Desde el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán tras el conflicto del país islámico con Estados Unidos e Israel, la situación energética pende de un hilo. Sí, el petróleo no desaparece de la noche a la mañana; se agota gradualmente, país a país, creando diferencias estratégicas que alteran el equilibrio energético y de consumo global. Mientras que algunas naciones poseen reservas para varias décadas, otras se enfrentan a un horizonte mucho más cercano y volátil.
En este contexto, Libia, como Angola, destaca como un ejemplo notable. Con aproximadamente 48.400 millones de barriles de reservas probadas y una producción media de 1,2 millones de barriles diarios, el país norteafricano podría mantener su actividad petrolera durante más de un siglo. Además, su subsuelo sigue mostrando signos de abundancia, un aspecto que le garantiza hegemonía energética durante décadas, más y cuando parece que el tablero geopolítico está cambiando a pasos agigantados.
En medio de la crisis del petróleo, Libia ha sacudido el mercado al modificar sus normas, alterando así la dinámica geopolítica y energética de la región
El último descubrimiento de Libia se refiere al gas. El país ha confirmado la existencia de dos importantes yacimientos offshore frente a su costa mediterránea, en las estructuras Bahr Essalam Sur 2 y Sur 3, situadas a unos 85 kilómetros del litoral. El volumen estimado de estos yacimientos supera los 28.000 millones de metros cúbicos, lo que convierte este hallazgo en uno de los más importantes de los últimos años. El descubrimiento, informan fuentes oficiales, no solo destaca por su tamaño, sino también por un factor crucial: su proximidad a infraestructuras ya operativas, lo que permitirá una explotación más rápida y con costes muy reducidos.
Major offshore gas discovery in Libya.@eni confirms two new gas finds — BESS-2 and BESS-3 — holding over 1 Tcf of gas, located near the Bahr Essalam field offshore Libya.
The proximity to existing infrastructure means fast-track development is possible, strengthening Libya’s…
— Mohammed Elgrj (@moelgrj) March 16, 2026
La italiana Eni, socio histórico de la Compañía Nacional de Petróleo de Libia (NOC) desde 1959, ha liderado la operación. Tras reanudar sus actividades exploratorias en 2024, tras una década de inestabilidad y guerra, la compañía ha confirmado la "excelente calidad" del yacimiento. Su desarrollo se verá facilitado por la conexión con instalaciones existentes, operativas desde 2005.
En el entorno del hallazgo se encuentra el pozo C1-16/4, en el Área de Contrato D, a unos 743 metros de profundidad, cerca del campo Bahr Essalam, el mayor yacimiento de gas offshore de Libia. Situada frente a la región de Tripolitania, con Trípoli como epicentro, esta zona está gestionada por Mellitah Oil & Gas, una joint venture entre la NOC y Eni.
El contexto geopolítico actual acentúa la importancia del descubrimiento y demuestra, hasta qué punto, cómo la independencia energética puede garantizar estabilidad a un país o una región en los peores momentos. Italia ha fortalecido sus lazos con Libia en los últimos años mediante visitas institucionales y acuerdos en materia de seguridad, defensa y energía. Empresas como Chevron han reanudado sus operaciones en el país, obteniendo nuevos bloques de exploración para 2025, particularmente en la cuenca de Sirte, considerada una de las más prometedoras.
El año 2026 podría representar un punto de inflexión. Con el gasoducto Greenstream como ruta directa hacia Europa y una producción proyectada que podría alcanzar los 750 millones de pies cúbicos diarios en los próximos años, Libia recupera su dinamismo energético -si es que alguna vez lo perdió- y se consolida como un actor fundamental en el escenario internacional en un contexto cada vez más acuciante en lo relativo a la inminente crisis de recursos.















