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La megabarrera marítima de Países Bajos: un coloso que pesa 700 veces la Torre Eiffel y cambia la protección costera mundial

Levantada a lo largo del siglo XX, la estructura prueba que es posible defender la costa combinando innovación técnica, resiliencia climática y respeto ambiental. Holanda se prepara para el mañana.
La megabarrera marítima de Países Bajos: un coloso que pesa 700 veces la Torre Eiffel y cambia la protección costera mundial
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Actualizado: 8:30 14/1/2026
construcción
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En la segunda mitad del siglo XX, los Países Bajos culminaron una de esas obras colosales, megaconstrucciones que no solo cambian el paisaje, sino también la mentalidad de un país. La barrera del Escalda Oriental -Oosterscheldekering- se completó en 1986 como pieza clave de las Obras Delta, el gigantesco sistema nacional de defensa costera diseñado tras la gran inundación de 1953. Aquel desastre, que dejó miles de muertos y pérdidas incalculables, marcó un antes y un después: el mar ya no podía seguir siendo un enemigo imprevisible.

La barrera marítima neerlandesa impresiona por su escala, pesa 700 veces la Torre Eiffel y marca el futuro de la protección costera

Desde entonces, esta infraestructura se ha convertido en un símbolo de algo muy neerlandés: la idea de que el océano no se combate, se gestiona y se puede contener. En un territorio donde buena parte del suelo se encuentra por debajo del nivel del mar, la ingeniería no es una opción estética ni un lujo tecnológico, sino una cuestión de supervivencia. Y el Oosterscheldekering es una de sus expresiones más claras.

Países Bajos y su barrera

La escala impresiona incluso antes de entender cómo funciona. La barrera se extiende a lo largo de unos nueve kilómetros, conectando las islas de Schouwen-Duiveland y Noord-Beveland, en el suroeste del país. Su peso total equivale a unas 700 Torres Eiffel, una cifra que basta para situarla entre las mayores infraestructuras costeras jamás construidas. Pero reducirla a su tamaño sería quedarse en la superficie.

A diferencia de los diques clásicos, el Oosterscheldekering no es una muralla permanente. Es una estructura móvil diseñada para convivir con el estuario. En condiciones normales, sus más de 60 compuertas permanecen abiertas, permitiendo el flujo natural del agua salada. Eso mantiene vivos los ecosistemas marinos, la pesca y la navegación, factores decisivos durante los intensos debates ambientales que rodearon el proyecto en los años setenta.

Solo cuando el sistema detecta mareas extremas o tormentas severas, la lógica cambia: se trata de una barrera móvil capaz de adaptarse y convivir con la flora y fauna

Solo cuando el sistema detecta mareas extremas o tormentas severas, la lógica cambia. Los centros de control, basados en un monitoreo continuo de viento, presión y nivel del mar, ordenan el cierre progresivo de las compuertas. En ese momento, la barrera se transforma temporalmente en un dique sólido que bloquea el avance del océano y protege el interior del país.

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Desde el punto de vista técnico, la obra es una lección de ingeniería aplicada. Decenas de pilares de hormigón se apoyan directamente sobre el lecho marino y sostienen enormes paneles de acero capaces de resistir fuerzas extremas. La construcción recurrió a elementos prefabricados y plataformas flotantes, una solución clave para trabajar en alta mar durante los años ochenta.

Hoy, el Oosterscheldekering sigue siendo una referencia global en adaptación climática. En un mundo donde el nivel del mar no deja de subir, la experiencia holandesa demuestra que la combinación de planificación a largo plazo, precisión técnica y flexibilidad puede marcar la diferencia. No es solo una barrera contra tormentas: es una declaración de principios frente al futuro.

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