tenemos y constreñido por la propia idea de obligarnos a mantener las desigualdades de clases.
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Plataformas:
PC

Ficha técnica de la versión PC

ANÁLISIS
6
  • Fecha de lanzamiento: 28/4/2022
  • Desarrollo: Lapovich Team
  • Producción: 1C Entertainment
  • Distribución: Steam
  • Precio: 24,99 €
  • Jugadores: 1
  • Formato: Descarga
  • Textos: Inglés
  • Voces: -
  • Online: -
  • Requisitos PC
Estadísticas Steam
COMUNIDAD
4

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Kapital: Sparks of Revolution para Ordenador

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