A escala humana, la Tierra parece un escenario inmóvil, casi eterno. Caminamos sobre continentes que percibimos como inmutables y observamos océanos que consideramos permanentes. Sin embargo, esta estabilidad es una ilusión. Bajo nuestros pies, la corteza terrestre se desplaza constantemente. La tectónica de placas, ese engranaje colosal que fractura, empuja y recicla la superficie del planeta, lleva cientos de millones de años reconfigurando el mundo. Y continuará haciéndolo.
La Tierra avanza hacia un nuevo supercontinente: científicos advierten sobre posibles extinciones masivas
Hace aproximadamente 300 millones de años, todas las masas continentales estaban unidas en un único superbloque: Pangea. Su fragmentación dio origen al Océano Atlántico, separó América de África y Europa, y dio forma al mapa que conocemos hoy en día. Pero este proceso no fue el final de la historia, sino un capítulo más dentro de un ciclo geológico profundo. Las simulaciones actuales sugieren que, dentro de unos 200 millones de años, los continentes volverán a reunirse en un nuevo supercontinente.
Un estudio publicado en Geological Magazine, basado en modelos climáticos tridimensionales desarrollados por Michael Way, del Instituto Goddard de la NASA, y João Duarte, de la Universidad de Lisboa, sostiene que esta futura reunificación no solo alterará el mapa, sino que también provocará cambios climáticos globales extremos.
La literatura científica propone cuatro escenarios principales para el futuro de los continentes. El primero, Novopangea, prevé el cierre progresivo del Océano Pacífico, rodeado por el Anillo de Fuego, donde se concentra la mayor actividad sísmica del planeta, mientras que el Océano Atlántico continúa expandiéndose. En este escenario, América colisionaría con una Antártida desplazada hacia el norte, formando un nuevo supercontinente gigantesco.
El segundo modelo, Pangea Próxima, plantea el escenario inverso: el Océano Atlántico dejaría de expandirse y comenzaría a cerrarse. América regresaría hacia Europa y África, dando lugar a un supercontinente con un océano interior y vastas extensiones alejadas del mar, que experimentarían climas más extremos.
Aurica propone el cierre simultáneo del Océano Atlántico y el Océano Pacífico, con los continentes concentrados en torno al ecuador. Las simulaciones sugieren que este escenario resultaría en una temperatura media global superior a la actual, debido a la reducción de las capas de hielo polares y a una menor reflexión de la radiación solar, creando un mundo más cálido y seco.
Amasia, por otro lado, imagina una migración de los continentes hacia el Polo Norte. Todos los continentes, excepto la Antártida, se agruparían en latitudes altas. La formación de nuevas cordilleras en estas regiones favorecería la acumulación de hielo y aumentaría el albedo, lo que podría desencadenar una gran glaciación.
Las implicaciones biológicas de un único supercontinente serían profundas. Con menos costas, zonas cruciales para la biodiversidad, y vastos interiores continentales con temperaturas extremas, Duarte advierte sobre la posibilidad de “extinciones masivas” debido a la intensa competencia y la transformación de hábitats.
Si bien estos cambios no ocurrirán en nuestra vida, el proceso ya está en marcha. Como recuerda Way, cada día se produce un terremoto de magnitud 6 en algún lugar del planeta. Las placas tectónicas continúan moviéndose, centímetro a centímetro. La Tierra nunca ha estado quieta, y aunque no lo notemos, el próximo supercontinente ya se está formando.















