Las casas prefabricadas han ganado protagonismo en los últimos años entre quienes buscan una alternativa a la construcción tradicional. Su rapidez de ejecución, la posibilidad de conocer de antemano buena parte del presupuesto y la percepción de que permiten ahorrar han convertido este tipo de viviendas en una opción cada vez más atractiva.
Sin embargo, detrás de esa imagen de vivienda rápida y económica existe una realidad bastante más compleja. El arquitecto Damián Gil invita precisamente a analizar con cautela la idea de que una casa prefabricada sea necesariamente más barata que una construcción convencional. Para el profesional, uno de los errores más habituales consiste en elegir primero el sistema constructivo pensando únicamente en el ahorro y dejar en un segundo plano las características que realmente se buscan en la vivienda.
Los arquitectos coinciden en desmentir la creencia popular de que las casas prefabricadas son siempre más baratas: esta idea es errónea, según expertos en el sector
“¿Tú qué quieres? ¿Una casa o una casa prefabricada?”, plantea Gil. Con esta pregunta, el arquitecto defiende que el proceso debería comenzar por definir qué vivienda quiere el propietario y qué necesidades debe cubrir. Solo después tendría sentido decidir cuál es el sistema constructivo más adecuado.
Uno de los principales mitos que cuestiona Gil es precisamente el del precio. Que una vivienda se fabrique total o parcialmente en una planta industrial no significa que vaya a ser automáticamente más económica que una casa construida mediante métodos tradicionales. El coste final depende de numerosos factores, como los materiales utilizados, las dimensiones, la distribución, los acabados, las instalaciones o la complejidad del diseño. Por eso, el precio anunciado inicialmente por una empresa puede estar muy alejado del importe final.
Las casas construidas a partir de contenedores marítimos son un buen ejemplo. En determinados casos pueden ofrecer precios reducidos, especialmente cuando se apuesta por diseños sencillos y materiales básicos. Sin embargo, asociar automáticamente una casa contenedor con una vivienda barata es, según Gil, un error.
Una construcción formada por varios contenedores puede mantener un presupuesto contenido, pero el coste aumenta cuando el propietario incorpora elementos más complejos, como pérgolas, pasillos, nuevos volúmenes, grandes espacios interiores o dobles alturas. El precio por metro cuadrado puede variar así entre unos 500 euros y más de 2000 euros.
La calidad de los materiales también resulta determinante. Una vivienda pequeña de madera puede partir de unos 35.000 euros, mientras que los modelos medianos de hormigón o las viviendas llave en mano pueden situarse entre 80.000 y 250.000 euros. Por tanto, una casa prefabricada puede ofrecer ventajas en determinados proyectos, pero no debe confundirse automáticamente con una vivienda barata. El precio del catálogo es solo el punto de partida y las decisiones del propietario pueden hacer que la factura final cambie por completo.















