No es un reactor nuclear al uso, aunque desde fuera pueda parecerlo. Lo que se está instalando en el Hospital de Fuenlabrada es una unidad de protonterapia, una de las diez que financiará la Fundación Amancio Ortega en la sanidad pública española dentro de una donación de 280 millones de euros. La Comunidad de Madrid confirmó el 17 de marzo que el centro ya ha recibido las dos piezas clave del sistema: el ciclotrón, que acelera los protones, y el gantry, el brazo giratorio que dirige la radiación con precisión milimétrica.
Un búnker sanitario, no un reactor
La magnitud de la instalación explica buena parte del impacto visual del proyecto. El nuevo edificio supera los 2.000 metros cuadrados y alberga un búnker específico donde, durante los próximos doce meses, se completarán el ensamblaje, la calibración y la puesta en marcha del equipo. La Comunidad de Madrid cifra su inversión en 13 millones de euros, mientras varias coberturas del despliegue detallan que el ciclotrón ronda las 50 toneladas y el gantry supera las 75, una escala que ha obligado a introducirlos por el tejado con grúas de gran tonelaje.
La diferencia con un reactor de verdad no es menor. Aquí no hay fisión nuclear ni producción de energía: lo que hace el sistema es acelerar protones para utilizarlos contra tumores. La ventaja de esta técnica frente a la radioterapia convencional está en que permite concentrar la dosis con mucha más precisión y frenar la irradiación justo en el tumor, reduciendo la exposición de los tejidos sanos. Por eso se considera especialmente valiosa en tumores de difícil acceso, cercanos a órganos sensibles y en pacientes pediátricos, donde minimizar secuelas resulta crucial.
Por qué importa tanto la protonterapia
El proyecto, aun así, no está listo para tratar pacientes mañana. La previsión oficial de la Comunidad de Madrid es que el montaje técnico, las pruebas, la calibración y la formación del personal ocupen aproximadamente un año, con la vista puesta en que la unidad pueda entrar en funcionamiento a lo largo de 2027. Redacción Médica, citando el plan madrileño, sitúa incluso el objetivo en el primer trimestre de ese año, aunque el calendario final dependerá de la fase técnica y regulatoria.
También está superado uno de los pasos decisivos en materia de supervisión. El Consejo de Seguridad Nuclear informó favorablemente, con condiciones, la autorización de funcionamiento de la instalación radiactiva de protonterapia del Hospital de Fuenlabrada en diciembre de 2025. Ese visto bueno no significa que el sistema pueda usarse ya, porque la propia resolución deja claro que la operación empezará tras la inspección preceptiva para su puesta en marcha, pero sí permite avanzar en una infraestructura sometida a controles mucho más exigentes que los de un equipo hospitalario convencional.
La lectura de fondo va más allá de Fuenlabrada. Hasta hace poco, la protonterapia en España estaba concentrada en muy pocos centros, y el despliegue público de estas máquinas cambia el mapa asistencial. En el caso madrileño, Fuenlabrada será el primero de los dos aceleradores previstos en la sanidad pública regional, junto al de La Paz, dentro de una red nacional distribuida por siete comunidades autónomas.















