China y Estados Unidos vuelven a mirarse de reojo en el tablero energético. Después de meses de tensión comercial, aranceles cruzados y compras prácticamente congeladas, una posible reunión entre Donald Trump y Xi Jinping en Pekín ha reabierto la puerta a un acuerdo para recuperar parte del comercio de petróleo y gas entre las dos mayores economías del mundo. La clave está en el gas natural licuado estadounidense, que vuelve a aparecer como una pieza útil en plena crisis de suministro.
El punto de partida es claro: las exportaciones energéticas de Estados Unidos a China quedaron muy tocadas por la guerra arancelaria. Según Reuters, las ventas de energía estadounidense al gigante asiático alcanzaron los 8.400 millones de dólares en 2024, pero después se desplomaron por los gravámenes impuestos durante el choque comercial. El petróleo y el GNL fueron dos de los grandes damnificados, hasta el punto de que las compras chinas de crudo estadounidense se detuvieron por completo a mediados de 2025.
El GNL vuelve al centro de la negociación
Ahora, el contexto ha cambiado. La guerra en Irán y las tensiones en Oriente Medio han alterado los flujos tradicionales de suministro, justo cuando Asia vuelve a competir por cargamentos de gas. En abril, las exportaciones estadounidenses de GNL hacia el continente asiático repuntaron porque los productores de Estados Unidos ayudaron a compensar parte de la caída de suministros procedentes de Oriente Medio, según datos preliminares de seguimiento de buques citados por Reuters.
Para China, el gas estadounidense puede ser una herramienta táctica, aunque no necesariamente una apuesta estratégica sin reservas. El país ha buscado durante años reducir vulnerabilidades, diversificar proveedores y apoyarse más en producción interna, energías renovables y gas por gasoducto desde Rusia. De hecho, Reuters ya señalaba en febrero que China llevaba un año sin importar GNL estadounidense de forma directa, aunque sus empresas seguían comprando cargamentos bajo contratos a largo plazo y desviándolos a mercados como Europa.
Una tregua energética con lectura política
El posible pacto, por tanto, no solo tendría lectura energética, sino también política. Para Washington, recuperar ventas de petróleo y gas a China permitiría exhibir un avance comercial en un momento de fuerte presión internacional. Para Pekín, aceptar más energía estadounidense podría servir como gesto negociador sin renunciar del todo a su estrategia de independencia energética. La dificultad está en los aranceles: si no se rebajan o eliminan, el GNL estadounidense seguirá teniendo problemas para competir con otras opciones.















