Por primera vez, una sonda ha logrado mirar el polo sur del Sol desde fuera del plano orbital en el que se mueven la Tierra y la mayoría de misiones espaciales, y lo que ha encontrado no es precisamente un dibujo limpio y ordenado. La Solar Orbiter, misión de la ESA con participación de la NASA, obtuvo en marzo de 2025 sus primeras observaciones polares de alta inclinación y mostró una región magnética mucho más caótica de lo que suele imaginarse cuando se piensa en los polos de un gran imán.
El avance es importante porque hasta ahora casi todas las imágenes del Sol se habían tomado desde el llamado plano eclíptico, una limitación geométrica que dejaba los polos mal observados. La Solar Orbiter pudo romper parcialmente esa barrera gracias a una órbita inclinada conseguida con maniobras gravitatorias, y en esas observaciones del 16 y 17 de marzo de 2025 llegó a contemplar el polo sur desde unos 15 grados por debajo del ecuador solar, pocos días antes de alcanzar su ángulo máximo de 17 grados.
Una mirada inédita a una zona casi desconocida
Lo más llamativo apareció en el mapa magnético del instrumento PHI. En vez de una polaridad dominante y relativamente uniforme, el polo sur mostraba una mezcla de regiones positivas y negativas, un patrón “desordenado” que la propia ESA describió como un campo magnético hecho un lío. La explicación más probable no apunta a una anomalía aislada, sino al momento actual del Sol: la estrella se encuentra cerca del máximo solar, la fase del ciclo de unos 11 años en la que su campo magnético global está invirtiéndose y la actividad se vuelve mucho más turbulenta.
La noticia no significa que los científicos tiren ahora a la basura todo lo que sabían sobre el Sol, pero sí que empiezan a corregir una carencia histórica. La NASA ya había señalado que los modelos del campo magnético solar arrastraban un auténtico “agujero” de información en las regiones polares, porque desde nuestra perspectiva habitual esos datos debían reconstruirse con aproximaciones. Tener por fin observaciones directas de los polos permite ajustar mucho mejor cómo circula y se reorganiza el magnetismo solar a lo largo del ciclo.
Un hallazgo clave también para la Tierra
Ese cambio importa también en la Tierra. Las tormentas solares más intensas pueden interferir en satélites, comunicaciones y sistemas de navegación, y durante los picos de actividad aumentan las probabilidades de episodios severos. La ESA recuerda que el máximo solar eleva el riesgo de grandes tormentas, y mejorar la comprensión del campo magnético polar resulta clave para refinar los modelos que intentan anticipar cuándo el Sol puede lanzar eventos capaces de alterar infraestructuras tecnológicas sensibles.
Lo mejor para los investigadores es que esto no ha hecho más que empezar. La Solar Orbiter seguirá elevando poco a poco su inclinación en los próximos años, lo que le permitirá observar los polos desde ángulos todavía mejores y seguir a la estrella cuando abandone esta etapa caótica y avance hacia una fase más tranquila del ciclo.















