La Policía Nacional ha asestado en Madrid el mayor golpe dado hasta ahora en España contra el juguete falso: más de 600.000 peluches, llaveros y artículos pirateados, en su mayoría inspirados en Stranger Things, han sido retirados del mercado en una operación que ha dejado dos detenidos y un balance de 25 toneladas de mercancía intervenida. La investigación, bautizada como Operación Eleven, se desplegó en naves de Parla, Fuenlabrada y Getafe y partió de una pista cada vez más habitual: envíos sospechosos procedentes de China con documentación irregular y datos falsos.
El volumen de la incautación da una idea bastante clara de la escala del negocio. Según la nota oficial de la Policía, se trata de la mayor intervención de juguetes falsificados realizada hasta el momento, con productos que imitaban marcas registradas vinculadas a una conocida plataforma de series y películas. Aunque la mayoría reproducía personajes y artículos asociados a Stranger Things, otras coberturas señalan que también había material de otras franquicias muy populares.
Una red de importación y distribución a gran escala
La investigación empezó en febrero, cuando los agentes detectaron un flujo anómalo de paquetes importados desde China. La primera actuación permitió interceptar 72 cajas con productos de baja calidad vinculados a la serie de Netflix, lo que acabó llevando a los agentes hasta una nave industrial de Parla considerada el centro logístico principal del entramado. Desde ahí se organizaban recepciones, almacenamiento y distribución hacia el mercado.
Las detenciones encajan con esa estructura. Una de las personas arrestadas era el arrendatario de la nave de Parla y la otra, una mujer encargada de recepcionar los pedidos. A partir de ahí, la Policía ejecutó cinco inspecciones simultáneas en distintos puntos del sur de Madrid y amplió después el operativo a empresas logísticas, donde todavía localizó otras 36 cajas adicionales con más de 16.000 artículos relacionados con los mismos responsables.
Más allá de la piratería: el riesgo para los menores
Pero la parte más seria del caso no está solo en la falsificación, sino en el riesgo. La Policía insiste en que estos juguetes no solo perjudicaban a los titulares de derechos de propiedad intelectual, sino que suponían un peligro real para menores: materiales muy endebles, acabados deficientes y piezas pequeñas que podían desprenderse con facilidad, con riesgo de asfixia o intoxicación. El País añade que algunos productos se rompían casi al manipularlos.















