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Juego de Tronos 8x02: Caballero de los Siete Reinos - Resumen y análisis

La serie avanza hacia el momento más decisivo con un capítulo bien armado, lleno de referencias a la obra de George R.R. Martin y con algunas de las revelaciones más importantes para el destino de Poniente.
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Con el paso de los años, y tras decenas de episodios tras sus espaldas, Juego de tronos ha acumulado un grandioso pasado con el que cimentar sus historias, ahondar en sus personajes y dibujar su futuro. Sin embargo, Dan Weiss y David Benioff no siempre saben jugar en su propio terreno. Los showrunners de la adaptación de las novelas de George R.R. Martin para HBO son dos mentes pensantes ideales a la hora de crear contexto, pero quizás no son las más duchas o respetables cuando se trata de narrar aquello que verdaderamente importa para la historia. En más de una ocasión hemos asistido a capítulos desaprovechados, tramos aburridos durante varias temporadas o a decisiones muy discutibles en términos televisivos. Pero de una forma u otra, aquí estamos. A las puertas de un final y con uno de los mejores episodios de la serie.

Decisiones y consecuencias: caballeros en tiempos oscuros

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Puede que Caballero de los Siete Reinos, episodio dirigido por David Nutter y escrito por Bryan Cogman, sea uno de los capítulos más notables y mejor armados de toda Juego de tronos. Por tradición, estructura y formato, y como ya hemos defendido y destacado desde estas líneas, Juego de tronos siempre ha sido una serie con sus propios mecanismos narrativos y en los que todo se cuece a fuego lento. No es un capricho ni un recurso elitista o snob. Martin escribe y redacta así, y Canción de hielo y fuego, la novela río más ambiciosa del género fantástico de las últimas décadas, es la única culpable. Hablamos de un compendio que abarcará siete libros y en el que es muy fácil perderse entre sus páginas si no se anda con cuidado. Esta Biblia de espadas, dragones, dinastías y familias nobles es un todo un campo de minas, en el cual es muy difícil perderse o cometer un error fatal. Un nombre mal usado, un hecho histórico metido con calzador o un guiño errado y tendrás a millones de lectores puntualizándotelo todo. Y es aquí cuando entra Bryan Cogman.

Cogman es el guionista con mayor conocimiento de la obra de Martin. Aunque Weiss y Benioff son grandes amantes de la saga, hablamos del escritor que tiene el respaldo del mismísimo autor de los libros originales. Durante años, y mientras la producción de la saga iba avanzando a pasos agigantados, se encargaba de cerciorarse de la coherencia con las páginas de las novelas, catalogaba y documentaba el pasado de Poniente y buscaba la forma de intentar adaptarlo a los designios de la propia serie de televisión. Un trabajo titánico pero muy satisfactorio. "A parte de mí, y quizás de Elio y Linda de westeros.org, no conozco a nadie que sepa tanto de Poniente como él", explicaba George R.R. Martin sobre él. "Durante años, ha sido algo así como el Guardián del Lore en Juego de tronos", apuntaba. Su fama es tal, que tras Juego de tronos para HBO, Bryan Cogman ha sido fichado por Amazon para construir su propia serie.

Caballero de los Siete Reinos arranca en frío. Con una audiencia en el gran salón de Invernalia en la que se puede se puede cortar el ambiente con una espada. Daenerys Targaryen (Emilia Clarke) no olvida. Su familia fue asesinada y expulsada de Poniente tras años de reinado y dinastías atadas al Trono de Hierro, y tras la Rebelión del rey Robert Baratheon, considerada proscrita. Aquella sublevación de reinos y familias terminó con Jaime Lannister (Nikolaj Coster-Waldau), miembro de la Guardia Real de Aerys II, apuñalándolo por la espalda en la misma sala del trono. No eran tiempos para dragones. Sin embargo, el paso del tiempo y aquella decisión, marcaron para siempre a Jaime. Pese a recorrer cientos de kilómetros, vivir las más desafortunadas aventuras y demostrar ser el más noble de entre todos los caballeros vivos en Poniente, el pasado siempre vuelve. Las decisiones tienen consecuencias.

"Los héroes cometen también errores, al igual que los malvados tienen a veces comportamientos nobles"

"No creo en la teoría de los grandes hombres. En mi opinión, los héroes cometen también errores, al igual que los malvados tienen a veces comportamientos nobles. La gente real es así. Hay que tratar de dar lo mejor de nosotros sabiendo que no somos perfectos. Eso es una verdad tan grande como que todos los seres humanos mueren, algo que también es evidente en mis libros, donde nadie está a salvo", explicaba Martin en una entrevista concedida a El País. El Matarreyes tiene un pasado y Poniente, memoria. Pese a que la reina de plata quiere venganza por lo sucedido, y cobrarse una deuda con la que ha cargado toda su vida -su propio hermano la envenenaba cada noche con ella-, Ser Jaime también ha demostrado que es una persona distinta a la de aquellos días.

Si bien Sansa Stark (Sophie Turner) no confía en él directamente, sí es capaz de depositar toda la seguridad de una decisión tan comprometida en el veredicto de Brienne de Tarth (Gwendoline Christie), inquebrantable como pocas. La decisión de perdonarle la vida también pasa por Tyrion Lannister (Peter Dinklage), su hermano, y único garante durante años. Tyrion no olvida que Jaime le ayudó en las horas más oscuras, y como buen Lannister, jamás olvida pagar sus propios débitos de sangre. La tensión de toda la secuencia es digna de remarcarse, pues más allá de la fría fotografía y de los innumerables testigos que asisten a este cruce de acusaciones, se pueden palpar las diferencias de criterios entre las tres cabezas que rigen Invernalia y los reinos de los vivos. Daenerys desconfía de Tyrion al enterarse de que Cersei Lannister ha jugado con él, y en secreto, le reprocha sus malas decisiones como Mano de la Reina. El enano siempre ha llevado consigo la máxima de Tywin Lannister, aquella en la que siempre debe primar la familia sobre todas las cosas, y se dejó engañar por su hermana cuando le prometió refuerzos en forma de soldados.

Esto enlaza directamente con una de las secuencias más interesantes de todo el episodio. Aprovechando ese sitio de confesiones que es el patio de armas de Invernalia y lo acogedor de sus altos muros, Tyrion y Jaime charlan sobre no aceptar el destino autoimpuesto. Ambos son conscientes de sus errores y del peso de las decisiones que han tomado a lo largo de los años. A veces nos gusta ser engañados. Los dos leones se arrojan en cara ciertas cosas, se perdonan otras y en mitad de la conversación, Jaime le confiesa que el embarazo de Cersei es real. La Guardiana de Occidente lleva en sus entrañas un futuro miembro de la familia. Visto un poco más de cerca, es curioso como Bryan Cogman estructura gran parte del capítulo alrededor de Jaime Lannister. La mano de oro está presente la mayor parte del metraje, llevando sobre sus espaldas gran parte del peso de la narración trasladándonos con él y su propio abatimiento de una parte del castillo a otra. En el fondo, es el epítome perfecto de Juego de tronos. Un contraste complejo y encarnado en la figura de un caballero que tuvo en sus manos el destino de Poniente y no dudó, aunque las consecuencias fuesen nefastas para él mismo y su reputación.

"Mis personajes son gente real, capaces de odiar, de amar, de cometer equivocaciones, realizar acciones loables y actos terribles. Creo que todos tenemos esa dualidad", puntualizaba el propio George R.R. Martin. Por eso, cuando el sino lo lleva a enfrentarse de nuevo con Bran Stark (Isaac Hempstead-Wright) bajo las hojas del arciano, es inevitable pensar en algunos de los actos atroces cometidos por Jaime. Pese a todo, Bran no está furioso. No siente ira ni piensa en la venganza. El pequeño Stark, tullido por culpa del mismísimo Lannister, piensa en el futuro y sabe que debe aparcar el pasado, pese a vivir en un espacio en el que ambos conceptos se entremezclan. Bran no quiere confesar que lo arrojó por la ventana del torreón porque sabe que la ayuda de Jaime es esencial de cara la supervivencia. La expiación del león comienza y acaba en Bran, el ahora cuervo de tres ojos, pero también en Brienne de Tarth.

La química existente entre Gwendoline Christie y Nikolaj Coster-Waldau es evidente. Ambos han sido protagonistas de una de las mejores tramas de todo Juego de tronos, y en cierta manera, el capítulo está dedicado a ellos. Cogman escribió una de las escenas más emotivas de la serie, aquella que involucraba a ambos protagonistas en una de las salas de baños en Harrenhal. Aquel capítulo de la ya lejana tercera temporada, Besada por el fuego, reunía en apenas unos minutos una confesión a pecho abierto del que muchos consideraban un villano y una desnudez, tanto física como personal, de un personaje a veces distante y frío como Brienne. Hay heridas que mutilan y que no pueden sanarse, y otras que consiguen curarse gracias a los vínculos que establecemos con otras personas. Más allá de jurarle lealtad, Jaime le pide servir bajo su mando en la batalla. Imaginad por un momento lo que significa esto para él. El otrora caballero irreprochable, altivo y orgulloso ‘se humilla’ para servir a otra casa y a otra persona. Alguien al que cede su propia vida. Pero hay más. El capítulo nos guarda una de las escenas más bonitas y emocionantes de todas las temporadas en conjunto. Y no hay batallas, luchas, conspiraciones, muertes truculentas, desnudos explícitos o dragones. No. Únicamente tiene como protagonistas a un puñado de personajes y una titilante hoguera.

En la hora más oscura, Jaime ordena caballero de los Siete Reinos a Brienne. "Queríamos tomar al público por sorpresa. No es una escena ceremonial en un acantilado al atardecer con capas ondulantes. Resulta de un momento desechable que incluso algunas personas en la sala piensan que es una broma y luego se dan cuenta rápidamente de que no lo es. Es una cosa monumental. Es un momento de gracia y belleza en medio de una pesadilla y la razón principal por la que quería escribir este episodio", explica Cogman, guionista del episodio. Y de hecho, consigue lo que se propone. En mitad de la noche, cuando el frío comienza a ulular a las fueras de Invernalia, Brienne es por fin reconocida como caballero y tratada como igual por sus interlocutores. Es un momento al estilo Martin, improbable según las propias circunstancias en las que se desarrolla historia, pura subversión de expectativas, y que demuestra que hay pocos personajes que sean capaces de decir y transmitir tanto al espectador como Jaime Lannister y Brienne de Tarth. Un pie tras otro, peligro tras peligro, ambos han logrado llegar hasta aquí.

Fantasmas del pasado: las cosas que se hacen por amor

Invernalia, el anterior capítulo de la octava temporada, nos arrojó ciertas dinámicas inesperadas entre el complejo catálogo de piezas existentes en el vasto tablero de Juego de tronos. En su momento, vislumbramos una curiosa -y muy torpe- tensión entre Sansa Stark y Daenerys Targaryen, demostrándonos cómo dos líderes, de reprobados y respectivos éxitos, pueden diferir enormemente a la hora de tomar decisiones. Aquí vuelve a dejarse patente con un diálogo en el que ambas intercambian pareceres sobre sus familias y las cosas estúpidas que se hacen por amor. Jon es el eje de la conversación, y Dany, de forma honesta y sincera, le recalca a Sansa que ella pasó de luchar por el Trono de Hierro a hacerlo por las convicciones y miedos enarboladas por bastardo con sangre de dragón. Se puede cambiar por amor y se puede luchar por el mismo sentimiento. Pero, ¿qué pasará después se aparquen las diferencias? ¿Qué futuro aguarda a todos los reinos una vez se derrote a los muertos y el invierno pase? ¿Qué destino tendrá el Norte bajo el mandato de la reina dragón? El fantasma del pasado del Norte irredento con un monarca Targaryen sentado en el trono de Desembarco del Rey vuelve a dibujarse en el horizonte de Poniente una vez más. Y una mirada de Sansa basta para confirmarlo.

Hay miradas que dicen mucho. Ser Sandor Clegane, El Perro (Rory McCann) es otro de esos personajes trágicos, complicados y llenos de aristas. Marcado por sus propios demonios, el carnicero de los Lannister demostró tener ciertos atisbos de bondad cuando cargaba con Arya Stark (Maisie Williams) en las complicadas y convulsas Tierras de los Ríos cuando se libraba la Guerra de los Cincos Reyes. Aquellos terrenos meridionales de Poniente, llenos de soldados quebrados, hermandades y ejércitos desquiciados, forjaron una de esas amistades improbables. "¿Cuándo has luchado por algo o por alguien que no sea tú mismo?" le espeta Arya a la cara. "Luché por ti", le contesta mientras bebe un sorbo de vino en las murallas exteriores de Invernalia. Solitario, hosco y malencarado, El Perro tampoco es el mismo que una vez fue. Sí, como él mismo predicaba en los albores de la serie, siempre se es un asesino, sin importar el envoltorio o la bandera que se porte, pero son las decisiones las que hacen y forjan a la persona. Y de una forma u otra, su casi muerte y las semillas de bondad regadas por el Hermano Ray y sus monjes, lo han cincelado de una manera distinta.

Distinto también es Bran Stark. Su figura, que trasciende el mero cuerpo físico de un ser humano, está ligada al destino de Poniente. En una de las líneas de diálogo más certeras del capítulo, el cuervo de tres ojos destaca que el Rey de la Noche quiere borrar la memoria de Poniente con su avance. Eliminar los testigos y semillas del pasado con su gélido toque. Mientras los estrategas discuten las tácticas a seguir, y Jon, Dany, Tormund y las demás cabezas pensantes de Poniente acceden a usar al Stark como cebo para intentar atraer al frío rival que tantos quebraderos de cabeza ha causado a los protagonistas. Un recién llegado Theon Greyjoy (Alfie Allen) jura protegerlo en tal arriesgada tarea. "Te arrebaté Invernalia una vez y ahora te ayudaré a protegerla", recalca. Pese a que los vivos se preparan para la batalla final, aquella que decidirá el destino de todo y todos, Daenerys decide enterrar sus diferencias con Tyrion Lannister y preservarlo, gracias a su inteligencia irrepetible, como uno de los mayores valores que haya visto el mundo. Su cabeza, su forma de pensar y su don de palabra, son algo a conservar y mantener de cara las futuras generaciones -y la secuencia en la que Brandon y el enano conversan sobre lo vivido es el mejor ejemplo de ello-.

Quizás no exista la épica literaria clásica en Juego de tronos, pero sí es cierto que podemos establecer algunos paralelismos con ella. En lo que bien podría ser uno de los momentos más memorables de toda la serie -y ya van dos en un mismo capítulo-, Podrick (Daniel Portman) comienza a cantar una de las canciones más bonitas, nostálgicas y reveladoras de toda Canción de hielo y fuego, Jenny de Piedrasviejas. Este recurso, muy recurrente y conocido en el género, sirviendo no solo para conjugar y alentar al valor de todos los personajes antes del aciago final, también para actuar como un resorte en el mente del lector, al que le vendrá a la mente una curiosa referencia. La canción de Jenny es un tema triste, muy melancólico, que habla de la relación del príncipe Duncan Targaryen y Lady Jenny, permitiéndonos oír entre líneas algunas referencias a la misteriosa profecía autoimpuesta que acabó en la tragedia de Refugio Estival. Es bastante constante en las novelas -se canta varias veces y en momentos muy puntuales-, pero si vamos un poco más allá, y recurrimos a Danza de dragones, el último libro publicado hasta la fecha, encontraremos el posible significado por el cual Bryan Cogman ha decidido incluirla en el episodio.

"En los salones de reyes que ya no están, Jenny baila con sus fantasmas…"

En el quinto libro de la saga de Martin, Daenerys Targaryen se lamenta una y otra vez, desde su lejana posición de monarca en Meereen, por las incontables heridas que ha dejado el amor en los Siete Reinos. Mencionando explícitamente a Duncan Targaryen, destaca cómo el rey renunció al trono y su corona por el amor que sentía por Jenny, algo que desembocó en una cruenta guerra que dejó miles de muertos. Y es aquí cuando Juego de tronos adquiere de nuevo ese tono profético y gracias a un montaje muy inteligente -desde la canción de Peregrin Tuk en El retorno del rey de Peter Jackson no veíamos nada igual-, nos lleva de la mano hacia las profundad y húmedas criptas de Invernalia. En ellas, un pensativo Jon Nieve (Kit Harington) lleva consigo una pesada carga, y sabe que en un momento u otro, tendrá que confesarle a Dany su pasado. Ante la hierática figura de la estatua de Lyanna Stark, le explica a su consorte que él es el heredero al Trono de Hierro. El último varón de la casa Targaryen e hijo de la relación en secreto entre la hermana de Ned Stark y Rhaegar Targaryen.

Casi como si fuese el clímax de una obra de teatro clásica, el espectador asiste a una de las revelaciones más grandes de toda la serie. Aegon Targaryen debería llevar, por derecho, la corona que tanto ha ansiado Daenerys durante años. Por ese preciado premio, Daenerys ha cruzado ardientes desiertos cabalgando junto a salvajes y surcado enormes océanos en cientos de barcos. Por ese anhelo, ha liberado ciudades enteras del yugo de la tiranía y ha combatido contra incontables ejércitos. Tras años de exilio, traiciones y cicatrices, su destino queda truncado por boca de la persona que más ama. Con el claro retumbar del cuerno que avisa que los muertos se agolpan a las puertas de Invernalia y que al mismo tiempo aventura el posible fin de todo lo conocido, Daenerys debe recomponerse y sopesar su propio futuro. ¿Será capaz de renunciar al trono por Jon al igual que Duncan lo hizo por Jenny muchos años atrás? Las cosas que se hacen por amor.

Alberto González
juego de tronos
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