El salto constante entre el bochorno de la calle y el frío artificial del aire acondicionado se ha convertido en una de las recetas más rápidas para acabar con un resfriado en pleno verano. Los especialistas insisten en que el problema no es solo el cambio brusco de temperatura, sino también cómo se utiliza el propio sistema de climatización.
La primera recomendación es casi de manual: no bajar el aire “a lo máximo”. Mantenerlo en una horquilla razonable, entre 24 y 26 grados, ayuda a evitar esos choques térmicos que el cuerpo acusa más de lo que parece. Pero hay otro detalle menos visible y, sin embargo, igual de importante: el estado de los filtros.
Los expertos coinciden en que limpiar los filtros y ajustar el aire acondicionado a una temperatura entre 24 y 26 grados centígrados puede reducir significativamente el riesgo de enfermar durante el verano
Desde el ámbito técnico, la limpieza es clave. "Se limpian con agua, un cepillo, se dejan bien limpios y se puede aplicar un antibacterias y un eliminador de olores", explica Jesús Folch, especialista en climatización de Voltgen, en declaraciones a laSexta. Una rutina sencilla que, sin embargo, suele olvidarse durante meses.
Y no es solo una cuestión de mantenimiento doméstico. Los neumólogos también advierten de su impacto directo en la salud. "Los filtros acumulan con el tiempo mucha suciedad. Cuando se pone en marcha el aire, ese polvo sale al ambiente y lo inhalamos", señala María Concepción Prado, jefa de sección de Neumología del Hospital Universitario La Paz. En personas con asma u otras enfermedades respiratorias, ese efecto puede agravar los síntomas.
El problema se amplifica cuando el contraste térmico es excesivo. Según los especialistas, esos cambios bruscos pueden alterar mecanismos de defensa del aparato respiratorio y favorecer infecciones. Incluso el cuerpo lo nota más allá de los pulmones: la musculatura se tensa, aparecen contracturas y no son raros los dolores de cabeza.
También la piel puede resentirse. En pacientes con eczema o psoriasis, el aire frío y seco puede intensificar el picor y la sensibilidad, tal y como apunta la doctora María del Carmen Soto, cirujana capilar en Hospital Capilar. La conclusión es clara: uso moderado, temperatura estable y mantenimiento al día. Porque el aire acondicionado, bien gestionado, refresca; mal cuidado, puede acabar pasando factura.















