Las anclas tradicionales dañan el fondo marino de dos maneras: el hierro se clava en el sedimento y la cadena arrastrada por la marea erosiona el lecho marino. En zonas con praderas de Posidonia, plantas que cubren bahías poco profundas, el impacto es devastador. Estudios del Centro de Ciencias de la Biodiversidad Marina revelan que un solo fondeo puede destruir hasta 50 m² de hábitat, y que los arrecifes no se recuperan fácilmente. Por ejemplo, en las Islas Vírgenes, diez años después de que un crucero arrasara un arrecife, no había signos de regeneración.
Para frenar décadas de destrucción, el Fideicomiso para la Conservación del Océano, con sede en Reino Unido, desarrolló el Sistema de Amarre Avanzado. Este anclaje mantiene la cadena suspendida en la columna de agua, evitando el contacto con el fondo. Variantes como Seaflex reemplazan la cadena metálica por cables elásticos que absorben el movimiento de la embarcación, eliminando la abrasión. Además, los anclajes helicoidales, instalados por buzos con precisión hidráulica, ocupan menos espacio y no dañan la vegetación circundante.
Reino Unido revoluciona la protección marina: nuevo anclaje flotante salva praderas submarinas y frena décadas de destrucción ecológica
La Posidonia y otros pastos marinos, aunque parezcan simples, tienen un valor enorme. Cubren menos del 0,1 % del lecho oceánico, pero almacenan entre el 10 % y el 18 % del carbono que secuestran los océanos cada año, absorbiendo hasta 35 veces más CO₂ que los bosques tropicales. Además, sirven como criaderos naturales: 10.000 m² pueden sustentar 80.000 peces y más de un millón de invertebrados, incluyendo tortugas, lubinas y pulpos.
Los pastos marinos están desapareciendo rápidamente: desde finales del siglo XIX se ha perdido un 30 % y la tasa anual de destrucción alcanza el 2 %. En Reino Unido, hasta el 92 % de las praderas de Posidonia han desaparecido.
El daño de las anclas convencionales se acumula con el tiempo, formando “cicatrices de amarre” en el lecho marino, donde la vegetación desaparece y el sedimento queda expuesto. Al remover los sedimentos, se libera carbono acumulado durante siglos, transformando estas zonas de sumideros naturales en fuentes de CO₂.
En Reino Unido, las pruebas son contundentes: entre 2019 y 2023, la cobertura de Posidonia aumentó un 212 % en zonas con el Sistema de Amarre Avanzado, según datos del Ocean Conservation Trust. El Dr. Jean-Luc Solandt, de la Sociedad para la Conservación Marina, afirma que la reducción de perturbaciones físicas permite la recuperación de la biodiversidad y la función de almacenamiento de carbono.
A pesar de estos resultados, la adopción global sigue limitada por costes iniciales y falta de regulación estandarizada. Países como Francia y España han comenzado a restringir el uso de anclas convencionales en zonas sensibles. Los datos demuestran la eficacia de la tecnología y sugieren que, con escala y normativa, los sistemas sostenibles podrían convertirse en la norma para proteger los ecosistemas marinos restantes.















